Homilía
en la Misa de Envío JMJ 2019
![]() |
| Homilía del Papa en la Misa de Envío JMJ 2019 © Vatican Media |
“Ustedes,
queridos jóvenes, ustedes son el presente. No son el futuro, ustedes, jóvenes
son el ahora de Dios”.
Es
una exhortación la que hace Francisco a los jóvenes en esta Jornada Mundial de
la Juventud (JMJ) en Panamá: “Ustedes jóvenes, deben pelear por su espacio hoy,
porque la vida es hoy, nadie te puede prometer un día del mañana, tu vida hoy
es hoy, tu jugarte es hoy, tu espacio es hoy. ¿Cómo estás respondiendo a
esto?”.
“Dios
es real porque el amor es real, Dios es concreto porque el amor es concreto”,
el lenguaje de Francisco es conciso y directo.
En
la mañana del domingo, 27 de enero de 2019, la homilía de la Misa de Envío de
los jóvenes del mundo ha estado marcada por un fuerte llamamiento
a dejarnos “que el Señor nos enamore y nos lleve hasta el mañana”. “No
mañana, ahora, porque allí, ahora, donde esté su tesoro, está también su
corazón”, ha remarcado el Santo Padre.
“Dios
los convoca, los llama en sus comunidades, los llama en sus ciudades para ir en
búsqueda de sus abuelos, de sus mayores; a ponerse de pie y junto a ellos tomar
la palabra y poner en acto el sueño con el que el Señor los soñó”, les ha
dicho.
“No
mañana, ahora”, –ha continuado el Papa–, “porque allí, ahora, donde esté su
tesoro, está también su corazón (cf. Mt 6,21); y aquello que los enamore
conquistará no solo vuestra imaginación, sino que lo afectará todo”.
Será
lo que los haga levantarse por la mañana –los ha inspirado– y los impulse en
las horas de cansancio, lo que les rompa el corazón y lo que les haga llenarse
de asombro, alegría y gratitud. Sientan que tienen una misión y enamórense, que
eso lo decidirá todo (cf. PEDRO ARRUPE, S.J., Nada es más práctico).
“Podremos
tener todo, pero queridos jóvenes, si falta la pasión del amor, faltará todo.
La pasión del amor hoy, y dejemos que el Señor nos enamore y nos lleve hasta el
mañana”.
“Ustedes,
jóvenes, pueden pensar que su misión, su vocación, que hasta su vida es una
promesa pero solo para el futuro y nada tiene que ver con vuestro presente.
Como si ser joven fuera sinónimo de sala de espera de quien aguarda el turno de
su hora”, ha advertido el Pontífice.
“Y
en el ‘mientras tanto’ de esa hora, les inventamos o se inventan un futuro
higiénicamente bien empaquetado y sin consecuencias, bien armado y garantizado
con todo ‘bien asegurado'”, ha explicado.
“No
queremos ofrecerles a ustedes un futuro de laboratorio. Es la “ficción” de
alegría, no la alegría del hoy, del concreto, del amor. Y así, con esta ficción
de la alegría los “tranquilizamos” y adormecemos para que no hagan ruido, para
que no molesten mucho, para que no se pregunten ni pregunten, para que no se
cuestionen ni cuestionen; y en ese “mientras tanto” sus sueños pierden vuelo,
se vuelven rastreros, comienzan a dormirse, son “ensoñamientos” pequeños y
tristes”, ha observado el Papa.
***
Homilía del Santo Padre
«Todos
en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: Hoy se
ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír» (Lc 4,20-21).
Así
el evangelio nos presenta el comienzo de la misión pública de Jesús. Lo hace en
la sinagoga que lo vio crecer, rodeado de conocidos y vecinos y hasta quizá de
alguna de sus “catequistas” de la infancia que le enseñó la ley. Momento
importante en la vida del Maestro por el cual, el niño que se formó y creció en
el seno de esa comunidad, se ponía de pie y tomaba la palabra para anunciar y
poner en acto el sueño de Dios. Una palabra proclamada hasta entonces solo como
promesa de futuro, pero que en boca de Jesús solo podía decirse en presente,
haciéndose realidad: «Hoy se ha cumplido».
Jesús
revela el ahora de Dios que sale a nuestro encuentro para convocarnos también a
tomar parte en su ahora de «llevar la Buena Noticia a los pobres, la liberación
a los cautivos y la vista a los ciegos, dar libertad a los oprimidos y
proclamar un año de gracia en el Señor» (cf. Lc 4,18-19). Es el ahora de Dios
que con Jesús se hace presente, se hace rostro, carne, amor de misericordia que
no espera situaciones ideales o perfectas para su manifestación, ni acepta
excusas para su realización. Él es el tiempo de Dios que hace justa y oportuna
cada situación y espacio. En Jesús se inicia y se hace vida el futuro
prometido.
¿Cuándo?
Ahora. Pero no todos los que allí lo escucharon se sentían invitados o
convocados. No todos los vecinos de Nazaret estaban preparados para creer en
alguien que conocían y habían visto crecer y que los invitaba a poner en acto
un sueño tan esperado. Es más, «decían: “¿No es este el hijo de José?”» (Lc
4,22).
También
a nosotros nos puede pasar lo mismo. No siempre creemos que Dios pueda ser tan
concreto y cotidiano, tan cercano y real, y menos aún que se haga tan presente
y actúe a través de alguien conocido como puede ser un vecino, un amigo, un
familiar. No siempre creemos que el Señor nos pueda invitar a trabajar y a
embarrarnos las manos junto a Él en su Reino de forma tan simple pero
contundente. Cuesta aceptar que «el amor divino se haga concreto y casi
experimentable en la historia con todas sus vicisitudes dolorosas y gloriosas»
(BENEDICTO XVI, Audiencia general, 28 septiembre 2005).
No
son pocas las veces que actuamos como los vecinos de Nazaret, que preferimos un
Dios a la distancia: lindo, bueno, generoso, bien dibujadito, pero distante y
sobre todo, un Dios que no incomode, un Dios domesticado. Porque un Dios
cercano y cotidiano, un Dios amigo y hermano nos pide aprender de cercanías, de
cotidianeidad y sobre todo de fraternidad. Él no quiso tener una manifestación
angelical o espectacular, sí nos quiso regalarnos un rostro hermano y amigo,
concreto, familiar. Dios es real porque el amor es real, Dios es concreto
porque el amor es concreto. Y es precisamente esta «concreción del amor lo que
constituye uno de los elementos esenciales de la vida de los cristianos» (cf.
BENEDICTO XVI, Homilía, 1 marzo 2006).
Nosotros
también podemos correr los mismos riesgos que los vecinos de Nazaret, cuando en
nuestras comunidades el Evangelio se quiere hacer vida concreta y comenzamos a
decir: “pero estos chicos, no son hijos de María, José, y no son hermanos de…
Estos no son los jovencitos que nosotros ayudamos a crecer… que se callen la
boca, ¿cómo los vamos a creer? Ese de allá, no era el que rompía siempre los
vidrios con su pelota”. Y lo que nació para ser profecía y anuncio del Reino de
Dios termina domesticado y empobrecido. Querer domesticar la Palabra de Dios es
tentación de todos los días.
E
incluso a ustedes, queridos jóvenes, les puede pasar lo mismo cada vez que piensan
que su misión, su vocación, que hasta su vida es una promesa pero solo para el
futuro y nada tiene que ver con vuestro presente. Como si ser joven fuera
sinónimo de sala de espera de quien aguarda el turno de su hora. Y en el
“mientras tanto” de esa hora, les inventamos o se inventan un futuro
higiénicamente bien empaquetado y sin consecuencias, bien armado y garantizado
con todo “bien asegurado”.
No
queremos ofrecerles a ustedes un futuro de laboratorio. Es la “ficción” de
alegría, no la alegría del hoy, del concreto, del amor. Y así, con esta ficción
de la alegría los “tranquilizamos” y adormecemos para que no hagan ruido, para
que no molesten mucho, para que no se pregunten ni pregunten, para que no se
cuestionen ni cuestionen; y en ese “mientras tanto” sus sueños pierden vuelo,
se vuelven rastreros, comienzan a dormirse, son “ensoñamientos” pequeños y
tristes (cf. Homilía del Domingo de Ramos, 25 marzo 2018), tan solo porque
consideramos o consideran que todavía no es su ahora; que son demasiado jóvenes
para involucrarse en soñar y trabajar el mañana, y así los seguimos
procrastinando, y saben una cosa, que a muchos jóvenes esto les gusta. Por
favor, ayudémosle a que no les gusten, a que se revelen, a que quieran vivir el
ahora de Dios.
Uno
de los frutos del pasado Sínodo fue la riqueza de poder encontrarnos y, sobre
todo, escucharnos. La riqueza de la escucha entre generaciones, la riqueza del
intercambio y el valor de reconocer que nos necesitamos, que tenemos que
esforzarnos en propiciar canales y espacios en los que involucrarse en soñar y
trabajar el mañana ya desde hoy. Pero no aisladamente, sino juntos, creando un
espacio en común. Un espacio que no se regala ni lo ganamos en la lotería, sino
un espacio por el que también ustedes deben pelear. Ustedes jóvenes deben
pelear por su espacio hoy, porque la vida es hoy, nadie te puede prometer un
día del mañana, tu vida hoy es hoy, tu jugarte es hoy, tu espacio es hoy. ¿Cómo
estás respondiendo esto?
Ustedes,
queridos jóvenes, ustedes son el presente… no son el futuro, ustedes, jóvenes
son el ahora de Dios. Él los convoca, los llama en sus comunidades, los llama
en sus ciudades para ir en búsqueda de sus abuelos, de sus mayores; a ponerse
de pie y junto a ellos tomar la palabra y poner en acto el sueño con el que el
Señor los soñó.
No
mañana, ahora, porque allí, ahora, donde esté su tesoro, está también su
corazón (cf. Mt 6,21); y aquello que los enamore conquistará no solo vuestra
imaginación, sino que lo afectará todo. Será lo que los haga levantarse por la
mañana y los impulse en las horas de cansancio, lo que les rompa el corazón y
lo que les haga llenarse de asombro, alegría y gratitud. Sientan que tienen una
misión y enamórense, que eso lo decidirá todo (cf. PEDRO ARRUPE, S.J., Nada es
más práctico). Podremos tener todo, pero queridos jóvenes, si falta la pasión
del amor, faltará todo. La pasión del amor hoy, y dejemos que el Señor nos
enamore y nos lleve hasta el mañana.
Para
Jesús no hay un “mientras tanto” sino amor de misericordia que quiere anidar y
conquistar el corazón. Él quiere ser nuestro tesoro, porque no es un “mientras
tanto” en la vida o moda pasajera, es amor de entrega que invita a entregarse.
Es
amor concreto, cercano, real; es alegría festiva que nace al optar y participar
en la pesca milagrosa de la esperanza y la caridad, la solidaridad y la
fraternidad frente a tanta mirada paralizada y paralizante por los miedos y la
exclusión, la especulación y la manipulación.
Hermanos:
El Señor y su misión no son un “mientras tanto” en nuestra vida, algo pasajero,
no son solo una Jornada Mundial de la Juventud, ¡son nuestra vida! de hoy y
caminando.
Todos
estos días de forma especial ha susurrado como música de fondo el “hágase” de
María. Ella no solo creyó en Dios y en sus promesas como algo posible, le creyó
a Dios, se animó a decir “sí” para participar en este ahora del Señor. Sintió
que tenía una misión, se enamoró y eso lo decidió todo.
Ustedes
sientan que tienen una misión, se dejen enamorar, y el Señor decidirá todo.
Y
como sucedió en la sinagoga de Nazaret, el Señor, en medio nuestro, sus amigos
y conocidos, vuelve a ponerse de pie, a tomar el libro y decirnos: «Hoy se ha
cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír» (Lc 4,21).
Queridos
jóvenes, ¿quieren vivir la concreción de su amor? Que vuestro “sí” siga siendo
la puerta de ingreso para que el Espíritu Santo nos regale un nuevo Pentecostés
a la Iglesia y al mundo. Que así sea.
Rosa
Die Alcolea
Fuente:
Zenit






