Quienes tienen gran confianza en el Señor comparten aspectos en común de los cuales podemos aprender para nuestro progreso espiritual
He
leído muchas biografías y memorias sobre personas inspiradoras que depositaron
su confianza radicalmente en Dios. Por “radical” no quiero decir de manera
imprudente, me refiero a la dificultad, muy contracultural actualmente, de
reconocer a Dios absolutamente sobre todas las áreas de nuestras vidas.
En libros como "He Leadeth Me", "God´s Smuggler", "Mother Angelica", "The Heavenly Man" y "The Shadow of His Wings", encontré historias reales sobre religiosos, consagrados y laicos, hombres o mujeres que confiaron plenamente en Dios, y todos ellos tienen claras similitudes en sus enfoques sobre la vida y el Señor.
Encontré fascinante los puntos en común en las vidas de estas increíbles
personas, que se encomendaron con tanta confianza en el Señor, y decidí
compartirlas para que sirvan de inspiración a otros.
1. Aceptaron el sufrimiento
Una
de las cosas más poderosas que leí en esas memorias es la historia del Hermano
Yun, en el libro "The Heavenly Man" (El hombre celestial), se cuenta
como fueperseguido en China por ser predicador. Luego de haber sido
torturado por semanas, incluyendo electrocución, hambruna, golpes y que
clavaran agujas debajo de sus uñas, fue arrojado a una caja que tenía un poco
más de 1,2 metro de largo y alto y menos de un metro de ancho, en donde se
quedaría indefinidamente.
El día después de ser colocado en esta mini celda, se sintió movido a rezar pidiendo por una Biblia, lo cual parecía una idea ridícula considerando que en ese momento mucha gente estaba en prisión por poseer tal contrabando. Inexplicablemente, a la mañana siguiente, los guardias tiraron una Biblia en su celda. Él escribió:
El día después de ser colocado en esta mini celda, se sintió movido a rezar pidiendo por una Biblia, lo cual parecía una idea ridícula considerando que en ese momento mucha gente estaba en prisión por poseer tal contrabando. Inexplicablemente, a la mañana siguiente, los guardias tiraron una Biblia en su celda. Él escribió:
Me
arrodillé y lloré, agradeciendo al Señor por su gran regalo. ¡No podía creer
que mi sueño se hiciera realidad! A ningún prisionero se le permitía tener una
Biblia o ningún libro de literatura cristiana, sin embargo, extrañamente, ¡Dios
me otorgó una Biblia! A través de esta acción el Señor me mostró que
independientemente de las maldades que esos hombres planeaban para mí, Él no me
había olvidado y estaba en control de mi vida.
Ahora,
entre nosotros, alguien menos santo quizá hubiese reaccionado un poco diferente
en esa situación. Si yo hubiera sido torturada y arrojada a una celda/ataúd, mi
reacción al recibir una Biblia hubiera sido algo más parecido a las siguientes
líneas: “Gracias por la Biblia, Señor, pero ¡¿podríamos hacer algo respecto a
sacarme de esta caja antes?!
Yo ni siquiera hubiera considerado la Biblia como una respuesta a mis plegarias, empezando porque mi plegaria principal – reducir mi sufrimiento físico – continuaba sin respuesta.
Sin embargo, lo que veo una y otra vez en personas como el Hermano Yun, es que, tienen muy claro que sufrir no es el peor mal de todos: el pecado lo es.
Por supuesto que preferirían no sufrir, pero esto se encuentra mucho más abajo en su lista de prioridades que en la de nosotros – ellos se enfocan mucho más en no pecar que en no sufrir. Están totalmente encaminados en llevarse a sí mismos y a otros al cielo. En el caso del Hermano Yun, vio en la respuesta a esa plegaria que Dios le permitía crecer espiritualmente y predicar a sus captores, así que esas circunstancias de sufrimiento e incomodidad se volvieron casi irrelevantes para él.
2. Aceptan la inevitabilidad de la muerte.
Yo ni siquiera hubiera considerado la Biblia como una respuesta a mis plegarias, empezando porque mi plegaria principal – reducir mi sufrimiento físico – continuaba sin respuesta.
Sin embargo, lo que veo una y otra vez en personas como el Hermano Yun, es que, tienen muy claro que sufrir no es el peor mal de todos: el pecado lo es.
Por supuesto que preferirían no sufrir, pero esto se encuentra mucho más abajo en su lista de prioridades que en la de nosotros – ellos se enfocan mucho más en no pecar que en no sufrir. Están totalmente encaminados en llevarse a sí mismos y a otros al cielo. En el caso del Hermano Yun, vio en la respuesta a esa plegaria que Dios le permitía crecer espiritualmente y predicar a sus captores, así que esas circunstancias de sufrimiento e incomodidad se volvieron casi irrelevantes para él.
2. Aceptan la inevitabilidad de la muerte.
Similar
al caso anterior, la gente que deposita total confianza en Dios solo puede
hacerlo con una visión del mundo centrada en el cielo. Ellos piensan en
términos de eternidad, no en términos de los años del calendario. Su
objetivo no es maximizar sus años en la tierra, sino lograr encaminarse a sí
mismos y a tanta gente como puedan hacia el cielo. Y si Dios requiere reducir
su tiempo de vida para eso, ellos lo aceptan.
El libro "The Shadow of His Wings" (La sombra de sus alas), está lleno de las asombrosas historias de las milagrosas escapadas de la muerte que tuvo el Padre Goldmann durante la Segunda Guerra Mundial, lo que nos deja con la pregunta: “¿Qué sucede con la toda la gente que no escapó de la muerte?”
El Padre Goldmann probablemente respondería diciendo, que el hecho de que Dios lo salvara de la muerte no era la bendición en sí misma – después de todo, cada uno de nosotros morirá eventualmente – la bendición era salvarlo de la muerte para que así pudiera continuar su misión de llevar el Evangelio a los Nazis. Finalmente, él murió mientras construía una iglesia en Japón, y seguramente aceptaría que Dios traería algún bien de su fallecimiento, aunque indudablemente había mucho más trabajo que él querría hacer.
3. Tienen citas diarias con Dios
El libro "The Shadow of His Wings" (La sombra de sus alas), está lleno de las asombrosas historias de las milagrosas escapadas de la muerte que tuvo el Padre Goldmann durante la Segunda Guerra Mundial, lo que nos deja con la pregunta: “¿Qué sucede con la toda la gente que no escapó de la muerte?”
El Padre Goldmann probablemente respondería diciendo, que el hecho de que Dios lo salvara de la muerte no era la bendición en sí misma – después de todo, cada uno de nosotros morirá eventualmente – la bendición era salvarlo de la muerte para que así pudiera continuar su misión de llevar el Evangelio a los Nazis. Finalmente, él murió mientras construía una iglesia en Japón, y seguramente aceptaría que Dios traería algún bien de su fallecimiento, aunque indudablemente había mucho más trabajo que él querría hacer.
3. Tienen citas diarias con Dios
Nunca
he escuchado de una persona que tenga una profunda y calmada confianza en el
Señor, que no apartara un tiempo para concentrarse en la oración diaria. Tanto
en los libros que leí, como en la vida real, he notado que este tipo de gente
siempre pasa al menos algunos momentos – y hasta una a dos horas si las
circunstancias lo permiten – centrados solamente en orar, todos los días.
También, tiende a ser la primera cosa que hacen en las mañanas, concentrándose en Cristo antes de hacer cualquier otra cosa que pueda traer el día.
4. Durante la oración, escuchan más de lo que hablan
También, tiende a ser la primera cosa que hacen en las mañanas, concentrándose en Cristo antes de hacer cualquier otra cosa que pueda traer el día.
4. Durante la oración, escuchan más de lo que hablan
Anteriormente
he escrito sobre el asombro que me genera que la gente más confiada en Dios
parece recibir más respuesta a sus plegarias que la mayoría de nosotros. He
escuchado historias de gente que pide por algo realmente específico y luego lo
reciben; entonces comienzo a preguntarme si ellos son psíquicos o si le agradan
a Dios un poco más que el resto de nosotros.
Pero, la verdad es que he notado que no piden cualquier cosa, sino que sus ideas sobre cuáles cosas debían pedir, provenían directamente del Espíritu Santo, ya que pasan mucho tiempo a diario buscando la voluntad de Dios en sus vidas.
Tomaré como ejemplo la historia publicada en la biografía de la famosa Madre Angélica del canal católico EWTN. Un día tocó a su puerta un empleado de la compañía de satélite solicitando el pago de $600.000, de no hacerlo tendría que devolver la antena parabólica y esto arruinaría los planes de la nueva estación. Ella corrió a la capilla a rezar y, de repente, un hombre desconocido llamó al azar ofreciendo donar $ 600.000. Su oración no tuvo rápida respuesta por su interés personal en el canal o porque fuese algo que ella realmente quería, sino que funcionó porque supo distinguir correctamente el plan de Dios en el cual ella iba tendría que iniciar una estación de televisión.
5. Limitan las distracciones
Pero, la verdad es que he notado que no piden cualquier cosa, sino que sus ideas sobre cuáles cosas debían pedir, provenían directamente del Espíritu Santo, ya que pasan mucho tiempo a diario buscando la voluntad de Dios en sus vidas.
Tomaré como ejemplo la historia publicada en la biografía de la famosa Madre Angélica del canal católico EWTN. Un día tocó a su puerta un empleado de la compañía de satélite solicitando el pago de $600.000, de no hacerlo tendría que devolver la antena parabólica y esto arruinaría los planes de la nueva estación. Ella corrió a la capilla a rezar y, de repente, un hombre desconocido llamó al azar ofreciendo donar $ 600.000. Su oración no tuvo rápida respuesta por su interés personal en el canal o porque fuese algo que ella realmente quería, sino que funcionó porque supo distinguir correctamente el plan de Dios en el cual ella iba tendría que iniciar una estación de televisión.
5. Limitan las distracciones
De
todas las extraordinarios historias en el libro "God´s Smuggler" (El
contrabandista de Dios), una de las líneas que más me impactó estaba en el
epílogo, cuando el autor habla sobre como el trabajo del Hermano Andrew
continuaba en el siglo XXI:
“Ni siquiera consideraré instalar una de esas monstruosidades de llamada en espera, interrumpen una conversación telefónica para anunciar otra.” La tecnología, decía Andrew, nos hace demasiado accesibles a las demandas y premuras del momento.“Nuestra prioridad número uno debería ser escuchar con paciencia y silencio la voz de Dios.”
“Demasiado accesibles a las demandas y premuras del momento”, esa línea me ha seguido desde el momento en el que la leí.
Amo la tecnología, pero ella trae consigo la gran tentación de sentir un aumento en la urgencia de nuestras vidas: ¡Necesito responder a ese e-mail!, ¡Responder a ese comentario en Facebook!, ¡Retwittear ese Tweet!, ¡Leer ese mensaje directo!, ¡Escuchar ese mensaje de voz!
Aquí en la era de la conexión, nos encontramos constantemente bombardeados con demandas que requieren – o parecen requerir – nuestra atención constante. Periodos de silencio donde podemos cultivar la quietud interior y esperar por los susurros del Espíritu Santo a nuestra vida, son cada vez más raros.
Una de las cosas que todas estas personas comparten es la poca presión por todas estas falsas urgencias. Es difícil de imaginar al Padre Ciszeck dar con los impresionantes puntos de vista que comparte sobre Dios en su libro "He Leadeth Me"(Él me guía), mientras su iPhone vibra cada pocos minutos, o al Hermano Yun observando la sutil belleza del plan de Dios en el medio de una persecución mientras mantiene su Twitter actualizado minuto a minuto.
6. Someten su discernimiento espiritual a otros
“Ni siquiera consideraré instalar una de esas monstruosidades de llamada en espera, interrumpen una conversación telefónica para anunciar otra.” La tecnología, decía Andrew, nos hace demasiado accesibles a las demandas y premuras del momento.“Nuestra prioridad número uno debería ser escuchar con paciencia y silencio la voz de Dios.”
“Demasiado accesibles a las demandas y premuras del momento”, esa línea me ha seguido desde el momento en el que la leí.
Amo la tecnología, pero ella trae consigo la gran tentación de sentir un aumento en la urgencia de nuestras vidas: ¡Necesito responder a ese e-mail!, ¡Responder a ese comentario en Facebook!, ¡Retwittear ese Tweet!, ¡Leer ese mensaje directo!, ¡Escuchar ese mensaje de voz!
Aquí en la era de la conexión, nos encontramos constantemente bombardeados con demandas que requieren – o parecen requerir – nuestra atención constante. Periodos de silencio donde podemos cultivar la quietud interior y esperar por los susurros del Espíritu Santo a nuestra vida, son cada vez más raros.
Una de las cosas que todas estas personas comparten es la poca presión por todas estas falsas urgencias. Es difícil de imaginar al Padre Ciszeck dar con los impresionantes puntos de vista que comparte sobre Dios en su libro "He Leadeth Me"(Él me guía), mientras su iPhone vibra cada pocos minutos, o al Hermano Yun observando la sutil belleza del plan de Dios en el medio de una persecución mientras mantiene su Twitter actualizado minuto a minuto.
6. Someten su discernimiento espiritual a otros
Las
personas que tienen experiencia observando la manera como Dios trabaja en sus
vidas, notan que a menudo Él habla a través de amigos de fe, miembros de
su familia y el clero.
Si ellos disciernen que Dios les está llamando a algo, especialmente si se trata de algo grande, piden a otros cristianos de su confianza que oren respecto al asunto para ver si ellos también disciernen el mismo llamado del Señor.
Y cuando otros les advierten sobre no seguir ciertos caminos – en especial si se trata de su cónyuge, confesor o director espiritual –toman esos consejos muy seriamente.
7. Ofrecen completa e incondicional obediencia al Señor
Si ellos disciernen que Dios les está llamando a algo, especialmente si se trata de algo grande, piden a otros cristianos de su confianza que oren respecto al asunto para ver si ellos también disciernen el mismo llamado del Señor.
Y cuando otros les advierten sobre no seguir ciertos caminos – en especial si se trata de su cónyuge, confesor o director espiritual –toman esos consejos muy seriamente.
7. Ofrecen completa e incondicional obediencia al Señor
Una
de mis partes favoritas del libro "God´s Smuggler", es cuando el
Hermano Andrew recibe la visita de un hombre llamado Karl de Graaf, quien
formaba parte de un grupo de oración en el cual las personas oraban durante
mucho tiempo, pero más que nada escuchaban en silencio:
- Me acerqué al porche delantero, allí estaba Karl de Graaf, “Hola” dije sorprendido.
- Me acerqué al porche delantero, allí estaba Karl de Graaf, “Hola” dije sorprendido.
- “Hola Andy. ¿Sabes conducir?”
- “¿Conducir?”
- “Un automóvil”.
- “No” dije desconcertado. “No sé hacerlo”
- “Anoche durante la oración recibimos una palabra del Señor sobre ti, es importante que aprendas a manejar.”
- “¿Por qué razón?” dije. “Seguro nunca tendré un vehículo propio”
- “Andrew” el Sr. De Graaf habló pacientemente, como si se dirigiera a alguien con dificultades de aprendizaje, “no estoy argumentando sobre la lógica del caso, solo te estoy transmitiendo el mensaje.”
A pesar de su inicial indecisión el Hermano Andrew logró distinguir el llamado del Señor en ese mensaje, así que aprendió a conducir. Parecía una completa pérdida de tiempo, un malgasto ilógico de sus recursos, pero él fue obediente ante el llamado del Señor. Después de recibir recibió su licencia de conducir, saber hacerlo resultó ser crucial para el futuro de su misión, la cual eventualmente llevó la palabra del Evangelio a miles de personas en el Bloque Comunista Europeo.
Me gusta pensar en la respuesta que el Sr. De Graaf le dio al Hermano Andrew cuando este se preguntaba sobre el significado del extraño mensaje del Señor: “Esa es la emoción de la obediencia,” le dijo, “descubrir luego cual era el plan en la mente de Dios.”
Obviamente no podemos crecer más cerca de Dios imitando las acciones de otros, pero podemos encontrar ejemplos como estos, que nos ayuden a reflexionar sobre nuestro progreso espiritual. Espero que les hayan servido tanto como a mí.
Jennifer
Fulwiler, la autora de este artículo, se hizo católica en 2007 pero ya desde
2005 publicaba en internet -y ahora también en la radio- sus hallazgos
espirituales
Por: Jennifer Fulwiler
Por: Jennifer Fulwiler






