Reducir
el derroche de alimentos y agua
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Audiencia con los participantes en la XLI sesión de la
Conferencia de la FAO, 27 junio 209
© Vatican Media
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Para
el Papa Francisco, la carencia de alimento y agua no solo concierne a los
países que la sufren, pobres y frágiles, sino a todas las personas “porque
todos con nuestra actitud participamos de una u otra forma favoreciendo o
frenando el sufrimiento de muchos hermanos nuestros” (cf. Discurso a los
miembros de la Federación Europea de Bancos de Alimentos, 18 mayo 2019) y todos
estamos llamados a “escuchar el grito desesperado de nuestros hermanos”.
Ayer,
27 de junio de 2019, el Santo Padre ha recibido en audiencia a los
participantes en el XLI sesión de la Conferencia de la la Organización de las
Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), en curso del 22 al 29 de junio de
2019 en Roma.
En
su discurso, el Pontífice ha manifestado su deseo de que “con la ayuda de
todos” se pueda trabajar para alcanzar los objetivos 1 y 2 de la Agenda 2030 y
“así erradicar con mayor rapidez y con fuerza los complejos, graves e
inaceptables flagelos del hambre y de la inseguridad alimentaria”.
El
Obispo de Roma ha señalado que, a pesar de que en los últimos decenios se ha
avanzado en este punto, el objetivo “Hambre Cero” en el mundo constituye
todavía un gran desafío. Igualmente, ha apuntado que el origen de la carencia
de alimentos y agua potable se encuentra “la falta de compasión, el desinterés
de muchos y una escasa voluntad social y política a la hora de responder a las
obligaciones internacionales”.
En
cuanto a las medidas a nuestro alcance para contribuir a eliminar el problema
del hambre, el Papa ha señalado que la reducción del despilfarro de alimentos y
agua es una de ellas y ha subrayado la necesidad de educación y sensibilización
de la población, tanto para la generación actual como para las futuras.
Por
otra parte, Francisco ha hablado de la conexión entre la inseguridad
alimentaria y los fenómenos migratorios y, ante el aumento de los refugiados en
los últimos años, es necesario “promover un desarrollo agrícola en las regiones
más vulnerables, fortaleciendo la resiliencia y la sostenibilidad del
territorio. Y esto solo se logrará, por una parte, invirtiendo y desarrollando
tecnologías, y por otra, ideando políticas innovadoras y solidarias para el
desarrollo”.
Finalmente,
el Santo Padre ha reafirmado el compromiso de cooperación de la Santa Sede con
la FAO “apoyando el esfuerzo internacional hacia la eliminación del hambre en
el mundo y garantizando un futuro mejor para nuestro planeta y para la
humanidad entera”.
A
continuación se expone el discurso íntegro del Papa Francisco.
Discurso del Santo Padre
Saludo
al Presidente, el señor Enzo Benech, a los honorables delegados de las diversas
naciones y entidades, y a todos los presentes en esta cuadragésima primera
sesión de la Conferencia de la FAO. De manera particular, quisiera dirigir mi
saludo y mi reconocimiento al Director General, profesor José Graziano da
Silva, que dentro de pocas semanas terminará su servicio al frente de esta
Organización. Gracias de corazón por su trabajo. Y expreso mi felicitación por
la elección del Director General de la FAO, Su Excelencia el señor Qu Dongyu.
Espero que con la ayuda de todos podamos seguir trabajando conjuntamente para
profundizar e incrementar, con responsabilidad y determinación, los esfuerzos
dirigidos a alcanzar los objetivos 1 y 2 de la Agenda 2030 y así erradicar con
mayor rapidez y con fuerza los complejos, graves e inaceptables flagelos del
hambre y de la inseguridad alimentaria.
El
objetivo “Hambre Cero” en el mundo es todavía un gran desafío, aun cuando se
debe reconocer que en los últimos decenios se ha visto un gran avance. Para
combatir la falta de alimento y de acceso al agua potable, es necesario actuar
sobre las causas que las provocan. En el origen de este drama se halla sobre
todo la falta de compasión, el desinterés de muchos y una escasa voluntad
social y política a la hora de responder a las obligaciones internacionales.
La
falta de alimento y de agua no es un asunto interno y exclusivo de los países
más pobres y frágiles, sino que concierne a cada uno de nosotros, porque todos
con nuestra actitud participamos de una u otra forma favoreciendo o frenando el
sufrimiento de muchos hermanos nuestros (cf. Discurso a los miembros de la
Federación Europea de Bancos de Alimentos, 18 mayo 2019). Todos estamos
llamados a escuchar el grito desesperado de nuestros hermanos y a poner los
medios para que puedan vivir, viendo respetados sus derechos más básicos.
Uno
de los medios que está a nuestro alcance es la reducción del derroche de
alimentos y de agua; para ello la educación y la sensibilización social es una
inversión tanto a corto como a largo plazo; pues las nuevas generaciones
pasarán este testigo a las futuras, sabiendo que este drama social no puede ser
tolerado por más tiempo (cf. Carta enc. Laudato si’, 50).
Es
evidente la conexión entre fragilidad ambiental, la inseguridad alimentaria y
los movimientos migratorios. El aumento del número de refugiados en el mundo
durante los últimos años ―es impresionante la última estadística de las
Naciones Unidas― nos ha demostrado que el problema de un país es el problema de
toda la familia humana. Para ello se necesita promover un desarrollo agrícola
en las regiones más vulnerables, fortaleciendo la resiliencia y la
sostenibilidad del territorio. Y esto solo se logrará, por una parte,
invirtiendo y desarrollando tecnologías, y por otra, ideando políticas
innovadoras y solidarias para el desarrollo.
La
FAO, como también otras organizaciones internacionales, son actores idóneos
para coordinar medidas perentorias e incisivas que aseguren a todos,
particularmente a los más pobres, el acceso a los bienes básicos. Estas
entidades multilaterales deben estar acompañadas por el compromiso de los
gobiernos, las empresas, el mundo académico, las instituciones de la sociedad
civil y las personas individuales. El esfuerzo conjunto de todos logrará hacer
realidad las metas y compromisos asumidos a través de programas y políticas que
ayuden a la población local a adquirir responsabilidades con su propio país,
con sus comunidades y, por último, con sus propias vidas.
Quiero
concluir reafirmando el compromiso de la Santa Sede a cooperar con la FAO,
apoyando el esfuerzo internacional hacia la eliminación del hambre en el mundo
y garantizando un futuro mejor para nuestro planeta y para la humanidad entera.
Que Dios los bendiga en sus trabajos, en sus desvelos en favor de un auténtico
progreso de nuestra gran familia humana. Muchas gracias.
Larissa
I. López
©
Librería Editorial Vaticana
Fuente:
Zenit






