Melissa Villalobos, una mujer originaria de Chicago (Estados Unidos), contó
todos los detalles sobre la curación milagrosa que recibió por intercesión del
Beato John Henry Newman, el famoso cardenal británico que será declarado santo
en octubre
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Melissa
Villalobos, curada milagrosamente
por
intercesión del Beato John Henry Newman /
Crédito:
Cortesía de Chicago Catholic
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En
declaraciones al diario Chicago Catholic, la mujer de 42 años cuenta que su primer acercamiento al Cardenal Newman
sucedió en el año 2000 cuando vio el programa “Newman 2000” de EWTN, que
presentaba a académicos y sacerdotes hablando sobre su gran trabajo y legado.
Sin embargo, su devoción por el Purpurado comenzó unos años después.
“Avanzando al
año 2011, mi esposo trajo a casa un par de estampas con la foto del Cardenal
Newman. Puse una en la sala de estar y otra en nuestra habitación. Hacía
pequeñas oraciones por las necesidades de nuestra familia en ese momento: los
niños, mi esposo y yo. Realmente comencé a desarrollar un diálogo muy constante
con él”, narró la madre de siete hijos y profesional de la Facultad de Derecho
de la Universidad Northwestern.
Aquellas
oraciones fueron las que en el 2013, desencadenarían un milagro. Por aquel
entonces, Melissa empezó a sufrir de sangrado durante el primer trimestre (de
la semana 1 a la 12) de un embarazo. Hasta ese momento, la madre tenía hijos de
6, 5, 3 y 1 año, y había sufrido un aborto espontáneo en un embarazo anterior.
“Comencé a
sangrar en mi embarazo y estaba perdiendo mucha sangre. Cuando fui al médico,
hizo una ecografía y dijo que la placenta se había desprendido parcialmente de
la pared uterina, por lo que había un agujero en la placenta y ese orificio
permitía que la sangre escapara”, describió al medio de comunicación local.
Se informó que
Melissa también desarrolló un hematoma coriónico, un coágulo de sangre en la
membrana que rodea el embrión, que era el doble de grande que éste. Debido a su
condición y etapa del embarazo los médicos solo le recomendaron reposo en cama.
“No había
ningún medicamento o procedimiento que pudiéramos hacer para cerrar esto.
Definitivamente estaba nerviosa de que incluso un estornudo fuera de lugar
podía terminar con el embarazo y la vida de mi niño por nacer”, dijo Melissa.
La madre cuenta
que este suceso ocurrió en mayo. El nacimiento del bebé debía ocurrir en enero
del siguiente año.
Chicago
Catholic detalla que el viernes 10 de mayo de 2013, Melissa fue a la sala de
emergencias porque el sangrado empeoró y el médico volvió a pedirle un estricto
descanso en cama. También le indicó que era muy probable que sucediera un
aborto espontáneo, y que si el bebé sobrevivía, probablemente nacería
prematuramente.
Melissa regresó
a casa y pasó el fin de semana en la cama, pero no hubo mejoría.
“La hemorragia
seguía. No se estaba desacelerando. Pensé: ‘Dios mío, ¿cuánto más puedo
resistir? ¿Qué más puedo hacer?”, recordó la madre.
Otra dificultad
surgió cuando el esposo de Melissa, David, tuvo que hacer un viaje de negocios
por varios días desde el miércoles 15 de mayo de 2013.
“El miércoles
por la mañana me desperté en la cama en un charco de sangre. Mi esposo ya
estaba en un avión camino a Atlanta”, relató Melissa.
No llamó a la
ambulancia porque no sabía quién cuidaría a sus hijos si la internaban en un
hospital.
“Sabía en mi
corazón que no tenía muchas opciones aquí, pero iba a hacer mi mejor esfuerzo”
dijo.
En horas de la
mañana, Melissa se levantó y preparó desayunos rápidos para sus hijos pequeños;
luego les pidió que no se levanten de la mesa.
“Mi temor era
que salieran de sus asientos y se lastimaran. No estaba en posición de darles
atención o que se me acercaran y me vieran sangrando tan excesivamente. No
quería traumatizarlos”, narró.
Luego, Melissa
subió las escaleras hasta su habitación, entró en el baño y cerró las puertas
de ambas habitaciones para poder ocultar el nuevo sangrado.
“El sangrado
fue terrible porque acababa de subir las escaleras, lo que realmente no debí
hacer. Me derrumbé en el piso del baño por la debilidad y desesperación”,
describió.
Melissa se
quedó allí pensando en llamar a la ambulancia, pero se dio cuenta de que no
tenía su celular. También sabía que la fuerza que haría al gritar le causaría
más daño y sangrado. Ninguno de sus hijos pudo escuchar y alcanzarle el móvil
para pedir auxilio.
Frente al terror que vivía, Melissa optó por una oración
“Entonces dije:
‘Por favor, Cardenal Newman, detenga el sangrado’. Esas fueron mis palabras
exactas. En ese momento, tan pronto como terminé la frase, el sangrado se
detuvo”.
Melissa se
levantó del piso y verificó que no había más sangrado y dijo: ‘Gracias,
Cardenal Newman. Gracias’”. En ese momento, la madre afirmó que un aroma de
rosas muy fuerte colmó el baño.
“Entonces el
olor se detuvo y dije retóricamente: ‘Cardenal Newman, ¿usted hizo esas rosas?
Gracias’. Y luego hubo un segundo estallido de rosas. Sabía que era él”, dijo.
Melissa explicó
que, instintivamente sabía que ella y su bebé estaban bien. Inmediatamente, se
apresuró y bajó para ver a sus otros hijos. Estaban tranquilos y los vio
todavía sentados a la mesa.
“Pensé en ese
momento: ‘¡Oh Dios mío! Mi bebé está bien. Estoy bien. Mis cuatro hijos están
bien. Todos estamos bien’. Y dije: ‘Gracias, Cardenal Newman’”, relató.
Entonces, fue
cuando olió las rosas por tercera vez y les preguntó a sus hijos si también
podían sentir el aroma, pero no podían.
Esa tarde, la
curación de Melissa se confirmó en una ecografía. El médico le dijo que todo
estaba “perfecto” y que no había más agujeros en la placenta.
“Pude reanudar
mi vida activa como mamá. Me había perdido de ser una madre normal. Extrañaba a
mis hijos, especialmente a mi hijo de un año”, prosiguió.
El bebé que
llevaba en su vientre resultó ser una mujercita, a quien le puso de nombre
Gemma. Nació el 27 de diciembre de 2013 completamente sana.
Melissa esperó
hasta que naciera Gemma para informar sobre su caso a la causa de canonización
del Cardenal Newman. En el 2014, representantes de la causa visitaron Chicago y
se reunieron con la familia.
La causa inició
el proceso formal con los funcionarios de la Arquidiócesis de Chicago y
continuó en Roma con nuevas investigaciones. El resultado se reveló el 13 de
febrero, cuando el Papa Francisco anunció que este milagro fue aceptado y que
el Cardenal Newman sería canonizado.
“Me hace sentir
llena de alegría y gratitud, pero también quiero asegurarme de servir a Dios
tanto como pueda en mi vida sabiendo que me ha dado esta cura, no quiero
desperdiciarla. Quiero estar al servicio de los demás y de mis hijos y esposo,
y realmente expresar mi amor por ellos y por las personas en mi vida tanto como
pueda y tan a menudo como pueda”, expresó Melissa.
Finalmente,
sostiene que se curó “a través de la intercesión de Newman para poder continuar
una vida ordinaria, si así lo desea, pero al mismo tiempo estar completamente
dedicada a él y especialmente a Dios mismo y a nuestra Iglesia”.
Fuente: ACI






