No todo lo que se dice milagro resulta serlo, por eso la Iglesia tiene un método estricto para verificarlos y aprobarlos
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| Aleteia |
Al ser humano siempre le han
fascinado los milagros. En todas las épocas han ocurrido acontecimientos que no
pueden explicarse por un razonamiento natural y que son considerados de origen
divino.
Ser cristiano implica creer en
los milagros. La vida entera de Jesús estuvo llena de milagros, desde su
concepción virginal hasta su resurrección y ascensión.
El Catecismo de la Iglesia
Católica explica la importancia de los milagros para el creyente
cristiano:
“Los milagros de Cristo y de los
santos, las profecías, la propagación y la santidad de la Iglesia, su
fecundidad y su estabilidad ‘son signos certísimos de la Revelación divina,
adaptados a la inteligencia de todos’, motivos de credibilidad [motiva
credibilitatis] que muestran que ‘el asentimiento de la fe no es en modo alguno
un movimiento ciego del espíritu’” (CIC 156).
























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