“Estuve tres años con él antes de ser arrestado por comunistas del este y enviado a un campo de concentración en Siberia”

El
nombre del presbítero es Lucjan Krolikowski; nació en 1919, un año después que
Maximiliano Kolbe fuera ordenado sacerdote y un año antes al nacimiento del
Papa San Juan Pablo II, a quien también conoció en vida.
Estudió
en el seminario fundado por San Maximiliano Kolbe en Polonia, pero tuvo que
posponer su camino al sacerdocio cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. Fue
arrestado por los soviéticos en la época en que San Maximiliano fue capturado
por los nazis, compartiendo y siendo testigo del sufrimiento de sus compañeros
polacos.
“Estuve
tres años con él antes de ser arrestado por comunistas del este y enviado a un
campo de concentración en Siberia”, recordó el P. Lucjan en una entrevista
concedida al National Catholic Register.
Durante
tres años estudió para ser misionero junto a otros 700 frailes y 130
seminaristas en el seminario menor de Niepokalanow (en lengua polaca “Ciudad de
la Inmaculada”), ubicado cerca de Varsovia (Polonia).
El
P. Lucjan hizo sus primeros votos temporales solo tres días antes de que
estallara la guerra en Polonia y 10 días antes de cumplir 20 años. Maximiliano
Kolbe estuvo presente aquel día.
Cuando
el joven seminarista Lucjan fue arrestado, lo hicieron sin motivo alguno y fue
enviado a un campo de concentración de trabajo a los pies del Himalaya, en la
Rusia asiática.
“Cuando
Hitler invadió Rusia, Rusia tenía tanto miedo que liberó a aquellos que podían
servir en el ejército”, recordó el P. Lucjan.
Luego
de que sus votos temporales expiraran –hasta entonces estaba exento del
servicio militar–, el P. Lucjan fue liberado y enviado desde el campamento “a
la escuela militar de artillería, muy cerca de la frontera china, muy lejos del
frente”. Allí sirvió en el ejército polaco hasta que, tiempo después, fue
enviado a Persia e Irak, donde curiosamente pudo reingresar al seminario.
“Cuando
llegamos cerca de Bagdad, solicité estar en el seminario, el seminario
franciscano”, recordó. Por aquel entonces, el presbítero cuenta que se
necesitaban sacerdotes para el Ejército de Liberación de Polonia, el cual
buscaba hombres que ya tenían algunos de sus estudios completados.
“Me
sacaron del ejército y me enviaron a Beirut, Líbano. Estuve cuatro años en
Beirut y fui educado por los jesuitas franceses. Fui ordenado en Beirut ‘como
fraile franciscano conventual’”, explicó.
Sobre
Maximiliano Kolbe, el sacerdote contó que el futuro santo “amaba la pobreza” y
que “era humilde, muy humilde, y un buen organizador”. Ejemplo de esto último
fue que San Maximiliano construyó el monasterio Niepokalanow en Polonia y luego
otro monasterio como este en Japón.
Después
de su ordenación en 1946, el P. Lucjan fue nombrado capellán de un enorme
hospital militar polaco en África Oriental, donde también eran albergados
huérfanos de guerra polacos. En 1949, los comunistas de Varsovia reclamaron la
custodia de los huérfanos y exigieron su repatriación.
“Me
enviaron allí y me quedé un par de años a los pies del Kilimanjaro (montaña
situada en el noreste de Tanzania). Los comunistas polacos los habían
perseguido, no tenían control sobre los campos e insistieron en que los niños
fueran enviados a Polonia, pero nos negamos. Todo el campamento se negó a tener
contacto con los comunistas porque nos arrestaron al comienzo de la guerra”,
dijo.
El
presbítero, junto a dos hombres y una mujer que lo ayudaban, y sus casi 160
niños huérfanos, tuvieron que huir de los comunistas porque los campos de
refugiados estaban siendo cerrados en 1949. Tras una larga travesía que los
llevó por Italia y Alemania, finalmente llegaron a Montreal, en Canadá, donde
recibieron la ayuda del Arzobispo Joseph Charbonneau.
El
P. Lucjan, para ese momento, se había convertido en el buen pastor que
ayudaba a los niños a superar sus traumas y a convertirse en hombres de bien.
“La
población y la jerarquía francesa se hicieron cargo de ellos. Tuvimos
benefactores que nos dieron ropa, un médico que hizo exámenes sin costo. El
Cardenal Paul-Émile Léger de Montreal fue nuestro protector”, reveló.
El
P. Lucjan cuenta que en 1975 los huérfanos recibieron la visita del Cardenal
Karol Wojtyla (el futuro Papa Juan Pablo II), quien los animó. Asimismo,
detalla que vio al santo polaco en otras ocasiones, como lo atestigua una foto
de 1972. Y en 1978 se reunió en audiencia privada con el Pontífice.
Después
de que los niños se asentaron en Canadá, fue nombrado párroco de la Iglesia de
Nuestra Señora de Czestochowa en Montreal. En 1966 se mudó a Athol Springs,
Nueva York, para trabajar en "Father Justin Rosary Hour", el programa
de radio católico más antiguo en idioma polaco.
El
presbítero trabajó 34 años escribiendo guiones y preparando la mayoría de los
discursos del programa que se transmitió a los polacos en todo Canadá y Estados
Unidos, incluidos los refugiados polacos después de los años de guerra.
El
P. Lucjan continuó su ministerio activo en la Basílica de San Estanislao en
Chicopee, Massachusetts, donde, hasta los 90 años, celebró Misa, predicaba y
confesaba.
Actualmente,
el sacerdote espera la celebración de su cumpleaños número 100 en la Basílica
de San Estanislao el 7 de septiembre. Aún concelebra la Misa y se mantiene en
contacto con los huérfanos que siguen con vida.
Cuando
se le preguntó sobre cómo se sentía por haber conocido a dos santos, dijo:
“¡Estoy obligado! ¡Obligado ahora a ser bueno como ellos!”.
En
Amazon se puede encontrar un libro del P. Lucjan publicado en 1983; está
escrito en inglés y se titula "Stolen
Childhood: A Saga of Polish War Children". Este trata sobre su vida y
la historia de los 380.000 niños polacos que, junto con sus familias, fueron
detenidos por las órdenes de Stalin en 1939.
En
2014 publicó una autobiografía que se titula “A
Franciscan Odyssey: Autobiography of WW II Prisoner, Soldier, Priest and Foster
Parent of 150 War Orphaned Children” (Una Odisea Franciscana: Autobiografía
del prisionero, soldado, sacerdote y padre adoptivo de 150 niños huérfanos en
la Segunda Guerra Mundial).
Fuente:
ACI Prensa





