Homilía
hoy en Casa Santa Marta
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| Allen Taylor/Unsplash | CC0 |
Abrir el corazón al encuentro con la
Palabra de Dios que nos da alegría. Así exhorta el Papa Francisco en su homilía
en Casa Santa Marta. El Papa
invita a escuchar con atención, sin que la Palabra entre por un oído y salga
por otro. Su reflexión parte de la Primera Lectura de hoy, del Libro de
Nehemías (Ne 8,1-4a.5-6.7b-12). Es la “historia del encuentro del pueblo de
Dios con la Palabra de Dios. Es una historia de reconstrucción”.
Se refiere a
contexto de la historia: la reconstrucción del Templo y la vuelta del exilio.
Nehemías, el gobernador, habla con el sacerdote y escriba Esdrás para
“entronizar” la Palabra de Dios: todo el pueblo se reunió ante la Puerta de las
Aguas. El sacerdote Esdrás leía: “Abrió el libro en presencia de todo el
pueblo, pues estaba más en alto que los demás; en cuanto abrió el libro, todo
el pueblo se puso en pie”. Los levitas explicaban la ley.
“Una cosa
bonita”, observa el Papa Francisco, añadiendo que “nosotros
estamos acostumbrados a tener este libro que es la Palabra de Dios, pero
estamos, diría, mal acostumbrados”, mientras que al pueblo
“le faltaba la Palabra, tenía hambre de la Palabra de Dios, por esto cuando vio
el libro de la Palabra se puso en pie”. “Piensen que hacía décadas que no
pasaba esto, es el encuentro del pueblo con su Dios, el encuentro del pueblo
con la Palabra de Dios”.
Nehemías, que era el gobernador, Esdrás,
sacerdote y escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo dijeron: “Este día
está consagrado al Señor”. Para nosotros es el domingo. El
domingo es el día del encuentro del pueblo con el Señor, el día del encuentro
de mi familia con el Señor. El día de mi encuentro con el Señor, es un día
de encuentro. “Este día está consagrado al Señor”.
Por esto,
Nehemías, Esdrás y los levuitas exhortaban a no hacer luto y a no llorar. La
primera lectura de hoy cuenta que el pueblo lloraba mientras escuchaba.
“Lloraba de emoción”, “lloraba de alegría”, subraya Francisco.
Cuando escuchamos la Palabra de Dios, ¿qué sucede en mi corazón? ¿Estoy atento
a la Palabra de Dios? ¿Dejo que toque mi corazón o estoy allí mirando al techo
pensando otras cosas y la Palabra entra por un oído y sale por el otro, sin
llegar al corazón? ¿Qué hago para prepararme para que la Palabra llegue al
corazón?
Y
cuando la Palabra llega al corazón hay lágrimas de alegría y hay fiesta. No se
entiende la fiesta del domingo sin la Palabra de Dios, no se entiende. “Luego Nehemías les dijo: ‘Vayan,
hagan fiesta – y da una buena receta para la fiesta – coman carnes cebadas y
beban vinos dulces, y envíen porciones a quienes no tienen nada – a los pobres,
siempre los pobres son los monaguillos de la fiesta cristiana, ¡los pobres! –
porque este día está consagrado a nuestro Señor; no estén tristes, porque la
alegría del Señor es su fuerza”.
El Papa
insiste recordando que la tristeza, en cambio, no es nuestra fuerza.
La
Palabra de Dios nos vuelve alegres, el encuentro con la Palabra de Dios nos
llena de alegría y esta alegría es mi fuerza, es nuestra fuerza. Los cristianos son alegres porque han
aceptado, han recibido en el corazón la Palabra de Dios, y continuamente
encuentran la Palabra, la buscan. Este es el mensaje de hoy para todos
nosotros.
Un pequeño examen de conciencia: ¿Cómo
escucho la Palabra de Dios? ¿O simplemente no la escucho? ¿Cómo me encuentro
con el Señor en su Palabra que es la Biblia? Y luego: ¿estoy convencido de que
la alegría del Señor es mi fuerza? La tristeza no es nuestra fuerza.
“Los corazones tristes”, observa Francisco,
el diablo los derriba en seguida, mientras que la alegría del Señor “nos hace
levantarnos, mirar y cantar y llorar de alegría”. Uno de los salmos dice que en el
momento de la liberación de Babilonia, el pueblo judío pensaba que estaba
soñando: no podía creerlo.
La misma
experiencia sucede “cuando nos encontramos con el Señor en su Palabra”, cuando
pensamos: “Esto es un sueño…”, y “no podemos creer en tanta belleza”. “Que el
Señor – concluye – nos de a todos la gracia de abrir el corazón para este
encuentro con su Palabra y no tener miedo de hacer la fiesta de la alegría”,
esa alegría, subraya el Papa Francisco, que brota precisamente de este
encuentro con la Palabra de Dios”.
Fuente:
Aleteia






