La
salvación está más cerca…
Comienzo
el Adviento con el deseo de vivir con esperanza.
Me despierto del sueño, del letargo, de la muerte y miro con alegría lo que
viene por delante:
“Tomad
en cuenta el momento en que vivimos. Ya es hora de despertaros del sueño,
porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer”.
Me gusta pensar que es así. La
salvación está más cerca. Más cerca que cuando empecé mi camino de fe. Han pasado
los años y miro hacia delante con más confianza. La salvación está más cerca de
mí. Eso me alegra.
El Adviento es un tiempo para velar, para esperar, para aguardar la venida de
Jesús. Un tiempo de anhelo y de deseo. Todavía no nace Jesús en mí y ya lo
espero confiado. Viene a mí, va a cambiarme por dentro. Va a lograr hacer vida
en mí lo que me pide:
“Comportémonos
honestamente, como se hace en pleno día. Nada de comilonas ni borracheras, nada
de lujurias ni desenfrenos, nada de riñas ni envidias. Revestíos más bien de
nuestro Señor Jesucristo”.
Quiero dejar de lado las obras de las
tinieblas. Esas obras que me enferman y vuelven egoísta. Pienso en mis pecados,
mis debilidades, mis deficiencias. Pienso en la fuerza que tiene en mí la
tentación. No sé resistir, no soy fuerte.
Necesito
cambiar la dirección de mi mirada. Necesito apartar de mí lo que me entristece y debilita. Dejar de
lado mis pasiones desordenadas. Mirar a Jesús que viene a nacer en mí. Necesito
despertar en medio de mis sueños. Estoy atento como me pide Jesús:
“Por
tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día va a venir vuestro Señor. Estad
vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis, vendrá el Hijo del
hombre”.
No
sé cuándo va a venir a mi vida. Sólo escucho hoy su petición, quiere que me
despierte. Decía el Padre Kentenich:
“Reitero
la exhortación: ¡Despiértense! ¡Despiértense! ¡Y despiértense unos a
otros!”.
Tengo que despertar y no
vivir dormido, perdido en mis ensoñaciones. Quiero estar atento a la vida que sucede a
mi alrededor.
No sé cómo va a nacer Jesús
en mi alma. Simplemente me pide que me prepare para su venida. Que me despierte y que
esté atento.
Carlos Padilla Esteban
Fuente:
Aleteia






