Discurso del Santo Padre
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| Audiencia del Papa con los jóvenes empresarios franceses © Vatican Media |
El
Papa ha invitado a una representación de jóvenes empresarios franceses, esta
mañana en el Vaticano, a una “conversión ecológica” y “espiritual”, al
mismo tiempo que ha mostrado su cercanía con ellos y empatía por sus
preocupaciones cotidianas.
En
la mañana del lunes, 2 de diciembre de 2019, en el Palacio Apostólico Vaticano,
el Santo Padre Francisco ha recibido en audiencia una delegación de jóvenes
empresarios procedentes de Francia.
Conflictos de conciencia
El
Papa ha expresado empatía hacia ellos por “los conflictos de conciencia en las
decisiones cotidianas” que los empresarios deben tomar. Por un lado, la
necesidad “de conquistar mercados, aumentar la productividad, reducir los
retrasos, recurrir a los artificios de la publicidad, aumentar el consumo”, ha
enumerado el Papa; y por otro, “las exigencias cada vez más urgentes de la
justicia social, para garantizar a todos la posibilidad de ganarse la vida
dignamente”.
El
Santo Padre ha pensado en las “condiciones de trabajo, en los salarios, en las
ofertas de trabajo y su estabilidad, así como en la protección del medio
ambiente”, y les ha planteado: “¿Cómo vivir estos conflictos con serenidad y
esperanza, mientras el empresario cristiano a veces se ve llevado a acallar sus
convicciones e ideales?”.
En
este sentido, les ha animado a seguir un criterio de discernimiento que
pueden encontrar en la Constitución Gaudium et spes, y les ha invitado a
leer la Encíclica Laudato Si’, donde el Pontífice hace una evaluación que
puede parecer a veces severa”, pero “que lleva a un grito de alarma por el
deterioro de nuestra casa común”, por la multiplicación de la pobreza y la
esclavitud. “Todo está conectado”, ha reafirmado Francisco.
Obrar una “conversión”
Asimismo,
el Pontífice les ha recordado su oportunidad de “trabajar juntos”, de “hacer
propuestas a todos los niveles, de participar en las decisiones políticas”, y
ha propuesto obrar una “conversión”, tal y como se mencionó tras reciente
Sínodo sobre la Amazonía.
“La
conversión es un proceso que actúa en profundidad: quizás, aparentemente, un
proceso lento sobre todo cuando se trata de convertir mentalidades, pero es el
único que permite un progreso real, si se implementa con convicción y
determinación a través de acciones concretas”, ha indicado.
Finalmente,
ha dicho el Pontífice, “esta ‘conversión ecológica’ no puede separarse de la
conversión espiritual, que es su condición indispensable” y ha añadido: “Cada
uno es devuelto a su propia conciencia y responsabilidad”.
Publicamos a continuación
el discurso que el Papa ha dirigido a los presentes durante el encuentro:
Discurso del Papa
Francisco
Señoras
y señores:
Tengo
el placer de daros la bienvenida a vosotros, directores de empresa y
emprendedores, venidos de Francia en peregrinación para arraigaros más
profundamente en la fe, a fin de atestiguarla en vuestra vida personal y en
vuestra actividad profesional. Es para mí una alegría ver el deseo que hay en
vosotros de las enseñanzas del Evangelio; en vosotros, que ocupáis puestos de
responsabilidad en el sector económico y social, conscientes de tener un papel
que desempeñar en el futuro de nuestras sociedades y del mundo, e intencionados
a comprometeros en este sentido.
Me
doy cuenta de que no es fácil, en la vida cotidiana, conciliar las exigencias
de la fe y de la doctrina social de la Iglesia con las necesidades y los
límites impuestos por las leyes del mercado y de la globalización. Pero creo
que los valores evangélicos que queréis poner en práctica en la gestión de
vuestras empresas, así como en las múltiples relaciones que mantenéis en el
marco de vuestras actividades, brinden la oportunidad para un auténtico e
insustituible testimonio cristiano.
En
efecto, para vosotros se trata de participar, según vuestra condición de fieles
laicos, al servicio real de Cristo, como explica el Concilio Vaticano II
cuando exhorta: “Con su competencia en los asuntos profanos y con su
actividad, elevada desde dentro por la gracia de Cristo, [los laicos]
contribuyan eficazmente a que los bienes creados […] sean promovidos […] para
utilidad de todos los hombres sin excepción, y sean más convenientemente
distribuidos entre ellos y, a su manera, conduzcan al progreso universal en la
libertad humana y cristiana” (Const. Dogm. Lumen Gentium, 36).
Que
esta peregrinación os ilumine en el discernimiento de las decisiones que tenéis
que tomar: nunca ha sido fácil ser cristiano y tener responsabilidades serias.
El hecho de tomar distancia del mundo -en lo que es contrario a Dios y a su
voluntad-; el hecho de querer transformar este mundo y salvarlo con Cristo,
puede llevar a veces al martirio, como atestiguan San Pedro y San Pablo. Sin
embargo, estos gloriosos testigos nos demuestran que el mensaje evangélico del
que eran portadores, un mensaje aparentemente débil comparado con los poderes
mundanos del poder y del dinero, no es una utopía, sino que, con la fuerza del
Espíritu Santo y el apoyo de la fe de valientes discípulos misioneros, puede
hacerse realidad, una realidad siempre inacabada, ciertamente, y que debe ser
renovada.
Los
conflictos de conciencia en las decisiones cotidianas que tenéis que tomar son
-me imagino- numerosos: por un lado, la necesidad que se os impone -a menudo
para la supervivencia de las empresas, de las personas que trabajan y de sus
familias- de conquistar mercados, aumentar la productividad, reducir los
retrasos, recurrir a los artificios de la publicidad, aumentar el consumo…; y
por otro, las exigencias cada vez más urgentes de la justicia social, para
garantizar a todos la posibilidad de ganarse la vida dignamente. Pienso en las
condiciones de trabajo, en los salarios, en las ofertas de trabajo y su
estabilidad, así como en la protección del medio ambiente. ¿Cómo vivir estos
conflictos con serenidad y esperanza, mientras el empresario cristiano a veces
se ve llevado a acallar sus convicciones e ideales?
Un
criterio de discernimiento se encuentra en la Constitución Gaudium et spes del
Concilio Vaticano II, donde, con respecto a los laicos comprometidos en las
realidades temporales, se dice: “A la conciencia bien formada del seglar toca
lograr que la ley divina quede grabada en la ciudad terrena. De los sacerdotes,
los laicos pueden esperar orientación e impulso espiritual. Pero no piensen que
sus pastores están siempre en condiciones de poderles dar inmediatamente
solución concreta en todas las cuestiones, aun graves, que surjan. No es ésta
su misión. Cumplen más bien los laicos su propia función con la luz de la
sabiduría cristiana y con la observancia atenta de la doctrina del Magisterio”.
(n. 43).
En
la Encíclica Laudato si’, a la que os remito para
alimentar vuestra oración y vuestra reflexión, se hace una cierta valoración de
la situación del mundo, de ciertos sistemas que regulan sus actividades
económicas, con sus consecuencias para las personas y el medio ambiente. Es una
evaluación que puede parecer a veces severa, pero que lleva -creo yo- a un
grito de alarma por el deterioro de nuestra casa común, así como por la
multiplicación de la pobreza y la esclavitud que innumerables seres humanos
conocen hoy en día. Todo está conectado.
Frente
a esta realidad, y siendo actores, por lo que os respecta, en los sistemas en
cuestión, no tenéis, ciertamente, una respuesta inmediatamente eficaz para los
desafíos del mundo de hoy. En este caso, a veces podéis sentiros impotentes. Y
sin embargo, tenéis un papel esencial que desempeñar. Porque, incluso de forma
modesta, en algunos cambios concretos de hábitos y estilo, ya sea en las
relaciones con vuestros colaboradores directos, o mejor todavía en la difusión
de nuevas culturas empresariales, es posible actuar para cambiar las cosas de
forma concreta y, poco a poco, educar el mundo del trabajo a un nuevo estilo.
También
tenéis la oportunidad de reuniros, de trabajar juntos, de hacer propuestas a
todos los niveles, de participar en las decisiones políticas. Como subrayaba el
reciente Sínodo sobre la Amazonía, se trata de obrar una “conversión”. La
conversión es un proceso que actúa en profundidad: quizás, aparentemente, un
proceso lento sobre todo cuando se trata de convertir mentalidades, pero es el
único que permite un progreso real, si se implementa con convicción y
determinación a través de acciones concretas.
Finalmente,
esta “conversión ecológica” no puede separarse de la conversión espiritual, que
es su condición indispensable. Y cada uno es devuelto a su propia conciencia y
responsabilidad. “La espiritualidad cristiana propone un modo alternativo de
entender la calidad de vida y alienta un estilo de vida profético y
contemplativo, capaz de gozar profundamente sin obsesionarse por el consumo”
(Enc. Laudato si’, 222). Os invito, ya en vuestra vida personal, a
comprometeros en este camino de simplicidad y sobriedad (cf. ibíd.); las
decisiones que tengáis que tomar en vuestro trabajo resultarán más libres y
serenas, y vosotros mismos tendréis más paz y alegría. Porque “la simplicidad
nos permite detenernos a valorar lo pequeño, agradecer las posibilidades que
ofrece la vida nos sin apegarnos a lo que tenemos ni entristecernos por lo que no poseemos”.
(ibíd.).
Gracias
de nuevo por vuestra visita. Os aseguro que rezo por vosotros, por vuestras
familias, por vuestras empresas y personal, y os encomiendo a todos vosotros al
cuidado de la Virgen María. Y os pido por favor que recéis por mí ¡Gracias!
Rosa
Die Alcolea
©
Librería Editorial Vaticano
Fuente:
Zenit






