Pasos: arrepentimiento, aprender a transfigurarse en Cristo, seguir el ejemplo de los Santos y reflexionar
PASOS PARA LA CONVERSIÓN
Cuarto paso, reflexionar
si estamos convertidos.
San
Agustín, comienza su fase de conversión a los 32 años, San Francisco a los 23,
Santa Edith Stein, a los 31 y, podemos hacer una larga lista de convertidos
a distintas edades, conocí a alguien que dijo haberse convertido a los 82, tres
años después de haber amado mucho a Cristo fue llamado a la casa del Padre, y
dejó la frase siguiente en una carta a sus hijos: “Hijos, alégrese todo el
mundo por mí, pude haber muerto y ahora vivo por siempre, allí, donde esta
Cristo”
¿Quién
se atreve a decir que ya hizo lo suficiente, que ya es demasiado perfecto y
puede declararse convertido totalmente? Les he preguntado a muchos cristianos católicos,
si consideran que está convertidos, hay quien se atreve a decir que sí.
Examinemos nuestra conciencia en oración ante Dios, escuchando su voz en
nuestro corazón, y veamos si verdaderamente lo estamos.
Hay
muchas preguntas que hacerse, ¿Amo de verdad a Dios?, ¿Siente mi corazón que
ama a Dios?, ¿Utilizo el nombre de Dios para las cosas frívolas?, ¿Santifico el
día del Señor?, ¿Me reconcilio con mis hermanos durante la Misa?, ¿Doy tiempo a
mis padres y atiendo sus necesidades?, ¿Promuevo y acepto el aborto?,
¿Conduzco irresponsablemente?, ¿Soy fiel a mi esposo o esposa?, ¿ He engañado
para mi beneficio?, ¿Busco que otros opinen mal de mis hermanos?, ¿Permito o
promuevo a otros a cometer pecados?, ¿Le deseo mal a otros?, ¿Me alabo a mismo
para hacer valer vistosamente mis buenas obras?. ¿Le he negado a un hermano
algo que me sobra?, ¿Me domina la pasión en las discusiones y me indigno sin
razón?, ¿Me aflige si otro tiene un puesto que yo deseo?, ¿No me agrada
sentirme obligado cooperar con mis hermanos?, ¿Soy inconsistente en el bien y
desisto rápidamente de mis obligaciones?
En fin, podríamos hacernos cientos de
pregunta, pero para todo esto hay solución. Todos estamos muy necesitados de la
paz interior, reconocer nuestras faltas, es un paso para lograrlo, la culpa se
elimina reconociéndola. La confesión nos invita a hacer un examen profundo de
nuestra conciencia, descubrir lo que llevamos adentro, por tanto nos ayuda a
conocernos más. Pero hay algo de gran importancia, necesitamos saber si estamos
en condiciones de ser perdonados, y necesitamos saber que hemos sido
perdonados. No olvidemos que una cosa es pedir perdón y otro distinto ser
perdonado.
El
camino de la conversión es la búsqueda de la perfección que Dios espera de
nosotros, y eso, no es fácil.
Como
conclusión, me parece que es un error cuando pensamos que la conversión se
alcanza rápidamente y en esta vida. Reconozco que es un difícil camino, hay que
andar mucho y con Dios en el alma, y llega cuando Dios nos de la entrada al
Reino.
Por:
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
Fuente:
Catholic.net






