Predicaciones
del 5 de marzo
En
la séptima meditación de los Ejercicios Espirituales de la Curia Romana en
Ariccia, Italia, el predicador, el padre jesuita Pietro Bovati, se detuvo en el
tema “Lucha y Oración” y en el de la “Intercesión”, respectivamente,
indica Vatican News.
El
Papa Francisco, recuperándose de su resfriado, sigue todas estas predicaciones
desde el Vaticano.
El
padre describió que el día de ayer, 5 de marzo de 2020, estaba dedicado a
meditar sobre el compromiso personal que el Señor exige a cada uno, según la
vocación recibida, “del don de la gracia, con los deberes relacionados con esta
gracia”.
Oración
El
jesuita indicó que la “oración” que, “además de ser la condición de la escucha
de Dios que hace posible la predicación como testimonio auténtico, es en sí
misma un ministerio apostólico en su naturaleza de acogida, de gratitud por la
gracia”.
Asimismo,
señaló que la Escritura ofrece un modelo de este ministerio permanente de
intercesión en el Libro del Éxodo, con Moisés, que “reza continuamente y su
oración es efectiva y salvadora”. El teólogo actualizó este “ministerio orante
de Moisés”, tal como se presenta en el capítulo 17 de dicho libro, “un episodio
inusual para el Éxodo: la aparición de una lucha que debe repeler a un pueblo
enemigo, Amalek”.
Y
advirtió, que de él se debe extraer la enseñanza “sobre cómo quien en la
comunidad es sacerdote y guía debe actuar frente al enemigo, aquel que socava
la vida del pueblo de Dios”. Moisés se enfrenta a “un adversario astuto que
ataca a los más débiles”, a los cansados, “a un enemigo que se aprovecha de un
pueblo cansado”.
Persecución en la Iglesia
El
predicador apuntó que la Iglesia siempre ha sufrido persecuciones y en su
historia “el enemigo de la Iglesia” ha tomado varias formas (poder político y
judicial, falsos profetas que siembran el odio y la burla contra las
convicciones y el modo de vida de los cristianos).
Y
esto continúa también en nuestros días, donde se produce una persecución con
notas de “virulencia inaudita” en la intención “de demoler toda la Iglesia,
atacando a los más débiles en la fe, mal equipados desde el punto de vista
espiritual para aceptar la confrontación, el desprecio, la marginación”.
Después
subrayó que este adversario “tiene formas atractivas para muchos y ataca
astutamente a los que no están preparados. Enormes fuerzas ideológicas y
financieras, unidas para favorecer los intereses partidistas, se han convertido
en una amenaza, y utilizan todos los medios, desde la información distorsionada
hasta las represalias económicas, para destruir lo que Cristo fundó”. La
roca sobre la que se construye la Iglesia “resistirá al mal, pero no sin nuestra
participación activa en la fe y la oración”, remarcó.
En
cuanto a los instrumentos a usar para enfrentar esta batalla por el bien,
sostuvo que “la preparación cultural en las ciencias humanas y en las ciencias
religiosas debe ser objeto de un discernimiento adecuado si no queremos ser
ingenuos e irresponsables ante una oleada agresiva de doctrinas y prácticas
contrarias al Evangelio, en presencia de falsos profetas”. De este modo, “la
formación humana y espiritual de los clérigos y los laicos parece ser hoy una
prioridad apostólica”.
Comunión
El
padre Bovati se refirió también al perfil de Moisés en la oración, con “su
mirada hacia Dios, no porque no tenga interés en la batalla, sino porque quiere
dirigirla hacia la más completa victoria. Moisés en la montaña representa la
fuerza secreta que lleva al ejército al triunfo: “la inmersión en Dios es la
condición indispensable para el éxito de la batalla en la tierra”.
Además,
apuntó que con “humildad”, Moisés fue ayudado en su misión por los sacerdotes,
Aarón y Cur, que “sostienen los brazos del hombre de Dios”. En resumen, “cada
uno es indispensable, pero es en la comunión, expresión orante de la alianza
entre hermanos y con Dios, donde la oración es eficaz, también porque expresa
el amor, la solidaridad, la unidad, en un servicio idéntico para todo el pueblo
de Dios”.
Hace falta fe
El
pasaje del Evangelio de Mateo (17, 14-21), según el sacerdote, “habla de la
lucha contra satanás”, con el caso de un muchacho “guiado por impulsos que no
puede controlar, símbolo de la persona que sufre y está indefensa, en grave
peligro porque carece de esos recursos que le permitirían adherirse al bien”.
Su
padre se dirige a los discípulos, a los que el Señor había dotado para expulsar
demonios y curar las formas de maldad, pero en esta ocasión no logran, su
actividad es ineficaz. Y para justificar esta ineficacia, remite a que “Jesús
habla de la falta de fe, de la ‘generación incrédula y perversa”’. En este
sentido, el padre Bovati puntualizó que lo que falta “no es solo la oración”,
la cuestión, de hecho, es si los discípulos “tienen al menos una migaja de fe”.
Finalmente,
concluyó esta reflexión invitando a la lectura del Salmo 121, “la oración no es
simple recitación”, pues, “si el corazón no se adhiere al misterio de Dios, la
oración es vana”. No obstante, “incluso una oración débil, sincera y humilde,
si es una apelación a esa fuerza divina que solo puede estar en el Señor, es el
arma poderosa que se nos da para colaborar en la venida del Reino”.
Perdón y reconciliación
Por
la tarde, la octava predicación aludió al tema de la “Intercesión”, entendida
como “esa intervención de auxilio amorosa” que se ejerce hacia las personas que
“necesitan el perdón y la reconciliación con Dios”.
Los
sacerdotes, recuerda el padre Bovati, están llamados al “ministerio de la
reconciliación”, el “más espiritual”, y lo ejercen en el Sacramento, que debe
ser vivido con “compromiso, dedicación y amor”.
Así,
invitó a examinar el capítulo 32 del Éxodo, versículos 7-14, reiterando que el
pecado “solo se conoce verdaderamente en la oración, en el encuentro cara a
cara con el Señor”, mirando el rostro de Dios, escuchando su voz, se comprende
«la gravedad del pecado”.
La
oración que hace comprender dicha gravedad y el “deber urgente” de auxiliar a
dicho pecado, “introduce, impulsa y promueve” una “oración especial hacia
el Señor”, la de intercesión.
Necesidad de pedir
Con
respecto a la oración que el intercesor dirige al Señor, el padre jesuita
considera que “Dios concede antes de que la petición llegue a los labios”, pues
“Él sabe lo que necesitamos”. Aún así, exhorta a pedir, “porque así tomamos
conciencia de nuestras necesidades, experimentamos la necesidad, le presentamos
nuestras heridas, nuestros sufrimientos, para que así se nos conceda el sentir
su compasión, gustar su amor, que escucha y cumple”.
La
intercesión, por lo tanto, “mira el rostro de Dios” y es testigo de un
“cambio”, del paso de la ira “a la misericordia”, a la “ternura”, de modo que
se hace un “cambio radical” en el propio corazón. La intercesión, en resumen,
observa “el surgimiento del deseo de Dios de salvar al hombre”, para que en el
mundo “todos puedan ser atraídos por la luz de la misericordia beneficiándose
del mismo perdón”.
El
intercesor “obtiene de Dios” la misericordia en su oración: a partir de allí
pone en práctica una serie de “acciones”, “modalidades”, “actitudes” y
“operaciones” necesarias “para que los pecadores accedan al don de la
misericordia divina”. Para ilustrarlo el propone el discurso de Jesús en el
capítulo 18 del Evangelio de Mateo, que parte de la atención “al pequeño”, es
decir, a la persona vulnerable, frágil, débil, la cual no debe ser despreciada.
No cansarse de perdonar
Del
mismo modo, con respecto a la cuestión de cuántas veces se debe perdonar,
recuerda que “la búsqueda del hermano que se ha extraviado se realiza, según
este texto de Mateo, con el ejercicio del diálogo”, del hablar, del emprender
un “proceso gradual” que convenza al pecador pasando de la “conversación
personal” a la “implicación de los testigos”, de “mediadores que apoyen el
deseo de reconciliación y lo favorezcan”, hasta la implicación “de toda la
comunidad”. El Salvador cumple su misión precisamente porque los pastores son
“mediadores”, “unen” a la comunidad.
Por
último, el padre Bovati remarcó que Jesús insta a “no cansarse” de perdonar al
hermano, haciendo así, en cierto sentido, “permanente” el “ministerio de la
reconciliación”. El número 70 veces 7 se entiende como “multiplicación”, pues
“cuanto más pecado hay, más se multiplica la misericordia”.
Larissa
I. López
Fuente:
Zenit






