El custodio de Tierra Santa cuenta una insólita Semana Santa
sin peregrinos
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| ©GALI TIBBON / AFP |
¿Qué cristiano no ha deseado alguna vez visitar
por lo menos una vez en la vida Tierra Santa: los lugares en donde vivió Jesús…
donde las raíces de nuestra fe se encarnaron?
El creciente
número de peregrinos confirma este deseo común. Basta decir que según los datos
proporcionados por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel, alrededor de
4 millones 500 mil turistas ingresaron a Israel en 2019 y los peregrinos
cristianos que de alguna manera se beneficiaron del apoyo del Franciscan
Pilgrim Center fueron alrededor de 630 mil, el 98% católicos,
de 115 países de diferentes países.
Y estos
números son habitualmente importantes durante Semana Santa. Pero no este año, a
causa del coronavirus, que ha puesto en aislamiento también a Tierra Santa.
Los frailes de la Custodia de Tierra Santa y sus
colaboradores, en cumplimiento de las precauciones requeridas, lograron
celebrar los ritos de la Semana Santa, difundiéndolos por todo el mundo en
Internet, haciendo que los cristianos se sientieran más cerca de esos lugares
santos.
La Custodia
de Tierra Santa, creada por voluntad de san Francisco de Asís en 1217, abarca
Israel, Palestina, Siria, Jordania, Líbano, Chipre y Rodas.
Es
responsabilidad de la Custodia de Tierra Santa ofrecer acogida a los
peregrinos, ocuparse del servicio a los pobres, de la pastoral local, además de
la custodia y de la vida litúrgica de los Lugares Santos.
En esta
entrevista, su superior, el sacerdote Francesco Patton, custodio de Tierra
Santa, cuenta cuáles son los desafíos que el Covid 19 está presentando en los
lugares en que vivió Jesús.
– ¿Cómo fue la primera Semana Santa
sin peregrinos?
– P. Francesco Patton: No es la primera vez
que nos encontramos viviendo situaciones de emergencia.
No es la
primera Pascua sin peregrinos, porque después de 2000 años hubo la segunda
Intifada que duró casi tres años. En aquel periodo, los frailes se encontraron,
por un lado, en medio de una situación de conflicto, y por el otro faltaban
peregrinos. Sin embargo, se contaba con el apoyo del resto del mundo, que en ese
momento nos apoyaba y era posible promover también la colecta del Viernes
Santo, a diferencia de este año que ha sido cambiada para septiembre.
Y no
olvidemos que una parte de nuestro territorio desde hace años se encuentra en
guerra: Siria, donde los cristianos se han reducido a un tercio de lo que eran
hace 10 años. Y no olvidemos que otro pedazo de nuestro territorio, el Líbano
de 1975 a 1990 vivió una guerra civil que redujo a un tercio el número de
cristianos, que antes de la guerra eran la mayoría en el país y luego se
redujeron a un 35-36%.
Por lo tanto,
la experiencia de dificultad de la Custodia no pertenece solo al pasado sino
también a la historia reciente.
– ¿Tiene miedo del coronavirus?
– P. Francesco Patton: Yo respeto el virus.
Al ser un hombre de montaña, la montaña enseña que es necesario tener respeto
de la naturaleza. Quien subestima los peligros sucumbe a los peligros. El miedo
es una forma de respeto si se convierte en prudencia y, por lo tanto, se puede
continuar una vida esencialmente normal pero con algún cuidado. Creo que en
todas las situaciones debemos tener un poco de sano miedo porque es un
sentimiento natural que sirve para preservar a la persona, pero no un miedo
paralizante. Mi vida está en las manos de Dios.
– A causa del confinamiento hay muchos más
pobres. ¿Qué están haciendo por ellos en Tierra Santa?
– P. Francesco Patton: Por el momento la
asistencia que se da a los pobres es esencialmente a través de las parroquias.
Por ejemplo, aquí en Jerusalén hay una distribución de comida. En la ciudad
vieja, ya antes del coronavirus, nuestros cristianos no nos pagaban ningún tipo
de renta, y esa era nuestra manera de ayudarlos. Se trata de 450 familias que
no tienen que preocuparse por pagar el alquiler.
En otras
zonas, en cambio, necesitábamos una pequeña contribución para la renta, pero
siempre por debajo de los precios del mercado. Por ejemplo, si el precio de un
alquiler es de mil dólares al mes, la Custodia pide una contribución de cien
dólares. Y es importante esta contribución, tanto para hacer responsable a
quien ocupa las casas, como también para ayudar a la Custodia a cubrir los
costos.
En este
momento de confinamiento, puesto que hay una especie de paro técnico, las
personas tienen una reducción del 70% de su salario normal, también
nosotros hemos reducido su contribución de alquiler en un 70% adicional.
En Belén, la
parroquia, con la ayuda de los jóvenes y los scouts identifica a las personas
que necesitan ayuda para poder luego apoyarlas.
Lo mismo
sucede en otros territorios, por ejemplo en Siria, en Alepo, Damasco…, que son
los lugares en donde este tipo de ayuda ha funcionado desde hace más de diez
años, en una realidad en donde era, en cambio, la gente quien ayudaba a los
frailes. Los cristianos sirios antes de la guerra, no necesitaban ayuda, y eran
ellos quienes financiaban nuestra presencia.
Pienso que la
emergencia por pobreza empezará en unos meses.
Por ejemplo,
quien vive en Israel cuenta con una especia de subsidio de desempleo y tiene
tamibén el mes de vacaciones para usar. Por lo tanto, podemos pensar que muchos
estarán cubiertos económicamente durante dos meses, tres meses…
En Palestina
hay otra normativa, en que los trabajadores tienen derecho a dos meses de
sueldo completo, más las vacaciones.
Si durante
dos o tres meses comenzaran a funcionar las cosas, para mucha gente no debería
representar una emergencia de pobreza extrema.
El problema
es que los peregrinos no llegarán antes del final de septiembre y ellos
representan una fuente de sustento también para los cristianos locales.
Otro tema son
las escuelas, que deberían empezar de manera ordinaria. Nosotros tenemos
alrededor de quince y por el momento estamos usando el aprendizaje a distancia.
El verdadero
problema no es ahora, pero empezaremos a sentirlo económicamente a partir de
junio y julio.
Y luego
esperamos que el 13 de septiembre podamos hacer la colecta “Pro Terra Sancta”,
y que a pesar de las dificultades del momento los cristianos del mundo sigan
siendo solidarios.
De lo
contrario, para nosotros el próximo año será un año difícil. Pero como hace un
buen padre de familia, calcularemos los gastos en función de los recursos que
tenemos disponibles.
— Israel, en particular Jerusalén, es
ciudad santa para los cristianos, judíos y musulmanes. Frente a esta pandemia
debida al Coronavirus, ¿existe alguna acción común, de ayuda recíproca?
¿Existen ejemplos de colaboración?
– P.
Francesco Patton: El 26 de marzo pasado, hubo un ejemplo de colaboración
precisamente a nivel espiritual, con una oración que hicimos desde la terraza
del ayuntamiento. Nos encontramos cristianos, judíos, musulmanes, drusos y
bahaíes.
Fue una
invocación común por el fin de la pandemia, por la sanación de los enfermos y
de todos aquellos que se encuentran en riesgo. Fue un momento muy
significativo, porque todos los hijos de Abraham se unieron para invocar en
oración al omnipotente, a Dios.
Luego están
las iniciativas normales. Por ejemplo en la ciudad vieja hay un trabajo de
asistencia especialmente a las personas ancianas y no se limita a los
parroquianos, sino que va a quien lo necesita. Luego es evidente que aquí la
sociedad está estructurada por lo que hay realidades más abiertas y otras menos
accesibles. Por lo tanto no es igual en todas partes. Lo que puede hacerse se
hace.
Entre
nuestros empleados tenemos judíos, musulmanes y cristianos de todas las
confesiones. Buscamos proveer para ellos, pues ellos a su vez tienen que
proveer para sus familias.
También hay
una buena apertura a nivel institucional. Por ejemplo el presidente del Estado
de Israel, Reuven “Ruvi” Rivlin, me llamó, como supongo que a otros
representantes de las iglesias occidentales, para felicitarnos por Pascua e
invitar y pedir oraciones.
Estos gestos
de atención son significativos e importantes.
— ¿Están pensando ya en nuevas formas de
acogida para los peregrinos? ¿Cómo podemos los cristianos del resto del mundo
unirnos a su Pascua a pesar de la cuarentena?
– P. Francesco Patton: Es necesario esperar
a que regresen los peregrinos. Mientras tanto, los santuarios están
aprovechando para hacer trabajos de mantenimiento. Tenemos que evaluar cómo
volver a abrir y qué normas tener, teniendo en cuenta que no todos los lugares
son iguales.
Quien viene a
Cafarnaúm hay un espacio abierto, muy amplio, así como en el campo de los
Pastores en Belén. Quien viene a Nazaret, la Basílica es suficientemente grande
a diferencia de otros lugares como Naín, donde fue el milagro de la
resurrección del hijo de la viuda. La iglesia es pequeña y no hay espacio. En
general tenemos espacios fuera del santuario en donde podremos gestionar a los
grupos. Pero debemos organizar la reapertura.
En parte, nos
ayudarán las normas a nivel público en el control de personas, porque, por
ejemplo, la medición de la fiebre ya se realizará en el aeropuerto. Sería
difícil para nosotros hacerlo para aquellos que ingresan a la iglesia.
Actualmente
medimos la fiebre a quien entra en los edificios de la Custodia, porque es
obligatorio por ley, incluso aquí en la curia. Tendremos que tener mucho
cuidado para desinfectar todo, desinfectar los vasos sagrados … Repito, debemos
detenernos y reflexionar sobre esto. Pero espero y creo que esta fase de
emergencia se puede gestionar.
– Dentro de poco, se cumplirán cuatro años
de su nombramiento como custodio de Tierra Santa. Fue un hecho singular, porque
fue nominado custodio un fraile que no vivía en Tierra Santa.
– P.
Francesco Patton: Hace treinta años era algo normal. Pero luego, cambiaron los
estatutos de la Custodia de Tierra Santa para volverla una “provincia” normal.
En realidad, nunca ha sido una provincia normal, porque es la misión de la
Orden desde 1217 y es también una misión especial encomendada por el Papa, en
particular, desde 1342, cuando el papa Clemente VI, con la bulla “Gratias
Agimus”, quiso encomendar a los frailes que vivían en Tierra Santa, la
custodia de los lugares santos. Y, de hecho, desde entonces el custodio muy a
menudo venía de fuera.
– ¿Cuál fue la sorpresa que le reservaba la
Tierra de Jesús?
– P.
Francesco Patton: Lo más significativo de esta experiencia está relacionada con
la internacionalidad de la Custodia de Tierra Santa y la siento aún más en este
periodo de Coronavirus, porque me parece que nuestra fraternidad que es
internacional, en este momento, aquí en los Lugares Santos representa bien el
grito de toda la humanidad que necesita esperanza, recuperar un horizonte de
sentido, que sea diferente de un horizonte de sentido puramente material.
Contemporáneamente
veo en esta internacionalidad también la bendición, la gracia, la misericordia
que desciende de Dios a la humanidad, es decir, una fraternidad internacional,
que es el signo de Pentecostés, que es a lo que está llamada a ser la Iglesia.
Esto me impactó enseguida, es exigente pero es también una de las cosas más
hermosas.
La otra cosa
es el contacto con los lugares sagrados. El hecho de poder celebrar en los
tiempos litúrgicos, pero también en los lugares en donde se recuerda el
misterio. En estos días, a pesar de todas las restricciones, por ejemplo haber
estado el Jueves Santo en Getsemaní, ponerse en sintonía con Jesús que reza,
siente angustia, y reza hasta sudar sangre, para sintonizar con su voluntad
humana con la del Padre, es algo conmovedor. O hacer el vía crucis, este año
éramos cuatro…
Celebrar en
los lugares es algo que facilita también nuestra humanidad que también tiene
necesidad, de ver, tocar. Y lo más bello del cristianismo es que es una
propuesta encarnada. Es Dios que se hace carne, que entra en un contexto que
llamamos Tierra Santa, porque estamos convencidos que está santificada por la
revelación y luego por la encarnación.
Silvia Costantini
Fuente:
Aleteia






