La
división de un mundo en dos áreas distintas, una cristiana y otra para ser
evangelizada, es obsoleta
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| Cardenal Pietro Parolin (AFP or licensors) |
Presente
en Lourdes para presidir las celebraciones de la Solemnidad de la Asunción, el
cardenal Pietro Parolin se reunió el pasado sábado con los Agustinos de la
Asunción, que están en el origen de la peregrinación nacional y que celebran
este año el 175º aniversario de su fundación.
Con
ocasión de la celebración del 175 aniversario de la fundación de los Agustinos
de la Asunción, el Cardenal Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede,
desarrolló una reflexión sobre el "cambio de mentalidad pastoral" que
debe guiar en adelante la evangelización de nuestras sociedades.
Hace
175 años, el Venerable Manuel d'Alzon fundó la familia de los Agustinos de la
Asunción, asignándole "objetivos apostólicos" a través de la
educación, la formación del clero, la organización de peregrinaciones en grupo
y la creación de periódicos y revistas que pudieran ayudar en la formación de la
opinión pública católica.
El
cardenal Parolin distingue "un vínculo", "un hilo
conductor" entre la época de esta fundación y "nuestra vida cotidiana
contemporánea", a saber, "el fin del régimen del cristianismo que
caracterizó de diversas maneras la historia a partir del siglo IV". El
Padre d'Alzon, nacido inmediatamente después de la Revolución Francesa, vivió
en un mundo cambiante, señala el Secretario de Estado, quien subraya que este
cambio no ha terminado. "También nosotros formamos parte de un mundo en el
que el cristianismo de nuestra infancia, adolescencia y juventud (...) ha dado
paso a una verdadera transformación antropológica cuyos resultados finales
estamos lejos de ver.
Un nuevo comienzo
Ante
tal situación, hay dos tipos de comportamiento: "suspirar por el
"bello pasado" que ya no existe; o ponerse en marcha para sembrar los
procesos de un nuevo comienzo". La presencia de los Agustinos de la
Asunción testimonia todavía hoy la elección del Padre d'Alzon, que no se
implicó en un arrepentimiento del pasado, sino que se esforzó por ponerse en
marcha, "para que el fin se convierta en un nuevo comienzo". Es
precisamente este discernimiento, que el Papa Francisco, a su vez, preconizó,
el que permite hoy a los Asuncionistas encontrarse "en el corazón mismo de
la Iglesia no como un 'grupo de profesionales', sino como una 'familia de
hermanos'; no como una ONG -diría el Papa Francisco- sino como una verdadera
comunidad de fe, que en la fe espera y prepara pacientemente su glorioso
retorno".
"La
historia de la Iglesia y la historia de vuestra familia religiosa es una
historia de corazones: de seres humanos concretos que, llevados por la belleza
de la Palabra a la belleza de la libertad que sabe decir "Aquí
estoy", se hacen capaces de construir la sinodalidad. El corazón de la
Iglesia y el corazón de los creyentes, de hecho, alcanzan su mutua madurez
cuando son capaces de comprometerse junto con otros y para otros. Por otra
parte, la primera y fundamental forma de justicia evangélica es hacer espacio
para el otro siguiendo a aquel que ha hecho espacio para nosotros en él,
convirtiéndose en uno de nosotros", enfatizó además el Cardenal Parolin.
Cambio de mentalidad
pastoral
Es
precisamente en la fuerza de esta "justicia evangélica" que los
creyentes están llamados a habitar lo "provisional" inherente al
cambio de época, "con audacia y sin angustia", "sin renunciar a
tener claros los puntos clave que nos impiden ser "veletas al
viento", cambiar de dirección sin saber por qué, sometiéndonos al viento
del momento, cuando todo lo demás es el Soplo del Espíritu".
La
división de un mundo en dos áreas distintas, una cristiana y otra para ser
evangelizada, es obsoleta. El Papa Francisco, citado por el cardenal Parolin,
lo expresó claramente en su último discurso de votos a la Curia (21 de
diciembre de 2019): "Las poblaciones que aún no han recibido el anuncio
del Evangelio ya no viven sólo en los continentes no occidentales, sino que se
encuentran en todas partes, especialmente en las enormes concentraciones urbanas
que requieren, en sí mismas, una atención pastoral específica.
En
las grandes ciudades necesitamos otros "mapas", otros paradigmas, que
nos ayuden a reposicionar nuestras formas de pensar y nuestras actitudes:
hermanos y hermanas, ya no estamos en el cristianismo, ¡ya no lo estamos! Hoy
en día ya no somos los únicos en producir cultura, ni los primeros, ni los más
escuchados. Por lo tanto, necesitamos un cambio de mentalidad pastoral, lo que
no significa pasar a un enfoque pastoral relativista. Ya no estamos en un
régimen de cristianismo porque la fe -sobre todo en Europa, pero también en
gran parte de Occidente- ya no es un presupuesto evidente de la convivencia;
peor aún, a menudo incluso se niega, se burla, se margina y se ridiculiza
[...]".
Una evangelización
anclada, libre de todo interés
Para
el cardenal italiano, el hecho de que ya no seamos "los únicos en producir
cultura, ni los primeros, ni los más escuchados" nos libera de los
"mecanismos perversos" de una concepción "líquida" del
mundo. El cristiano sucumbe a esto cuando busca complacer o seducir. La
evangelización no es la seducción del prójimo, sino el servicio al prójimo en
la verdad", nos recuerda el Cardenal Parolin.
Esta
condición de minoría también libera al evangelizador de todos los intereses; el
evangelizador no debe tener otros intereses que los de Cristo, que lo hacen
"humilde y desinteresado".
La
marginación de Dios nos permite finalmente meditar "sobre el último lugar
que Él ha elegido para Él y sus testigos"; "esta es la verdadera
"reserva de gracia" que impide la idolatría y hace activa en las
complejas áreas del diálogo ecuménico e interreligioso", observa además el
Secretario de Estado. Asimismo, "sólo un Dios marginado, negado y
ridiculizado es capaz de hacernos solidarios con los pobres y excluidos de este
mundo; y con la misma "casa común" que es nuestro planeta, herido por
sistemas económicos rapaces y organizaciones criminales".
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del Vaticano
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