![]() |
| Cartel conmemorativo del Padre Pío en San Giovanni Rotondo. Foto: Fabio Gonnella / ACI Prensa |
“La
condición de gran preocupación, de desencanto y de sufrimiento que todo el
mundo está sufriendo por esta pandemia debería conducirnos al menos a
reflexionar que verdaderamente hay un solo pastor verdadero que protege a los
suyos, a sus ovejas, que las conoce, las conduce, que las defiende, para las
cuales da su misma vida”, dijo el sacerdote en la Misa de Vísperas de la Fiesta
del Padre Pío de Pietrelcina, celebrada el martes 22 de septiembre en la
iglesia conventual Santuario de Santa Maria delle Grazie, en la localidad
italiana de San Giovanni Rotondo.
Esto,
explicó, contrasta con el hecho de que la pandemia ha mostrado la
inconsistencia de tantos “maestros” que pretendían ser “salvadores de la
humanidad”.
“¿Cuántos
maestros se presentan como salvadores de la humanidad? ¿Cuántos ofrecen
felicidad fácil pero venenosa? ¿Cuántos pretenden saberlo todo y ser
omnipotentes, y luego basta un minúsculo virus para mostrar la inconsistencia
de sus suposiciones?”,
Asimismo,
Fr. Genuin reflexionó sobre una enseñanza de San Francisco de Asís que también
puede ayudar a superar las dificultades del momento actual.
Ante
la cuestión planteada por un fraile que reconocía que en ocasiones no había
tenido la valentía de advertir a quien sabía que estaba en peligro porque se
encontraba en pecado mortal. “Y continuaba expresando a Francisco su
preocupación. ‘¿Se me pedirán cuentas a mí de sus almas?’”.
En
su respuesta, “San Francisco le sugirió esta explicación: ‘Yo lo veo así. El
siervo de Dios debe tener en sí mismo el ardor de santidad de vida, debe ser
capaz de llenar todos los vacíos con la luz del ejemplo y la elocuencia de su
conducta. Así, el esplendor de su vida, su buena fama pondrá de manifiesto a
todos su iniquidad’”.
“Esta
respuesta gustó mucho a aquel docto fraile, y comentó la respuesta con los
compañeros de Francisco: ‘Hermanos míos. La Teología de este hombre, surgida de
la pureza de la contemplación, vuela como un águila. Nuestra ciencia, en
cambio, se cae por tierra’”.
San
Pío de Pietrelcina, nacido en 1887, fue un fraile y sacerdote italiano,
perteneciente a la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, que recibió los
estigmas de Jesucristo en las manos, los pies y el costado.
San
Pío de Pietrelcina se hizo célebre también por haber obrado milagros en vida y
por los dones extraordinarios que Dios le concedió.
Uno
de esos dones tuvo que ver con una extraordinaria capacidad para acercarse y
entender el alma humana, a tal punto que muchas veces fue capaz de leer los
corazones y las conciencias de quienes se acercaban a él.
Esa
capacidad para ver integralmente el alma humana, que brotaba de la caridad que
movía su corazón al servicio de la gente, lo convirtió en un confesor único. Es
sabido que muchos fieles acudían a él con el propósito de confesarse, en busca
de ese rostro de Dios que siempre acoge al pecador.
El
Padre Pío falleció el 23 de septiembre de 1968, después de horas de agonía
repitiendo con voz débil “¡Jesús, María!”, y fue canonizado el 16 de junio de
2002 por San Juan Pablo II.
Fuente:
ACI Prensa






