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En él, el Santo Padre destacó como en dicha sesión
“os estáis centrando en la noción de la ciencia al servicio de las personas
para la supervivencia de la humanidad a la luz de la pandemia del
SARS-CoV-2/COVID-19 y otros problemas mundiales”.
Al mismo tiempo, Francisco recordó que nadie
“puede dejar de preocuparse por el impacto de la crisis en los pobres del
mundo”, pues “para muchos de ellos, la cuestión es, en efecto, la supervivencia
misma”.
“Junto con la contribución de las ciencias, las
necesidades de los miembros más pobres de nuestra familia humana claman por
soluciones equitativas por parte de los gobiernos y de todos los responsables
de la toma de decisiones”, de manera que, por ejemplo, los sistemas
sanitarios, “deben ser mucho más inclusivos y accesibles para los
desfavorecidos y los que viven en países de bajos ingresos”.
Por otro lado, el Papa remarcó que el estallido de
la pandemia, “en el contexto más amplio del calentamiento global, la crisis
ecológica y la dramática pérdida de la biodiversidad, representa una llamada a
nuestra familia humana para que se replantee su curso, se arrepienta y emprenda
una conversión ecológica (cf. Laudato
si’, 216-221)”.
Una conversión “que aproveche todos los dones y
talentos que Dios nos ha dado para promover una ‘ecología humana’ digna de
nuestra dignidad innata y nuestro destino común”, esperanza que expresó “en mi
reciente encíclica Fratelli
tutti sobre la fraternidad y la amistad social. ‘Qué bonito sería si
al crecimiento de las innovaciones científicas y tecnológicas correspondiera
también una equidad y una inclusión social cada vez mayores! ¡Qué bonito sería
que a medida que descubrimos nuevos planetas lejanos, volviéramos a descubrir
las necesidades del hermano o de la hermana en órbita alrededor de mí!’” (No.
31).
Finalmente, el Pontífice remarcó que, por muy
grande que sea la responsabilidad de los políticos, “no exime a los científicos
de reconocer sus propias responsabilidades éticas en el esfuerzo por detener no
sólo la fabricación, la posesión y el uso de armas nucleares, sino también el desarrollo
de armas biológicas, con su potencial de devastación de civiles inocentes y, de
hecho, de pueblos enteros”.
A continuación, sigue el mensaje completo del
Papa.
***
Mensaje del Santo Padre
A los distinguidos miembros de la Pontificia
Academia de las Ciencias
Reunión en sesión plenaria
Os saludo cordialmente y expreso mi gratitud a la
Pontificia Academia de las Ciencias por dedicar la sesión plenaria de este año
a la tarea de poner la investigación científica básica al servicio de la salud
de nuestro planeta y de sus habitantes, especialmente los más pobres y
desfavorecidos. Asimismo, saludo a los expertos y dirigentes invitados,
todos ellos con importantes responsabilidades internacionales, y espero con
interés su contribución.
En primer lugar, expreso mi apoyo a la labor de la
Academia, promovida activamente por su presidente, el profesor Joachim von
Braun, y por el Consejo. En estos días, mi interés en vuestro trabajo es
aún más intenso, porque habéis dedicado esta sesión plenaria a lo que es, con
razón, un tema de profunda preocupación para toda la humanidad. Os estáis
centrando en la noción de la ciencia al servicio de las personas para la
supervivencia de la humanidad a la luz de la pandemia del SARS-CoV-2/COVID-19 y
otros problemas mundiales.
En efecto, la pandemia ha revelado no sólo
nuestras falsas seguridades, sino también la incapacidad de los países del
mundo para trabajar juntos. A pesar de nuestra hiperconectividad, hemos sido
testigos de una fragmentación que volvía más difícil resolver los problemas que
nos afectan a todos (cf. Fratelli tutti, 7). Es significativo, por lo
tanto, que esta sesión plenaria virtual de la Academia agrupe varias
disciplinas científicas diferentes; en este sentido, ofrece un ejemplo de cómo
los desafíos de la crisis de COVID-19 deberían abordarse a través de esfuerzos
coordinados al servicio de toda la familia humana.
Vuestros esfuerzos se concentran en gran medida en
el estudio de nuevas vías inmunológicas e inmunoquímicas para activar los
mecanismos de defensa propios del organismo o detener la proliferación de
células infectadas. También estáis estudiando otros tratamientos
específicos, incluyendo vacunas que están siendo probadas en ensayos
clínicos. Como sabemos, el virus, al afectar a la salud de las personas,
también ha afectado a todo el tejido social, económico y espiritual de la
sociedad, paralizando las relaciones humanas, el trabajo, la manufactura, el
comercio e incluso muchas actividades espirituales. Tiene una enorme
repercusión en la educación. En muchas partes del mundo, un gran número
de niños no pueden volver a la escuela, y esta situación hace que se corra el
riesgo de que aumente el trabajo, la explotación, el abuso y la malnutrición
infantil. En resumen, el hecho de no poder ver el rostro de una persona y
de considerar a otras personas como posibles portadoras del virus es una
terrible metáfora de una crisis social mundial que debe interesar a todos a
quienes les importa el futuro de la humanidad.
A este respecto, ninguno de nosotros puede dejar
de preocuparse por el impacto de la crisis en los pobres del mundo. Para muchos
de ellos, la cuestión es, en efecto, la supervivencia misma. Junto con la
contribución de las ciencias, las necesidades de los miembros más pobres de
nuestra familia humana claman por soluciones equitativas por parte de los
gobiernos y de todos los responsables de la toma de decisiones. Los
sistemas sanitarios, por ejemplo, deben ser mucho más inclusivos y accesibles
para los desfavorecidos y los que viven en países de bajos ingresos. Si
hay que dar preferencia a alguien, que sea el más necesitado y vulnerable de
todos nosotros. Del mismo modo, cuando se disponga de vacunas, debe
garantizarse un acceso equitativo a ellas, independientemente de los ingresos,
empezando siempre por los que menos tienen. Los problemas mundiales a los
que nos enfrentamos exigen respuestas cooperativas y multilaterales. Las
organizaciones internacionales como las Naciones Unidas, la OMS, la FAO y
otras, instituidas para fomentar la cooperación y la coordinación mundiales,
deben ser respetadas y sostenidas para que alcancen sus objetivos en pro del
bien común universal.
El estallido de la pandemia, en el contexto más
amplio del calentamiento global, la crisis ecológica y la dramática pérdida de
la biodiversidad, representa una llamada a nuestra familia humana para que se
replantee su curso, se arrepienta y emprenda una conversión ecológica
(cf. Laudato si’, 216-221). Una conversión que aproveche todos los
dones y talentos que Dios nos ha dado para promover una «ecología humana» digna
de nuestra dignidad innata y nuestro destino común. Esta es la esperanza
que expresé en mi reciente encíclica Fratelli tutti sobre la
fraternidad y la amistad social. “Qué bonito sería si al crecimiento de
las innovaciones científicas y tecnológicas correspondiera también una equidad
y una inclusión social cada vez mayores! ¡Qué bonito sería que a medida que
descubrimos nuevos planetas lejanos, volviéramos a descubrir las necesidades
del hermano o de la hermana en órbita alrededor de mí!” (No. 31).
Las reflexiones de vuestra sesión plenaria sobre
las ciencias y la supervivencia de la humanidad también plantean la cuestión de
escenarios similares que podrían originarse en los laboratorios más avanzados
de ciencias físicas y biológicas. ¿Podemos permanecer callados ante tales
perspectivas? Por muy grande que sea la responsabilidad de los políticos,
no exime a los científicos de reconocer sus propias responsabilidades éticas en
el esfuerzo por detener no sólo la fabricación, la posesión y el uso de armas
nucleares, sino también el desarrollo de armas biológicas, con su potencial de
devastación de civiles inocentes y, de hecho, de pueblos enteros.
Queridos amigos, una vez más, os doy las gracias
por vuestras investigaciones y vuestros esfuerzos para hacer frente a estas
graves cuestiones en un espíritu de cooperación y responsabilidad compartida
por el futuro de nuestras sociedades. En estos meses, el mundo entero ha
dependido de vosotros y de vuestros colegas para proporcionar información,
infundir esperanza y, en el caso de innumerables profesionales de la medicina,
atender a los enfermos y a los que sufren, a menudo arriesgando sus propias
vidas. Al renovar mi propia gratitud y ofrecer mis más sinceras oraciones
por las deliberaciones de vuestra sesión plenaria, invoco sobre vosotros,
vuestras familias y vuestros asociados las bendiciones divinas de sabiduría,
fuerza y paz. Y os pido, por favor, que me recordéis en vuestras
oraciones.
Roma, desde San Juan de Letrán, 7 de octubre de
2020
Francisco
© Librería Editora Vaticana
Larissa I. López
Fuente: Zenit





