Finalidad del reconocimiento
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| Consistorio de Cardenales (C) María Langarica |
Pero
¿qué es un cardenal, o el colegio cardenalicio? ¿Y un consistorio, o un
cónclave? ¿Qué significa que la Iglesia católica está organizada
jerárquicamente?
¿Cómo “se llega” a cardenal?
Los
designa el Papa entre quienes cumplen una serie de requisitos. Para ser
nombrado cardenal debe haberse recibido el orden del presbiterado, y destacar
en doctrina, buenas costumbres, piedad y prudencia. De ordinario, a fecha de
hoy, el candidato debe ser obispo, pero cabe que el Papa exima de tal
condición.
Entre todos forman el colegio cardenalicio, órgano que cumple la
doble función de elegir al romano pontífice y brindarle asesoramiento en
relación con el gobierno de la Iglesia o cualquier otro asunto.
Actualmente
el colegio cardenalicio lo componen 217 cardenales, de los que 120 son
electores de un nuevo Papa en caso de vacante. Tras el consistorio del 28 de
noviembre el total de electores será de 128.
La jerarquía de la Iglesia
Los
cardenales forman parte de la organización jerárquica de la Iglesia,
individualmente o como colectivo cuando integran el colegio cardenalicio.
Básicamente
a fecha de hoy la organización jerárquica de la Iglesia se regula en los
cánones 330 y siguientes del Código de Derecho Canónico, aunque hay más normas
complementarias sobre la cuestión. El Concilio Vaticano II desarrolló en gran
medida esta materia.
La Iglesia necesita organizarse en su dimensión pública u
oficial. Para cumplir su único fin –sobrenatural, referido a la salvación de las
almas, informando además las realidades humanas– cuenta con una serie de fieles
consagrados –clérigos– y organismos integrados por estos que desarrollan la
función –potestad de gobierno ordinaria– legislativa, ejecutiva y judicial.
Pero
los clérigos –entre ellos los cardenales– en quienes reside esa potestad de
gobierno con carácter ordinario, pueden ser auxiliados por fieles laicos en
quienes se delegan algunas de esas funciones.
De
otra parte, conviene saber que el clero de la Iglesia está organizado en una
jerarquía ascendente, a partir de los tres grados del sacramento del orden:
Episcopado, Presbiterado y Diaconado. Esa jerarquía ascendente la constituyen
el diácono, el presbítero, el obispo, el arzobispo, el primado, el patriarca
–en casos más especiales– y el cardenal, hasta llegar al cargo supremo de Papa.
Cada
grado tiene su misión, y siempre debe servir a esa misión, pues hallarse en uno
u otro grado no tiene más que ese propósito.
Origen y significado del Consistorio
Cardenalicio
Se
trata de una reunión formal del Colegio Cardenalicio. El consistorio representa
el órgano superior del gobierno supremo y universal de la Iglesia.
Su
origen mantiene una estrecha relación con la historia del presbiterio romano o
cuerpo del clero de Roma. En el antiguo presbiterio romano había diáconos,
encargados de los asuntos temporales de la Iglesia en las diferentes regiones
de Roma; sacerdotes, que encabezaban las principales iglesias de la ciudad; y
obispos de las diócesis vecinas a Roma.
Los
actuales cardenales han sucedido a los miembros del antiguo presbiterio, no
únicamente en lo relativo a los oficios propios de esos tres grados –obispos,
presbíteros y diáconos– sino sobre todo asistiendo al Papa en la administración
de los asuntos de la Iglesia.
Tipos de consistorios
Contamos
con 3 tipos de consistorios: ordinarios, extraordinarios y semipúblicos.
El
ordinario –o secreto– se llama así porque nadie fuera del Papa y
los cardenales puede estar presente en sus deliberaciones. Es el caso de los de
nombramiento de nuevos cardenales, como el del 28 de noviembre de este año.
El extraordinario –o público– se llama así porque son
invitados a él personas ajenas al colegio cardenalicio. Algunos laicos, que
previamente han solicitado participar, también pueden estar presentes. Entre
otros asuntos, es en esos consistorios públicos cuando se tratan las causas de
beatificación y canonización.
Por
último, el consistorio semipúblico es aquél en el
que intervienen algunos obispos de Roma o que se hallen en la Ciudad Eterna al
momento de su convocatoria.
Como
conclusión a esta breve exposición, convendría concienciarse de la necesidad
imperiosa de rezar por este instrumento de gobierno, ya que el Consistorio
constituye la más estrecha colaboración para el Santo Padre, y la oración es
esa única arma que logra la vitalidad –y sentido– de la Iglesia en todas sus
dimensiones.
Alejandro Vázquez-Dodero
Fuente: Zenit






