El Nacimiento
En Navidad celebramos un
nacimiento, el nacimiento de Jesús. Él todavía no había realizado ningún
milagro; no había convertido el agua en vino, no había curado enfermos, ni
había sucedido la pesca milagrosa. Pero Navidad es fiesta porque nació, porque
ya es el Emanuel. Y nos alegramos del hecho de existir, de estar en el mundo.
La Presencia
En Navidad también celebramos una
presencia, la Presencia entre la humanidad del Amor. Una llegada esperada desde
siempre; en medio de conflictos y desigualdades. Y ha llegado para quedarse
anidando en el corazón de cada ser humano.
Es en la presencia de Dios que cada persona encuentra el sentido de su propia existencia. Por eso Navidad es también ocasión para celebrar la existencia de cada ser humano.
La vivencia eterna
No hay que cerrarse a un evento
aislado y de un solo día, sino a la vivencia continua y eterna en la historia
de la humanidad y de cada uno de nosotros. Pues Jesús nace cada vez que se le
abre la puerta, y que hay amor entre personas de buena voluntad.
Con el tiempo nos hemos olvidado
de regocijarnos por lo que somos, y premiamos más lo que hacemos; las grandes
proezas que llevamos a cabo. Por eso en Navidad, tenemos la oportunidad de
volver a alegrarnos de existir en el que Es, en el que Existe.
Claudia
Soberón
Fuente: Aleteia






