Ahora
bien, ¿por qué esas bromas se gastan en tal
día de los inocentes como el que celebramos hoy y no en cualquier otro día del
año?
Pero volviendo a nuestro día de los inocentes que es lo que aquí nos interesa, la costumbre bien podría estar relacionada con una fiesta que aún se celebra en algunos lugares de España, cual es la “Fiesta del obispillo”. Una fiesta que parece remontarse a la edad media, -aunque por lo que a su aspecto bromístico podría hundir aún más sus raíces en las llamadas “libertates decembricae” romanas-, consistente en la investidura burlesca de un niño de la escolanía de la catedral como obispo, depositando en él la autoridad.
La larga celebración comenzaba el 6 de diciembre, día de San Nicolás -santo que se halla, por cierto, detrás de ese icono navideño que es Santa Klaus (“Santa” directamente en los Estados Unidos), Saint Nicklaus en origen, y que está estrechamente vinculado desde el inicio a los niños y a los regalos infantiles-, y finalizaba precisamente el 28 de diciembre, día de los inocentes en el que tenía lugar la apoteosis de las bromas.
La fiesta se habría celebrado en muchos lugares de Europa, -sería el “Obispo de los locos” en España; el “Episcopus puerorum” y el “Abbas stultorum” en Francia; el “Obispo dei pazzi” en Venecia; el “Boy bishop” en Inglaterra- aunque sólo en España habría terminado asociada a las inocentadas que celebramos hoy, mientras en el resto de los países europeos su tradición habría decaído frente a la comentada más arriba del primer día de abril.
Por: Luis Antequera
Fuente: Religión en Libertad






