![]() |
| Anneka | Shutterstock |
¿Cómo puedo llegar a contentar a todos? Mil
halagos no logran apagar el dolor de una sola crítica. ¿De dónde me viene el no
querer perdonar mis debilidades, ni mis torpezas? Quizás es que intento
controlarlo todo para que la vida me salga bien y todos me aprueben.
Vivo en este tiempo tan inestable en el que todo
parece hundirse a mi alrededor. ¿Cómo puedo construir una casa firme que no se
derrumbe con los primeros vientos? Decía el P. Kentenich:
«Lo que Nietzsche espera de la ‘Inscriptio
mundana’, cuando escribe: – ‘Construyan sus casas al pie del Vesubio, porque el
secreto para cultivar la existencia más fecunda y gozosa consiste en vivir en
medio de peligros’, vale en pleno sentido para la entrega religiosa total».
La
voluntad de Dios
Quiero aprender a entregarme plena y ciegamente en
las manos de Dios. Quiero confiar en el camino que se abre ante mis ojos. Decía
el P. Kentenich:
«Una vez que está claro que algo es voluntad de
Dios, siempre ponemos manos a la obra sin vacilar».
Me cuesta actuar de esta manera. Me resulta
difícil saber lo que Dios quiere y luego hacerlo. En ocasiones
logro verlo claro, pero pronto surge el miedo. ¿Quién me va a salvar en el
último momento?
El miedo a lo que pueda ocurrir es grande. El
miedo a ser abandonado en medio de un naufragio. El futuro al que me enfrento
siempre es incierto. Sé que Dios viene a salvarme y a consolarme en medio de
una noche de Navidad, lo he escuchado: «El Señor consuela a su pueblo, rescata
a Jerusalén».
El
nacimiento de Jesús
Y yo me calmo en esta noche, en este tiempo
incierto de Navidad. Cuando todo se tambalea y no todos me quieren ni me
aprueban. Necesito el consuelo en mi alma. Sólo deseo que mi corazón se calme.
Miro al cielo, a esos ángeles que me llenan el alma con su paz: «No temáis, os
traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad
de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor».
Nace Jesús con su luz y esperanza en medio de la
oscuridad de la noche. Viene oculto en medio de esta pandemia que me paraliza.
Siento que no sucede nada especial.
Es mi vida demasiado cotidiana. Es esta vida
rutinaria de cada día. Siento que no hay grandes planes, ni muchas
expectativas.
Mi corazón de niño se arrodilla conmovido ante un
nacimiento. Quiero ver nacer a Jesús, quiero encontrarlo en medio de unas
pajas. Quiero que me quite esos miedos irracionales que bloquean mis fuerzas y
paralizan mi espíritu.
¿Cómo puedo hacer para que el alma no se enfríe en
esta noche de invierno? Los miedos más profundos afloran en Navidad cuando me
siento solo y mil emociones tocan la puerta de mi alma. Siento muy hondo ese
miedo profundo a no ser amado, a ser abandonado en medio de mi vida. ¿Me
quedaré solo de nuevo y no sentiré ese abrazo que necesito?
El alma teme la soledad al mismo tiempo que la
busca a partes iguales. Pero sufre cuando necesita un abrazo y no lo recibe,
ahora son escasos. Y suplico sin palabras un te quiero, pronunciado con voz
audible, para que me lo crea. Y siento que los días están contados ante mis
ojos. Y me da miedo el fracaso en este camino y en esta misión que Dios me ha
confiado y puesto entre mis manos.
El Niño
Jesús y yo
Le entrego al Niño el vacío que siento dentro y el
miedo a que pase esta noche y continúe el frío. Quiero que su voz calme mis
gritos. Y su presencia dé calor a mi vida. No quiero vivir pretendiendo agradar
al mundo. No quiero contentar a todos los que me demandan mi tiempo, mi vida,
mi alegría, mis palabras.
Guardo silencio en Navidad
esperando a que suceda un milagro de repente. He despojado mi vida
de lo que sobra. He optado por lo que merece la pena. He construido un sinfín
de castillos, no en el aire, sino en tierra firme. Y he levantado una fortaleza
para evitar que mis propios sentimientos de debilidad afloren con fuerza.
Al pie del volcán coloco los cimientos de mi alma.
Ya no tengo miedo porque he confiado mi vida en manos de Aquel que todo lo
puede. Ya no puedo fracasar. No necesito la aprobación de todos los que me
miran y me juzgan.
¿Quién soy yo para que me visite Dios en esta
noche? Soy su hijo, el niño de sus entrañas.
Dios me salva en medio de
todas mis dudas. Y me hace creer en su poder infinito.
Carlos Padilla Esteban
Fuente: Aleteia






