El padre Francisco Díaz S.J.
comenta el Evangelio del Domingo 24 de enero correspondiente al III Domingo del
Tiempo Ordinario (Ciclo B), según San Marcos 1,14-20, que relata el momento en
el que Jesús se encuentra con Pedro y su hermano Andrés y les pide que lo
sigan.
El Evangelio presenta el momento
en el cual Simón y su hermano Andrés son llamados.
Notemos en detalle que dicho
seguimiento es, en un primer momento, iniciativa de Jesús. Esta llamada viene a
nosotros en forma de invitación, tal y como sucedió en el Antiguo Testamento
con los profetas.
Por ser iniciativa divina,
tenemos que imaginar que en la antigüedad, un rabino elegía a sus discípulos,
es decir, los maestros elegían a aquellos en quienes podían confiar y heredar
sus conocimientos. Del discípulo se espera que su respuesta sea libre y con tal
fuerza que esté dispuesto, incluso, a romper los lazos afectivos, sean de su
núcleo familiar, social, de amistad, o de cultura, con tal de responder a la
llamada con todas sus capacidades.
El seguimiento no quita o
desarraiga. En el caso de Simón y Andrés, dos hermanos que siguieron
inmediatamente a Jesús, llevan ese vínculo afectivo de hermandad hacia otras
personas. El Señor los llama a ellos, con su nombre propio, y esto nos indica
que es desde la singularidad y desde nuestra cotidianidad que el Señor nos
llama.
Ciudad del Vaticano
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