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| El Papa Francisco en la audiencia general. Foto: Vatican Media |
En su catequesis, el Pontífice recordó que Jesucristo en la última
cena “rezó por los suyos, para que
todos sean uno” y calificó su oración antes de la Pasión en el
huerto de los olivos como “su testamento espiritual”.
Al detenerse en la importancia de la unidad, el Santo Padre
destacó que Jesús rezó “al Padre por nosotros, para que seamos uno. Esto
significa que no bastamos solo nosotros, con nuestras fuerzas, para realizar la
unidad”.
En esta línea, el Santo Padre puso el ejemplo del apóstol Pablo
quien “sentía dentro de sí un conflicto lacerante: querer el bien y estar
inclinado al mal” y agregó que San Pablo “comprendió así que la raíz de
tantas divisiones que hay a nuestro alrededor - entre las personas, en la
familia, en la sociedad, entre los pueblos y también entre los creyentes –
está dentro de nosotros”.
Luego, el Pontífice citó la constitución pastoral del Concilio
Vaticano II Gaudium et
spes que indicó que “los desequilibrios que fatigan al mundo
moderno están conectados con ese otro desequilibrio fundamental que hunde sus
raíces en el corazón humano. Son muchos los elementos que se combaten en el
propio interior del hombre [...] Por ello siente en sí mismo la división, que
tantas y tan graves discordias provoca en la sociedad”.
En este sentido, el Santo Padre afirmó que “la solución a las
divisiones no es oponerse a alguien, porque la discordia genera otra
discordia. El
verdadero remedio empieza por pedir a Dios la paz, la reconciliación, la
unidad”.
“Esto vale ante todo para los cristianos: la unidad puede llegar
solo como fruto de la oración. Los esfuerzos diplomáticos y los diálogos
académicos no bastan. Deben hacerse, pero no son suficientes. Jesús lo sabía
y nos ha abierto el camino, rezando”, dijo el Papa.
De este modo, el Pontíice afirmó que “nuestra oración por la
unidad es una humilde pero confiada participación en la oración del Señor,
quien prometió que toda oración hecha en su nombre será escuchada por el
Padre”.
Por ello, el Papa invitó a preguntarse: “¿Yo rezo por la unidad?” porque
“es la voluntad de Jesús pero, si revisamos las intenciones por las que
rezamos, probablemente nos demos cuenta de que hemos rezado poco, quizá nunca,
por la unidad de los cristianos”.
Asimismo, el Santo Padre explicó que de la unidad de los
cristianos “depende la fe en el mundo” ya que “el Señor pidió la unidad entre
nosotros para que el mundo crea” y agregó que “el mundo no creerá porque lo
convenzamos con buenos argumentos, sino si testimoniamos el amor que nos une y
nos hace cercanos a todos.”
Finalmente, el Papa recordó que el tema de la Semana de oración
por la unidad de los cristianos “se refiere precisamente al amor: ‘Permanezcan
en mi amor y darán fruto en abundancia’” y destacó que “la raíz de la comunión
es el amor de
Cristo, que nos hace superar los prejuicios para ver en el
otro a un hermano y a una hermana al que amar siempre. Entonces descubrimos que
los cristianos de otras confesiones, con sus tradiciones, con su historia, son
dones de Dios, son dones presentes en los territorios de nuestras comunidades
diocesanas y parroquiales”.
“Empecemos a rezar por ellos y, cuando sea posible, con ellos.
Así aprenderemos a amarlos y a apreciarlos. La oración, -recuerda el Concilio
en el decreto Unitatis
redintegratio-, es el alma de todo el movimiento. Que la oración
sea el punto de partida para ayudar a Jesús a cumplir su sueño: que todos
sean uno”, concluyó el Papa.






