![]() |
| Ermolaev Alexander I Shutterstock |
Sea cual sea nuestro estado de vida o nuestra
situación, estamos llamados a amar como Cristo nos amó. Responder a esta
llamada original no es algo facultativo: ¡es nuestra vocación propia de
bautizados, nuestra alegría y nuestra salvación!
Recordemos
al joven rico a quien Jesús miraba con tanto amor: “Si quieres ser perfecto…”.
Cada llamada de Dios –porque las hay– viene
precedida de ese “sí” que respeta enteramente la libertad de cada hombre y
mujer.
Dicho esto, para escuchar esta llamada de Dios,
conviene ponerse en lo que san Francisco de Sales y san Ignacio de Loyola
llaman “la indiferencia”.
Esta “indiferencia” es una firme
determinación para cumplir la voluntad del Señor para y contra todo.
Consiste en rezar así:
Oración para cumplir la voluntad de Dios
El consejo de san Ignacio
Ignacio de
Loyola explica que si hemos elegido un modo de vida sin haber vivido primero
este proceso de “indiferencia”, conviene perseverar
en la fidelidad a la elección que hayamos hecho.
Sin embargo, precisa:
“Muchos en esto yerran haciendo de oblicua o de
mala elección vocación divina; porque toda vocación divina es siempre pura y
limpia, sin mixtión de carne ni de otra afección alguna desordenada”.
Dicho de
otra forma, san Ignacio pone en evidencia el hecho de que las elecciones
vitales, aun siendo buenas, pueden no ser calificadas como “vocación
divina”.
En efecto,
si una persona sigue su movimiento propio sin ese trabajo
interior previo de la “santa indiferencia”, su vida será una
elección personal, pero no cabe hablar con propiedad de “vocación”. Dicho
esto, ¡evidentemente es posible santificarse en una vida así!
Permanecer abiertos al presente y a la realidad
Falta ver cómo procederá Dios para indicarnos su voluntad, una vez esta “santa indiferencia” se haya adquirido tras la purificación de los sentidos.
En este punto, ¡no hay que dar rienda suelta a la
imaginación! Conviene permanecer tranquila y sencillamente abiertos al
presente y a la realidad: un encuentro, un acontecimiento, una lectura…
acompañados de una moción interior; así es el comienzo de un camino
“vocacional”, en el sentido amplio del término, que merecerá siempre ser
discernido con la ayuda de un guía espiritual.
Por el padre Nicolas Buttet
Fuente: Edifa






