Luzón es un ejemplo de lucha en positivo contra la eutanasia: creó una fundación para promover la investigación y su testimonio era rotundo
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| @FundacionLuzon |
Después de prepararse una jubilación millonaria,
se había apartado de los focos, hasta que el
diario «El País» dio a conocer su situación en 2019.
Aquel hombre estaba en una silla de ruedas, inmóvil, no
podía comer por sí solo ni hablar. Tenía Esclerosis
Lateral Amiotrófica (ELA) y le quedaba poco tiempo de
vida. Fue diagnosticado en 2014, cuando llevaba dos
años casado en segundas nupcias con María José Arregui.
Luzón creía en Dios, en el amor y en la vida: «La vida es
amor. No como, no hablo, no huelo, no me muevo, pero amo y sueño. Amaré la vida
hasta el último segundo. Ahora mi vida es un pensamiento permanente. Pienso que
la vida es hermosa porque me ha dado una mujer y unos hijos ejemplares. Pienso,
más que nunca, que he sido afortunado…. Disfruto del disfrute de los míos. Sin
ellos no viviría… Siempre quiero despertar mañana. Plantaría un árbol
aunque el mundo se acabara mañana».
Paco, como lo llamaban, afirmaba: «Creo en
Dios. Me parece que el cosmos y la vida sin él no tienen sentido. Cada mañana
agradezco a Dios el nuevo día…»
Cuando comenzó a sentirse enfermo, viajó por todo
el mundo con su mujer para dar primero con un diagnóstico y luego con un
tratamiento. Paco sabía que hoy por hoy no hay remedio para el ELA, pero creó
una fundación -que de entrada dotó con un millón y medio de euros- para
investigar la enfermedad y encontrar una solución médica.
La periodista le preguntó qué opinaba sobre las
personas que con ELA decidían optar por la eutanasia: «Lo respeto
profundamente», afirmó, pero inmediatamente aportaba su visión:
«El
Estado debe garantizar la supervivencia a quien decida continuar. Es el reto de
la Fundación. Que la supervivencia no dependa
del poder adquisitivo».
¿Se enfadó cuando le diagnosticaron la ELA? «No, no me
enfadé con nadie -aseguraba-, pero me destrozó. Interioricé que tenía
ELA pasado medio año y vi que podía ser una oportunidad de seguir siendo yo
mismo». La enfermedad, en su caso, fue un filtro entre sus
amistades: «Solo
conservo tres amigos de mi pasado -confesaba-. Pero he
ganado muchos: enfermos, médicos, científicos, los patronos de la Fundación y
otras personas que me agradecen lo que estoy haciendo».
«La dignidad que merece la
persona en el último tramo de su vida»
Francisco Luzón, el hombre que había tenido mucho
poder en la banca española, inmóvil y enfermo, mostraba un rostro sonriente y
tranquilo: «La
esperanza –le decía a la periodista- es el sueño
del hombre despierto. Sueño con que la ELA sea curable y, mientras, que los
enfermos sean tratados con la dignidad que merece la persona en el tramo final
de su vida. No soy un hombre desesperado».
La periodista habló también del valor del dinero.
– ‘¿Para qué sirve el dinero cuando no sirve de
nada?’. A lo que Paco Luzón le respondió:
– «No es cierto. Ahí está el caso de Amancio
Ortega y el mío. He creado una fundación para
ayudar a mis compañeros con ELA. El dinero es como el estiércol: de nada
sirve si no se esparce».
Hubo un último mensaje en la entrevista, cuando le
piden que dé un consejo a alguien diagnosticado de ELA. paco respondió: «Vive cada
minuto como si fuera el primero de tu vida».
Dolors Massot
Fuente: Aleteia






