Subrayó lo ya expresado en más de una ocasión por Francisco de reforzar los vínculos intergeneracionales, para que también la transmisión de la cultura y la fe "sea fluida y viva"
Tras la proyección de un vídeo realizado con imágenes de diferentes culturas en las que la vejez puede vivirse con ímpetu, escucha mutua y proximidad, monseñor Vincenzo Paglia, presidente de la Pontificia Academia para la Vida, abrió la rueda de prensa agradeciendo al Papa Francisco la institución de la "Jornada Mundial de los Abuelos y de los Ancianos", que se celebrará cada año el 25 de julio: una invitación a los creyentes para que crezca en ellos y en su entorno una nueva sensibilidad hacia los abuelos y los ancianos.
Aumenta el número de personas
mayores, pero no la cercanía
La Academia para la Vida destaca
la urgencia de una nueva atención a las personas mayores, teniendo en cuenta el
progresivo envejecimiento de la población en muchas sociedades. Paglia subrayó
que esta tendencia no ha ido acompañada de una proximidad hacia ellos y
-especificó- menos aún de una adecuada comprensión de la gran revolución
demográfica de estas últimas décadas. La pandemia, según Monseñor Paglia, no ha
hecho más que exacerbar la incapacidad de la sociedad contemporánea para
atender adecuadamente a sus ancianos, acentuando la cultura del descarte que
tanto preocupa al Santo Padre.
La pandemia y la masacre de
mayores
En la voz de Monseñor Paglia, se
recuerdan algunos datos, definidos como brutales, relacionados con la pandemia,
que ha segado a la población anciana en todos los continentes. Más de dos
millones trescientos mil ancianos han muerto a causa de Covid-19, la mayoría de
ellos mayores de setenta y cinco años. "Y la mayoría – señaló - murió en
instituciones para mayores". En Italia, la mitad de las víctimas ancianas
del coronavirus se registraron en los hogares de ancianos, mientras que sólo el
24% del total de fallecimientos correspondía a ancianos y personas mayores que
vivían en casa. Citó una investigación de la Universidad de Tel Aviv sobre
países europeos que mostraba la relación directamente proporcional entre el
número de camas en las residencias para ancianos y el número de muertes de
ancianos: "En todos los países la proporción es la misma: a medida que
aumenta el número de camas, también aumenta el número de víctimas en la
población de ancianos".
Repensar la atención a las
personas mayores
Buscar chivos expiatorios para
estas situaciones no es oportuno, sugiere Monseñor Paglia, quien sin embargo
invita a no callar: sería un silencio culpable y sospechoso. De ahí el
llamamiento: "Es urgente repensar globalmente la cercanía de la sociedad
hacia las personas mayores. Hay mucho que revisar en el sistema de atención y
asistencia a las personas mayores. La institucionalización de los ancianos en
residencias, en todos los países, no ha garantizado necesariamente mejores
condiciones de atención, especialmente para los más débiles". Se dirige a
todos, mostrando la tercera Nota producida sobre la pandemia, por la Academia.
El compromiso de la Iglesia: la
fragilidad no es una maldición
"No podemos no
comprometernos con una visión profunda que guíe el cuidado de la tercera y
cuarta edad", dijo el prelado al dirigirse al pueblo eclesial, recordando
que "la civilización de una época se mide por cómo tratamos a los más
débiles y frágiles". La muerte y el sufrimiento de los más ancianos no
pueden sino representar una llamada a hacer algo mejor, a hacer algo diferente,
a hacer más". Y va más allá cuando habla de la debilidad que - afirma- "no
es una maldición, sino una vía para encontrar a Dios en el rostro de
Jesucristo". Repite que la fragilidad puede convertirse en una fuerza
evangelizadora y que la Iglesia debe reinterpretar cada vez más su propia
vocación para ser un modelo y un faro para muchas familias y para toda la
sociedad "para que los que envejecen sean apoyados y ayudados a permanecer
en casa y nunca abandonados". Los ancianos, aunque ya no puedan hablar,
son el Magisterio, dijo Monseñor Paglia que concluyó con la lectura de un poema
"La vejez" de Edith Bruck, que mantuvo en casa a su marido enfermo de
Alzheimer hasta el final y lo recuerda como la época más hermosa de su vida.
Las personas mayores: memoria y
esperanza. El riesgo de considerarlos improductivos
Monseñor Bruno-Marie Duffè,
Secretario del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral,
recuerda la Exhortación Apostólica "Christus vivit", en la que el
Santo Padre evoca el testimonio de un joven auditor del Sínodo de los Jóvenes,
procedente de las Islas Samoa, que habla de la Iglesia como de una canoa, en la
que los ancianos ayudan a mantener el rumbo interpretando la posición de las
estrellas y los jóvenes reman con fuerza imaginando lo que les espera más
adelante. Si perdemos los consejos de los mayores, corremos el riesgo de perder
la memoria - explica Duffè - y, al perder la memoria, perdemos también la
esperanza. Duffè subraya una paradoja: los ancianos están siempre un paso por
delante, y, citando a San Agustín, recuerda la preciosa ayuda que nos llega de
los mayores, que pueden aconsejarnos y los más jóvenes pueden animarnos.
Advierte sobre la "cultura tecnicista, que sitúa la eficacia inmediata en
el centro del pensamiento y de la vida ", y que a menudo nos lleva a
abandonar a los ancianos, a considerarlos menos productivos, personas que están
en su final. El riesgo es el individualismo, que también en la Encíclica
Fratelli tutti el Papa muestra como un peligro siempre al acecho.
Lo que aprendemos de la pandemia:
el vínculo entre generaciones
El necesario distanciamiento
impuesto por la pandemia, que ha impedido a niños y jóvenes encontrarse con los
mayores, ha generado a veces verdaderos trastornos psicológicos en algunos
jóvenes, recuerda Duffè. De ahí que se subraye que la emergencia sanitaria ha
sacado a la luz un importante componente de las relaciones sociales: el diálogo
intergeneracional, hecho de sueños y ternura: "Si los ancianos siguen
soñando, los jóvenes pueden seguir inventando". Es el vínculo de la
escucha y el cuidado entre generaciones, el gran tesoro, la gran oportunidad
que se puede aprovechar de la tragedia de la pandemia que ha conmocionado al
mundo. Duffè concluye que en este tesoro de la memoria está realmente la fe,
recibida y ofrecida: ese sabor de la vida eterna que ya ha comenzado.
Japón, el país más anciano y la
discriminación de los enfermos infecciosos
Desde uno de los países en los
que la natalidad está disminuyendo drásticamente, intervino la profesora Etsuo
Akiba, docente de la Universidad de Toyama. En Japón, las personas mayores de
60 años representan el 98% de las muertes por coronavirus, indicó, y explicó
que en Tokio el número de muertes fuera de los hospitales está aumentando de
forma drástica. Etsuo Akiba lamenta que los medios de comunicación japoneses no
informen de la situación real de las muertes de los ancianos, sus historias
particulares, dónde y cómo murieron. El dolor de los nietos y familiares que
han perdido a un ser querido no es compartido por el público en general. En el
trasfondo de la indiferencia pública ante la muerte de los ancianos, se
encuentra la grave discriminación de quienes padecen enfermedades infecciosas y
también la brecha entre generaciones, provocada por la aparición de la visión
mononuclear de la familia desde la Segunda Guerra Mundial. En la base hay una idea
de autodeterminación que deriva de una "fuerte visión
individualista".
Una sociedad competitiva: el
aumento de los suicidios entre los jóvenes
La profesora se centra en la
educación en Japón, donde los estudiantes deben empeñarse en una fuerte competencia
dentro de un círculo cerrado. Habla de la difusión del acoso en las aulas, que
está muy extendido. Los que no lo soportan suelen aislarse, a veces durante
largos años y, en los peores casos, se suicidan. Los suicidios de estudiantes
mujeres están aumentando. En cuanto a la generación más anciana, la tendencia
es mudarse a las periferias, sola. El mayor temor de los ancianos es la
agnosia, la incapacidad de reconocer objetos y rostros familiares. La tendencia
es redactar una "Nota de Fin", rechazando los cuidados terminales
antes de perder la capacidad de autodeterminación. Ambas generaciones no
dialogan entre sí.
Proyectos de ayuda mutua
La cultura religiosa tradicional
de Japón está trabajando para crear una comunidad regional de ayuda mutua. Cita
el "Proyecto Ciudad Compacta", un proyecto de vinculación
intergeneracional en colaboración con la universidad y la industria de la
jardinería paisajística. El "Toyama Day Care System", introducido por
una enfermera jubilada hace 30 años, también se ha convertido en un proyecto
nacional. Los ancianos y los niños discapacitados conviven en la gran casa
tradicional japonesa diseñada para acoger a tres generaciones, con el apoyo de
los propios miembros de la familia y la ayuda del personal de soporte. Se ha
podido informar del extraordinario caso de cómo ha mejorado la condición de los
niños con Trastorno por Déficit de Atención en el hogar.
El llamamiento a no encerrarse
nacionalismos estériles
La profesora concluyó su discurso
invitando a profundizar en nuestras raíces, a reconducir la ética japonesa a su
origen último, al supremo bien común compartido por todos los seres humanos.
Hay que lograr una perspectiva cosmopolita, explica. El desarrollo de la
Bioética Global, promovida por la Pontificia Academia para la Vida, concluye,
podría ser una poderosa herramienta para el trabajo misionero.
Antonella Palermo - Ciudad del
Vaticano
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