17 – Marzo. Miércoles de la IV semana de Cuaresma
![]() |
| Misioneros digitales católicos MDC |
Evangelio según Juan 5, 17-30
En aquel
tiempo, Jesús dijo a los judíos (que lo perseguían por hacer curaciones en
sábado): “Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo”. Por eso los judíos
buscaban con mayor empeño darle muerte, ya que no sólo violaba el sábado, sino
que llamaba Padre suyo a Dios, igualándose así con Dios.
Entonces Jesús
les habló en estos términos: “Yo les aseguro: El Hijo no puede hacer nada por
su cuenta y sólo hace lo que le ve hacer al Padre; lo que hace el Padre también
lo hace el Hijo. El Padre ama al Hijo y le manifiesta todo lo que hace; le
manifestará obras todavía mayores que éstas, para asombro de ustedes. Así como
el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la
vida a quien él quiere dársela. El Padre no juzga a nadie, porque todo juicio
se lo ha dado al Hijo, para que todos honren al Hijo, como honran al Padre. El
que no honra al Hijo tampoco honra al Padre.
Yo les aseguro
que, quien escucha mi palabra y cree en el que me envió, tiene vida eterna y no
será condenado en el juicio, porque ya pasó de la muerte a la vida.
Les aseguro que
viene la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de
Dios, y los que la hayan oído vivirán. Pues así como el Padre tiene la vida en
sí mismo, también le ha dado al Hijo tener la vida en sí mismo; y le ha dado el
poder de juzgar, porque es el Hijo del hombre.
No se asombren
de esto, porque viene la hora en que todos los que yacen en la tumba oirán mi
voz y resucitarán: los que hicieron el bien para la vida; los que hicieron el
mal, para la condenación. Yo nada puedo hacer por mí mismo. Según lo que oigo,
juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del
que me envió”.
PALABRAS DEL
SANTO PADRE
Cristo es la
plenitud de la vida, y cuando afrontó la muerte la derrotó para siempre:
«Resucitando destruyó la muerte y nos dio vida nueva». (Oración eucarística
IV). La Pascua de Cristo es la victoria definitiva sobre la muerte, porque Él
trasformó su muerte en un supremo acto de amor. ¡Murió por amor! Y en la
eucaristía, Él quiere comunicarnos su amor pascual, victorioso. Si lo recibimos
con fe, también nosotros podemos amar verdaderamente a Dios y al prójimo,
podemos amar como Él nos ha amado, dando la vida. [...] Solo si experimentamos
este poder de Cristo, el poder de su amor, somos verdaderamente libres de
darnos sin miedo. AUDIENCIA GENERAL 22 de noviembre de 2017
Vatican News






