Un testimonio desgarrador: "Tenía 13 años y mis padres me hicieron un funeral porque pensaban que ya estaba muerto"
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| STEFANIE GLINSKI | AFP |
Charles
Mbikoyo Andrew es un sacerdote de 46 años de la diócesis de
Tombura-Yambio, Sudán del Sur.
En 1989, durante la guerra, el
grupo rebelde Liberación Popular de Sudán (SPLA) secuestró a 40 seminaristas y
al difunto rector, el padre Matthew Samusa. Charles Mbikoyo Andrew estaba
en ese grupo de niños y adolescentes llevados lejos para convertirlos en niños
rebeldes o ‘Nyony’, contó a Aleteia.
«Estaba en mi segundo año de
seminario menor en Rimenze, diócesis de Tombura-Yambio, Sudán del Sur, cuando
fuimos secuestrados. Tenía 13 años y mis padres me hicieron un funeral porque
pensaban que ya estaba muerto. Fuimos los primeros chicos secuestrados en
Yambio (capital del estado de Ecuatoria Occidental, cerca de la frontera con la
República Democrática del Congo)».
“Nos internaron en el bosque para
hacernos soldados. Caminábamos por la foresta todo el día, desde las 6 de la
mañana hasta las 6 de la tarde, durante 3 meses, haciendo ejercicio militar,
adiestramiento, hasta el agotamiento”.
Moriré en la guerra
El fenómeno de los niños-soldado
siempre ha existido, pero desde el año 2000 se considera un crimen de guerra.
Charles pensó que era el final:
“Moriré en la guerra”. La esperanza era una palabra distante como las caricias
de su madre y los momentos familiares. “No imaginaba que amigos, parientes y
personas de la comunidad rezaban, hacían la adoración al Santísimo y misas por
nuestras almas”.
“A veces no teníamos comida, sino
sólo miel y frutas en el bosque. Caminábamos desde Rimenze, Yambio, por la
selva hasta Yei (Se encuentra cerca de las fronteras de Uganda y la República
Democrática del Congo). Antes de ir a luchar, 5 de nosotros escapamos esa
mañana y llegamos a la ciudad de Yei por la noche”.
“Nuestro rector, el padre Matthew
Samusa, siempre nos dirigía palabras de esperanza y a veces rezábamos juntos.
Gracias a Dios no fuimos torturados físicamente y ninguno de nosotros murió”.
Una fuerza me protege
Padre Matthew Samusa les decía en
el secreto y a espaldas de los carceleros: “El Señor los ha escogido para ser
sacerdotes y les liberará”.
Charles hacía un esfuerzo enorme,
las plegarias parecían en vano, pero estrechaba las manos de sus compañeros al
decirlas. Padre Samusa les recordaba esos días felices en el seminario. Era una
luz tenue, muda, lejana quizá, pero que gritaba dentro: “Sé que hay una fuerza
por encima de mí, sé que me protege”, recuerda.
“Al final todos consiguieron
escapar y volver a casa: 3 de nosotros nos convertimos en sacerdotes, entre los
40 seminaristas que fueron secuestrados. En África y otras partes del mundo
siempre hay reclutamiento de niños y adolescentes cuando explota la guerra por parte
de los militares y de los rebeldes para obligarlos a pelear por ellos”.
El padre Charles Mbikoyo Andrew
que terminó sus estudios de Filosofía en la Universidad Urbaniana de Roma este
año, volverá a su patria en mayo para servir a la Iglesia local.
En Sudán del Sur, decenas de
miles de niños han sido víctimas de abusos. Entre ellos hay muchos niños
soldados, cuya inocencia ha sido robada.
Después de más de cinco años de
guerra civil y a pesar de los acuerdos de paz firmados en septiembre de 2018,
Sudán del Sur aún padece las consecuencias del conflicto. Cerca de 100.000
niños y adolescentes han sufrido abusos constantes. Entre ellos están los
llamados niños-soldado.
Ary
Waldir Ramos Díaz
Fuente: Aleteia






