El segundo día de las Jornadas organizadas por la Comisión Episcopal para el Clero y Seminarios, ha estado marcado por la sugerente y provocadora ponencia del sacerdote operario Emilio Lavaniegos
Sus
intervenciones, profundas, directas, con un estilo ameno e incentivando la
participación de los más de 40 asistentes de forma virtual a esta Jornada, han
estado aglutinadas de forma esquemática bajo el tema central de su
conferencia: Atención y cuidado de los sacerdotes: aspectos teóricos y
prácticos. Precedida por el saludo inicial de Gerardo Melgar, obispo
de Ciudad Real, y por la presentación del ponente por parte del arzobispo de
Urgell, Joan-Enric Vives i Sicília, el también presidente de la
Comisión Episcopal para el Clero y Seminarios hizo un breve repaso al currículo
de Lavaniegos, del que cabe destacar su profusa obra ensayística y sus
distintos cargos de responsabilidad en la gestión de seminarios y centros
religiosos tanto en México –su país de origen– como en Castellón, España, donde
en la actualidad dirige la Residencia Mosén Sol.
Esta
residencia, que oferta un servicio de acompañamiento integral a sacerdotes
diocesanos de toda España que experimentan diversas dificultades en su
vida y ministerio, dispone de una metodología llamada a marcar un antes y un
después en el crecimiento de los presbíteros que solicitan este tipo de ayuda
en nuestro país.
«La santidad no es tanto una meta
a la que yo aspiro sino un camino»
Junto a una imagen de la Sagrada
Familia, presente durante las dos ponencias, Lavaniegos ha insistido, como
premisa inicial, en que «la tarea de los delegados del clero debe ser la de
crear un clima en el que se pueda crecer».
Sus argumentaciones para el
cuidado de la vida sacerdotal han partido de la Ratio fundamentalis, focalizándose en el punto 82,
que, a su juicio, debería vertebrar toda la actividad de la pastoral destinada
a acompañar a los sacerdotes. Para ello, rescata del documento vaticano tres puntos
esenciales. En primer lugar, la formación permanente y concreta, encarnada en
la realidad del sacerdote en su diócesis. En segundo lugar, fomentar la
responsabilidad de cada presbítero respecto a su ministerio y la importancia
del cuidado de su propia persona, y, por último, la importancia de incentivar
la amistad entre colegas en un ámbito de fraternidad y comunión.
Lavaniegos ha alertado de algunos
riesgos en los que puede incurrir el sacerdote durante su trabajo como pastor y que pueden
tener consecuencias importantes en su salud física, psíquica y espiritual.
Aquí, el director de la Residencia Mosén Sol, ha hablado del exceso de
confianza en las propias fuerzas, el no asumir las limitaciones, el adolecer de
«vanidad litúrgica» o el no indentificar adecuadamente las heridas que «cada
uno de nosotros, sin excepción, llevamos a cuestas».
Para prevenir esta situación, de
hartazgo vocacional o de incapacidad para ejercer adecuadamente el ministerio sacerdotal,
Lavaniegos cree que «el equilibrio es crucial» para garantizar el crecimiento
personal. «Hay que ayudar a los sacerdotes a salir de su zona de confort», ha
sentenciado el sacerdote operario antes de abordar el siguiente bloque de su
ponencia.
«Los sacerdotes reclaman que sus
obispos estén más cerca y ellos tienen, como primera tarea, la obligación de
atender y escuchar sus necesidades»
Si bien Lavaniegos ha indicado
que el sacerdote es «el primer responsable y protagonista insustituible de su
propio crecimiento», ha señalado sin ambages la importancia de que los prelados
y vicarios episcopales estén cerca de sus sacerdotes, que identifiquen en qué
situación vital están y que pongan cartas en el asunto antes situaciones de
vulnerabilidad o desfallecimiento en el ejercicio de su ministerio.
La prevención, en este caso, es
capital para garantizar la buena salud del clero. Es por ello que Lavaniegos se
ha detenido unos minutos a explicar de forma sucinta el papel tan destacado que
juegan los arciprestazgos, los directores espirituales y la comunidad cristiana
en su conjunto para evitar la soledad y sentir el afecto del pueblo que
pastorea.
«Un sacerdote que acoge a un
hermano en dificultades en un tesoro»
Otra de las propuestas de este
cura operario ha sido el de que las diócesis españolas valoren la activación de
algunas casas de acogida donde otros sacerdotes puedan acompañar temporalmente
a los hermanos que estén atravesando un periodo de dificultad y ayudarles a
adaptarse cuando estos están recibiendo algún tratamiento o tienen que
acometer un cambio importante de responsabilidades o de estado de vida. Y este
proceso, indica Lavaniegos, debe darse de forma horizontal, no de arriba hacia
abajo.
Tras una breve pausa, Lavaniegos
ha continuado su ponencia marcando algunos aspectos prácticos que desde 2019
están poniendo en funcionamiento en la Residencia Mosén Sol. La higiene, el
cuidado médico, psicológico, psiquiátrico, el trabajo intelectual, el cuidado
de la casa… Son tareas que se han de acometer para caminar hacia la
autenticidad.
Dentro de la Residencia
distinguen dos itinerarios para los sacerdotes que llegan allí. Por un lado, el
llevar a cabo un procedimiento de crecimiento integral de 6 meses donde se
responde con honestidad a preguntas del tipo: ¿Cómo he llegado hasta
aquí? ¿Qué sacerdote debo ser? ¿Qué sacerdote necesita hoy mi diócesis?
¿Qué sacerdote puedo ser?
«La calidad de nuestra vida
cristiana depende de la calidad de nuestro perdón»
Ya por último, dirigiéndose a las
preguntas de los delegados, ha propuesto que se promueva una mayor cercanía
sabiendo que «el cometido principal debe ser el de acompañar a los
presbíteros».
Fuente: Revista Ecclesia






