Es posible que hieras a los demás o que otros te hieran, pero está en tu mano convertir las dificultades en oportunidades para amar
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| Antonio Guillem | Shutterstock |
La
vida se juega en esos momentos en los que decido soñar y volar alto. Cuando las
preocupaciones diarias dejan de ser un problema y se convierten en una
oportunidad para vivir más a fondo.
Cuando aparto con delicadeza la tristeza que me acaricia para que
no se enturbie mi ánimo y sonrío.
¿Por qué a veces mi mirada me hace ver ofensas donde no hay nada?
¿Por qué me comparo tanto con los demás si lo único que consigo con ello es
sufrir yo más?
Abro un espacio en el cielo por el que
puedan entrar la alegría, la luz de Dios y la esperanza en el
ánimo.
No
permito que la soledad empañe el corazón, porque sé que nunca estoy
solo, Jesús va conmigo.
Depende de mí
Confío en que la vida se juega en mi actitud de
cada día, de cada hora, cuando decido echarme la vida al hombro y comenzar a
caminar.
Es ahora cuando elijo quién quiero ser y hasta dónde pretendo
llegar con mi esfuerzo y la gracia de Dios.
Quizás
fracase en el intento pero lo habré dejado todo en el camino, no me habré
guardado nada y no habré escatimado esfuerzos.
Pasado, presente y futuro
Leía el otro día:
«Estamos
convencidos de que el tiempo es infinito y lo derrochamos sin medida; olvidamos
el pasado, descuidamos el presente y tememos mirar y afrontar el futuro, y así
se pasa la vida, y de repente un día te das cuenta de que no tienes nada, ni
tiempo, ni futuro, ni siquiera presente, tan sólo un pasado que ya no puedes
cambiar».
Paloma Sánchez-Garnica, Mi recuerdo
es más fuerte que tu olvido
No quiero vivir así, lamentando los días pasados, echando de menos
el ayer dormido.
El hombre que no aprende de su pasado nunca será sabio. El que
olvida lo ocurrido no aprenderá de sus errores.
Tengo que aceptar que no puedo cambiar lo que ya fue. Es
pasado y por eso queda atrás.
Elegir con responsabilidad
Pero sé que sí puedo construir un futuro diferente.
«La única
libertad está en poder elegir lo que quieres hacer, asumiendo siempre las
consecuencias».
J. Kentenich, Lunes por
la tarde,Tomo 2: Caminar con Dios a lo largo del día
Elijo
con libertad lo que quiero ser y cómo quiero vivirlo. Mi rostro, mi sonrisa,
mis maneras. Las palabras educadas, la sinceridad en los labios, la
tranquilidad para enfrentar la vida.
Elijo mis
acciones haciéndome responsable de aquello
por lo que opto, de aquello que descarto y dejo atrás.
Por eso no me ofusco cuando no resulta todo como yo quiero. Asumo la
posibilidad de dejar escapar las oportunidades.
Y me levanto siempre de nuevo, sabiendo que el nuevo día es mío y
yo soy su dueño.
Aprovechando el momento
No
tengo un tiempo infinito ante mis ojos, todo es finito en esta vida.
Todo está limitado por el tiempo que se escapa y los días pasarán rápidamente
ante mis ojos.
Yo decido con qué hondura quiero vivir la vida. Puedo vegetar
en la superficie de todo lo que me sucede. O puedo meditar en lo hondo de mi
corazón cada acontecimiento que enfrento.
Siempre puedo decidir lo que voy a hacer con cada hora.
Aceptar las cosas como son
Opto
por una manera sencilla de enfrentar los contratiempos. Y vivo feliz y alegre en
medio de las tormentas y turbulencias de este tiempo que
encaro.
No tengo necesidad de que todo resulte
como yo quiero. Tampoco me provoca ansiedad lo que aún desconozco.
Abrazo la vida como es, en toda su
belleza, y descanso en su presencia que me invade.
Con la
seguridad de que Dios me ama
Llevo
dibujada en la piel la marca de los hijos más amados por Dios. Él me quiere y
no me va a dejar nunca solo.
Yo quiero responderle con la misma
moneda, con mi amor inmenso, aunque finito.
Por eso le hablo a Dios como a un amigo, alguien que va a mi lado
al que no es necesario explicárselo todo para que me entienda. Decía el Padre
Kentenich:
«¿Entienden
qué significa orar
de forma personal? Yo considero que a Dios le gusta más eso que
si se reza una docena de rosarios.
Y tienen que grabárselo: si queremos pasar el día
con Dios, tenemos que aprender a hablar personalmente con él.
Y cuanto más espontáneo y auténtico
sea, tanto mejor. Cuanto más desafectado y natural, tanto mejor.
Es Dios mismo
el que me inspira ese hablar en mi interior. No tengo que imitar cómo lo hace
esta o aquella persona».
Juntos tal como somos
Así
es como quiero caminar con Dios, de su mano, amando de forma personal,
contándole de forma auténtica todo lo que hay en mi corazón.
No me escondo detrás de frases bonitas, de poesías llenas de
hondura e imágenes.
Le hablo con palabras claras y sencillas y le cuento todo lo que
me sucede. Lo que siento, lo que temo, lo que amo, lo que sueño.
Y Él me mira conmovido, me ama como soy y sonríe. Le
gusta mi forma de hacer las cosas.
Con Él, todo va bien
Elijo
a ese Dios tan grande que decidió hacerse niño para habitar en mis manos. Y
sigo sus huellas aunque no entienda mucho.
Sólo sé que una actitud positiva y alegre lo cambia todo. Dejo la
envidia atrás. Y hago que mi egoísmo se convierta en entrega. Dejo a un lado
los miedos y me visto de valentía.
Y abrazo a Dios confiando que nunca va a salir mal nada de lo
que emprenda a su lado.
Así es posible el perdón salvador
Permanezco fiel a
las personas que me han confiado. No dudo de ellas incluso cuando he sido
traicionado.
Perdono las ofensas, porque guardar rencor me enferma y vuelve
negra mi alma. Acepto los errores de los demás igual que asumo los míos.
Puedo herir sin quererlo y puedo ser
herido, pero el perdón es lo que siempre me salva.
Carlos Padilla Esteban
Fuente: Aleteia






