Puedo admirar lo que soy, mi vida y la de los demás, no me detengo en las faltas, defectos y carencias
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Imagino escenas a partir de unas pocas palabras, me bastan
para llorar por cosas que nadie ve, sólo yo las intuyo.
Puede que perciba un mundo escondido bajo el agua, en la
noche, un mundo diferente que sólo yo observo.
Mientras los demás se quedan con otras realidades, más
aparentes, más visibles, más tangibles.
Y pienso que soy raro o extraño. O creo que no
encajo.
Buscando el camino
Me gusta una escena de la película Soul. La protagonista no encuentra su lugar en esta
vida, no halla su camino:
«La verdad es que siempre pensé que había algo malo conmigo.
Ya sabes, tal vez no soy lo suficientemente buena para vivir. Pero luego tú me
mostraste los propósitos, la pasión. Tal vez observar el cielo pueda ser mi
chispa, o caminar, soy buena en eso de caminar».
Hasta que la miran de una forma nueva. Y comienza a ver que
lo que hay en ella es un camino para ser feliz, una oportunidad para
desarrollar dones ocultos.
Tengo mil oportunidades ante mis ojos para sacar a la luz lo
que llevo escondido. No tengo que ser como los demás esperan.
Ni siquiera cumplir con mi vida el sueño de otros, o calmar
sus expectativas.
Sólo necesito que alguien vea en mí una luz original,
un sueño propio, virginal, sagrado. Un deseo de ser un destello de la luz de
Dios entre los hombres.
Sólo eso.
Mi luz interior
¿Acaso no conozco a personas que dan luz? Yo tengo una luz
dentro. Cada uno tiene su luz, su brillo, su alma, su forma de irradiar
algo que viene del cielo.
Pero a veces, es verdad, la vida opaca mi luz. Se ahoga el
grito de mi vida dentro de la garganta.
Pierdo la fuerza interior, dejo de soñar con las alturas. Y
mendigo cariño sin encontrar un sentido.
Pero ¿realmente basta con encontrarle un sentido a las
cosas? No, quizás no basta.
Es necesario un paso más, un vuelo más alto, un fuego
más poderoso para que todo pueda brillar de nuevo dentro de mí.
¿Basta con saber que alguien me ama como soy, en mi esencia,
conociendo todos mis límites y carencias?
¿Basta un amor así o es necesario que yo también llegue a
amar de la misma manera? Creo que sí. Esos dos amores son necesarios.
Y luego el amor propio que me permite luchar superando mis
barreras. Las que otros me han impuesto o las que yo he construido a base de
decepciones.
Tengo algo de Dios oculto en los pliegues de mi alma limitada.
Tengo una forma parecida a la que Dios soñó al crearme.
El amor es ahora
Estoy hecho para la eternidad mientras consumo mis días sin
prestar atención al cielo. No deseo llegar pronto. En cualquier caso deseo,
como todos, una vida plena.
Y siento que necesito quererme más y ver lo bello que
hay en mí. Quiero admirarme y subir la autoestima. Apreciar el tesoro
que llevo escondido en una vasija de barro.
Quisiera ser dueño de mis emociones. Y no correr como
un loco de un lado para otro intentando apagar mil incendios y encender otros
muchos fuegos.
Cuanto más avanzo parece que el final del camino, ese final
soñado, no sé cómo pero queda más lejos.
Tal vez sólo me vale vivir ahora, en presente, soñar
andando, sin prisas, sin hacer planes, sin proyectarme.
Decido así no hacer planes que luego puedan desbaratarse. La
vida es tan frágil y endeble como un castillo de naipes.
O como un poema lanzado al viento, que no espera ningún eco.
O como esa canción que no logro entonar cansada el alma.
Beso mi hoy con pausa, sin decir mucho, guardando un
silencio hondo y precioso.
Mi vida tiene un gran sentido
Me acepto en mi verdad, con mis límites, sin ocultar mis
carencias. Como decía el padre José Kentenich:
«Somos maestros en ocultar nuestras cualidades negativas
ante la mirada de extraños, ¿no deberíamos esforzarnos también en cubrir las
del prójimo con el manto del amor?».
King, Herbert. King Nº 2 El Poder del Amor
Cubro con un manto las carencias ajenas. Y no me importa
mostrarme débil ante quien me mira, con esa mirada que sólo tiene Dios al
mirarme. Esa mirada que me acepta, acoge y no condena.
Tengo claro que hay un propósito para mí en este mundo, un
camino, un bosque, un lago y un mar para vivir tranquilo.
Hay corazones a los que amar y en los que echar
raíces. Hay una verdad en la vida que yo apenas deletreo con un corazón de
niño.
Y me quito el miedo de un manotazo para que no me impida
emprender nuevos vuelos. Sé que mi vida se une con otras piezas en el puzle de
mi historia. Encajando unas con otras o sobrando cuando sobran.
Sé que no puedo vivir sin pasión la vida, sin esperanza.
Cada presente que toco forma parte de mi historia.
Y lo enfrento sin miedo, sin temer que se me escape. Lleno
de esa esperanza santa de Jesús ante la vida.
Me arrodillo tranquilo ante el futuro. Sé que puedo
admirar la vida que Dios me entrega. No me detengo en mis faltas, defectos y
carencias. Me fijo en los puntos fuertes, en mis dones y talentos.
Lo mismo hago con mi hermano, con aquel con quien navego.
Veo sólo lo que brilla, no me fijo en lo que está muerto. Admiro la belleza
como Dios admira la mía. Siento la paz dentro. Todo encaja.
Carlos Padilla Esteban
Fuente: Aleteia






