El Papa Francisco exhortó a la comunidad cristiana a no perder la capacidad de asombro ante la encarnación de Dios, porque, “sin asombro, la fe se convierte en una letanía cansada que lentamente se apaga”
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| Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa |
El Pontífice llamó la atención
sobre el hecho de que los paisanos de Jesús lo conocen, pero no lo reconocen.
“Hay diferencia entre conocer y reconocer: podemos conocer varias cosas de una
persona, hacernos una idea, fiarnos de lo que dicen los demás, quizá de vez en
cuando verla por el barrio, pero todo esto no basta. Se trata de un conocer
superficial, que no reconoce la unicidad de una persona”.
Advirtió que “cuando o hacemos
que prevalezca la comodidad de la costumbre y la dictadura de los prejuicios,
es difícil abrirse a la novedad y dejarse sorprender”.
“Al final sucede que muchas
veces, de la vida, de las experiencias e incluso de las personas buscamos solo
confirmación a nuestras ideas y a nuestros esquemas, para nunca tener que hacer
el esfuerzo de cambiar”.
Señaló que “puede suceder también
con Dios, precisamente a nosotros creyentes, a nosotros que pensamos que conocemos
a Jesús, que sabemos ya mucho sobre Él y que nos basta con repetir las cosas de
siempre. Pero sin apertura a la novedad y a las sorpresas de Dios, sin asombro,
la fe se convierte en una letanía cansada que lentamente se apaga”.
Es lo que les sucedió a “los
paisanos de Jesús”, no lo reconocen porque “no aceptan el escándalo de la
Encarnación. Es escandaloso que la inmensidad de Dios se revele en la pequeñez
de nuestra carne, que el Hijo de Dios sea el hijo del carpintero, que la
divinidad se esconda en la humanidad, que Dios habite en el rostro, en las
palabras, en los gestos de un simple hombre”.
“He aquí el escándalo: la
encarnación de Dios, su concreción, su ‘cotidianidad’. En realidad, es más
cómodo un dios abstracto y distante, que no se entromete en las situaciones y
que acepta una fe lejana de la vida, de los problemas, de la sociedad”.
“O nos gusta creer en un dios ‘de
efectos especiales’, que hace solo cosas excepcionales y da siempre grandes
emociones. Sin embargo, Dios se ha encarnado: humilde, tierno, escondido, se
hace cercano a nosotros habitando la normalidad de nuestra vida cotidiana. Y
entonces, como los paisanos de Jesús, corremos el riesgo de que, cuando pase,
no lo reconozcamos, es más, nos escandalizamos de Él”, concluyó el Papa Francisco.
Por Miguel Pérez Pichel
Fuente: ACI Prensa






