¡Que ninguno los deje, a ustedes o a cualquier otra persona, fuera de la Iglesia!
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| Vatican News |
En un emotivo encuentro con la comunidad gitana en Eslovaquia, el
Papa Francisco les dijo que “ustedes albergan gran amor y respeto por la
familia, y miran a la Iglesia a partir de esta experiencia”, por ello “ustedes
son bienvenidos, siéntanse siempre en casa en la Iglesia”.
Además el Santo Padre hizo un llamado a que “nunca tengan miedo de
estar aquí. ¡Que ninguno los deje, a ustedes o a cualquier otra persona, fuera
de la Iglesia!”.
A continuación el texto completo del discurso:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenas tardes!
Y nos ve hijos. Tiene mirada de Padre, mirada de predilección por
cada hijo. Si yo acojo esta mirada sobre mí, aprendo a ver bien a los demás,
descubro que tengo a mi lado otros hijos de Dios y los reconozco como hermanos.
Esta es la Iglesia, una familia de hermanos y hermanas con el mismo Padre, que
nos ha dado a Jesús como hermano, para que comprendamos cuánto ama la
fraternidad. Y anhela que toda la humanidad llegue a ser una familia universal.
Ustedes albergan gran amor y respeto por la familia, y miran a la Iglesia a
partir de esta experiencia. Sí, la Iglesia es casa, es su casa. Por eso
—quisiera decirles con el corazón— ustedes son bienvenidos, siéntanse siempre
en casa en la Iglesia y nunca tengan miedo de estar aquí. ¡Que ninguno los
deje, a ustedes o a cualquier otra persona, fuera de la Iglesia!
Ján, me has saludado con tu esposa Beáta. Juntos han antepuesto su
sueño de familia a vuestras grandes diferencias de proveniencia, usos y
costumbres. Su matrimonio es el que testimonia, más que muchas palabras, cómo
lo concreto de la vida juntos puede derribar numerosos estereotipos, que de lo
contrario parecieran insuperables. No es fácil ir más allá de los prejuicios,
incluso entre los cristianos. No es sencillo valorar a los otros, a menudo se
los ve como obstáculos o adversarios y se expresan juicios sin conocer sus
rostros y sus historias.
Pero escuchemos lo que dice Jesús en el Evangelio: «No juzguen»
(Mt 7,1). El Evangelio no debe ser endulzado, no debe ser diluido. No juzguen,
nos dice Cristo. Cuántas veces, en cambio, nosotros sólo hablamos sin tener
elementos o de oídas, sino que nos consideramos en lo correcto cuando somos
jueces implacables de los demás. Indulgentes con nosotros mismos, inflexibles
con los otros. ¡Cuántas veces los juicios son en realidad prejuicios, cuántas
veces adjetivamos! La belleza de los hijos de Dios, que son nuestros hermanos,
se desfigura con palabras. No se puede reducir la realidad del otro a los
propios modelos prefabricados, no se puede encasillar a las personas. Ante
todo, para conocerlas verdaderamente, es necesario reconocerlas. Reconocer que
cada uno lleva en sí la belleza imborrable de hijo de Dios, en la que se
refleja el Creador.
Queridos hermanos y hermanas, demasiadas veces han sido objeto de
preconceptos y de juicios despiadados, de estereotipos discriminatorios, de
palabras y gestos difamatorios. De esta manera todos nos hemos vuelto más
pobres, pobres de humanidad. Lo que necesitamos es recuperar dignidad y pasar
de los prejuicios al diálogo, de las cerrazones a la integración. Pero, ¿cómo
hacer? Nikola y René, ustedes nos han ayudado. Su historia de amor nació aquí y
maduró gracias a la cercanía y al aliento que recibieron. Se sintieron
responsables y aspiraron a un trabajo, se sintieron amados y crecieron con el
deseo de dar algo más a sus hijos.
Así nos dieron un hermoso mensaje: donde se cuida a la persona, donde hay
trabajo pastoral, donde hay paciencia y concreción llegan los frutos. No llegan
inmediatamente, sino con el tiempo, pero llegan. Juicios y prejuicios sólo
aumentan las distancias. Conflictos y palabras fuertes no ayudan. Marginar a
las personas no resuelve nada. Cuando se alimenta la cerrazón, antes o después
estalla la rabia. El camino para una convivencia pacífica es la integración. Es
un proceso orgánico, lento y vital que se inicia con un conocimiento recíproco,
va adelante con paciencia y mira al futuro. ¿Y a quién le pertenece el futuro?
A los niños. Ellos son los que nos orientan. Sus grandes sueños no pueden
hacerse añicos contra nuestras barreras. Ellos quieren crecer junto a los
demás, sin obstáculos ni exclusiones. Merecen una vida integrada y libre. Ellos
son los que motivan decisiones con amplitud de miras que no buscan el consenso
inmediato, sino que velan por el porvenir de todos. Por los hijos deben tomarse
decisiones valientes; por su dignidad, por su educación, para que crezcan bien
arraigados en sus orígenes y, al mismo tiempo, para que no vean coartada
cualquier otra posibilidad.
Agradezco a quienes llevan adelante este trabajo de integración
que, además de que comporta no poco esfuerzo, a veces recibe incomprensión e
ingratitud, incluso dentro de la Iglesia. Queridos sacerdotes, religiosos y
laicos, queridos amigos que dedican su tiempo para ofrecer un desarrollo
integral a sus hermanos y hermanas, ¡gracias! Gracias por todo el trabajo con
quienes están en los márgenes. Pienso también en los refugiados y en los
detenidos. A ellos, en particular, y a todo el mundo penitenciario expreso mi
cercanía. Gracias, don Peter, por habernos hablado de los centros pastorales,
donde no hacen asistencialismo social, sino acompañamiento personal. Sigan
adelante en este camino, que no engaña de poder dar todo y rápidamente, sino
que es profético, porque incluye a los últimos, construye fraternidad, siembra
la paz. No tengan miedo de salir al encuentro de quien está marginado. Se darán
cuenta de que salen al encuentro de Jesús. Él los espera allí donde hay
fragilidad, no comodidad; donde hay servicio, no poder; donde es posible
encarnarse, no buscar sentirse satisfechos. Allí está Él.
Y los invito a todos ustedes a ir más allá de los miedos, más allá
de las heridas del pasado, con confianza, un paso tras otro: en el trabajo
honesto, en la dignidad de ganarse el pan cotidiano, alimentando la confianza
recíproca. Y en la oración los unos por los otros, porque esto es lo que nos
orienta y nos da fuerza. Los animo, los bendigo y les traigo el abrazo de toda
la Iglesia. Gracias. Palikerav.
Fuente: ACI Prensa






