21 – Noviembre. Domingo. Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo
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Evangelio según san Juan 18, 33b-37
«¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús le contestó: «¿Dices
eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?». Pilato replicó: «¿Acaso
soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has
hecho?». Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino
fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de
los judíos. Pero mi reino no es de aquí». Pilato le dijo: «Entonces, ¿tú
eres rey?». Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y
para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es
de la verdad escucha mi voz».
PALABRAS DEL SANTO PADRE
La salvación no comienza con la confesión de la realeza de Cristo,
sino con la imitación de sus obras de misericordia a través de las cuales Él
realizó el Reino. Quien las realiza demuestra haber acogido la realeza de
Jesús, porque ha predispuesto un espacio en su corazón a la caridad de Dios. Al
atardecer de la vida seremos juzgados en el amor, en la proximidad y en la
ternura hacia los hermanos. De esto dependerá nuestro ingreso o no en el Reino
de Dios, nuestra ubicación en una o en otra parte. Jesús, con su victoria, nos
abrió su Reino, pero está en cada uno de nosotros la decisión de entrar en él,
ya a partir de esta vida —el Reino comienza ahora— haciéndonos concretamente
próximo al hermano que pide pan, vestido, acogida, solidaridad, catequesis. Y
si amaremos de verdad a ese hermano o a esa hermana, seremos impulsados a
compartir con él o con ella lo más valioso que tenemos, es decir, a Jesús y su
Evangelio. (Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, 23
de noviembre de 2014)
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