7 – Diciembre. Martes. San Ambrosio, obispo y doctor de la Iglesia
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Evangelio según san Mateo 18,
12-14
¿Qué os parece? Suponed que un
hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en
los montes y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os
digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían
extraviado. Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el
cielo que se pierda ni uno de estos pequeños.
Comentario
En este capítulo del evangelio de
Mateo se reúnen algunas instrucciones sobre el modo de actuar en la comunidad
de los que siguen a Jesús. El cuadro que dibuja Mateo sitúa a Jesús rodeado de
los discípulos, que tienen mucho interés en saber quién es el más grande en el
Reino de los Cielos.
Y en ese contexto Jesús habla de
un hombre que teniendo cien ovejas, pierde una y se va a buscarla dejando a las
otras noventa y nueve. Y no ceja en su empeño hasta que la encuentra. Y se
alegra por ella, más que por las noventa y nueve que no se habían perdido.
E inmediatamente presenta la
explicación de esta historia: el Padre no quiere que se pierda ni uno de estos
pequeños. El pequeño era el niño, personificación de los “últimos”, de los que
no cuentan para nada. Y nos está diciendo claramente que Dios quiere la salvación
de todos y cada uno de sus hijos. De modo que si alguno de nosotros anda
perdido, la comunidad debería hacer cuanto está en su mano para “encontrarlo”,
para recibirlo, acogerlo, integrarlo…
Pero aún hay algo mejor e
“impensable” para cada uno de nosotros, algo que se convierte en cimiento y
alegría de nuestra vida: en tantas situaciones o momentos de la vida en que nos
podemos sentir “perdidos”, Dios mismo nos busca, incansable, y se alegra
infinitamente si nos dejamos encontrar…
Fuente: Dominicos





