Entrevista con el arzobispo Gabriele Giordano Caccia, observador permanente de la Santa Sede ante la ONU
| El arzobispo Gabriele Caccia entrega el premio "Path to peace" al secretario general de la ONU, António Guterres |
¿Qué
hace la Santa Sede en las Naciones Unidas? La presencia del Vaticano como
miembro observador permanente en esta institución permite al Papa dar voz a los
dramas y preocupaciones de millones de personas. De otro modo, muchas de estas
instancias habrían quedado sumidas en el olvido.
Así lo expresa en esta entrevista el arzobispo
Gabriele Giordano Caccia, observador permanente de la Santa Sede en la sede de
las Naciones Unidas en Nueva York.
Nacido en Milán, de niño no podía imaginar un destino como éste:
llevar la voz del Papa a la asamblea de las naciones.
Estas son las confidencias que ha querido compartir con Aleteia
este nuncio apostólico, que anteriormente ha servido a Juan Pablo II,
Benedicto XVI y Francisco en la Secretaría de Estado del
Vaticano, así como nuncio apostólico en El Líbano y Filipinas.
–¿Cómo se vive y se comunica la
alegría del Evangelio en las Naciones Unidas?
–Arzobispo Gabriele
Caccia: A las Naciones Unidas llegan los dramas y los grandes problemas
del mundo actual, pero también las aspiraciones más profundas de la humanidad.
En el diálogo y el respeto, en la comprensión y la escucha, se abre el camino
para compartir la buena noticia de la cercanía de Dios y la solidaridad
fraterna, que puede animar una profunda amistad social para afrontar los retos
globales.
En el diálogo y el respeto, en la comprensión y la escucha, se
abre el camino para compartir la buena noticia de la cercanía de Dios y la
solidaridad fraterna
–La misión del representante papal en
las Naciones Unidas: ¿promover la agenda del Papa en un entorno que no siempre
lo acepta?
–Arzobispo Gabriele
Caccia: La misión de la Iglesia encuentra la misma aceptación o rechazo
que el propio Señor experimentó y de la que habló a sus discípulos. En realidad
hay mucho respeto y atención por las posiciones de la Iglesia y del Santo
Padre, sobre todo porque se apoyan en el trabajo silencioso y concreto de las
muchas realidades eclesiales arraigadas en todo el mundo, y en particular
en los países más pobres, donde buscan aliviar el sufrimiento y las heridas de
la humanidad, así como alentar la esperanza y el compromiso por un mundo más
justo, fraterno y también reconciliado.
–¿Cómo es posible ser arzobispo
y diplomático sin dificultades?
–Arzobispo Gabriele
Caccia: No se trata de no tener dificultades, sino de intentar hacer lo
correcto, asumiendo posiblemente las consecuencias que puedan surgir, pero con
un enfoque que busca crear «puentes» y no «diafragmas», respetando siempre la
libertad y la responsabilidad de cada persona.
Crear «puentes» y no «diafragmas», respetando siempre la libertad
y la responsabilidad de cada persona.
–El Papa parece tener una agenda
centrada en la migración y las personas vulnerables, el cuidado de la naturaleza,
la paz y el desarme. ¿Es esto así, o son los medios de comunicación los que
amplifican estos temas?
–Arzobispo Gabriele
Caccia: La agenda del Santo Padre es mucho más amplia, pero ciertamente se
dan coincidencias e interacción recíproca con muchos de los temas que las
Naciones Unidas promueven en diferentes circunstancias, ya sea con la
presentación de cuestiones pendientes de larga data o ya sea con muevos
desafíos ligados a la evolución de la sociedad.
–¿Qué es lo que más aprecian de la
Santa Sede los países con los que dialoga?
–Arzobispo Gabriele
Caccia: Habría que plantearles la cuestión, pero creo que hay
probablemente dos aspectos que suscitan respeto y consideración: la perspectiva
universal inherente a la «catolicidad» y la libertad de no estar atado a ningún
«grupo», por intereses económicos, militares, geopolíticos, sino anclado en
valores profundamente humanos, fundados en la dimensión trascendente de la
persona y, por tanto, capaces de dirigirse a todos y a todas las dimensiones
del ser humano.
–La Santa Sede ha concedido la
edición de este año del premio Path to Peace al
secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres. ¿Qué se ha querido
subrayar con esta iniciativa?
–Arzobispo Gabriele Caccia: El premio, que
se suspendió el año pasado a causa del Covid, pretendía conmemorar el 75º
aniversario de la fundación de las Naciones Unidas, reafirmando el papel
decisivo que esta organización desempeña para la paz, el desarrollo, los
derechos humanos y la legalidad en el mundo actual.
El premio al secretario general consolida una tradición, ya que el
primero se concedió en 1993 al entonces secretario general, Boutros Ghali, y
luego, en 2000, a Kofi Annan.
Tampoco debemos olvidar la significativa audiencia del Papa
Francisco con el Secretario General António Guterres en el Vaticano y su
inédito pero importante mensaje conjunto con vistas a las celebraciones del 75º
aniversario de la Organización, que tuvo lugar justo antes de Navidad, el 20 de
diciembre de 2019.
–Cuando era niño, ¿se imaginaba que un día
se encontraría en una sede tan influyente como ésta, en Nueva York, defendiendo
los valores del Evangelio?
–Arzobispo Gabriele Caccia: Ciertamente no. Ni de niño, y mucho menos de adulto.
Básicamente, he confiado mi vida al Señor y es Él quien me envía donde quiere,
a través del discernimiento de la Iglesia.
Jesus Colina - Miriam
Díez Bosch
Fuente: Aleteia





