¿Cuál es la opinión que realmente importa?
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En una ocasión un rebaño de ovejas quedó atrapado en un vado
rodeado por las aguas del río que se había desbordado. Había llovido
mucho los días anteriores.
Los pastores estaban desesperados tratando de salvar a las ovejas
que se encontraban atrapadas.
En un momento dado una de las ovejas, la primera,
decidió emprender la aventura y se lanzó al agua dispuesta a cruzar el
río. Lamentablemente las aguas corrían con mucha fuerza y
la arrastraron.
Lo terrible fue que las que iban
detrás hicieron lo mismo, siguieron a la primera y murieron más de cien ovejas.
Cuando me
contaron la historia me quedé impresionado. Ninguna de las ovejas del
grupo se detuvo al ver lo que le pasaba a la que iba justo delante.
No lo vio, no lo entendió y siguió sus pasos. Quizás creyó que a
ella no le pasaría lo mismo.
Ser gregario es más fácil
Pienso que en la vida a menudo me siento oveja. Puede que no me
lleven las aguas de ningún río. Pero sí siento que me llevan por
delante las corrientes de pensamiento que se imponen a mi alrededor.
Si alguien critica a otro acabo haciendo mía esa misma crítica. Me dejo llevar
por lo que ven las mayorías.
No me gusta destacarme o pensar diferente. Prefiero ser
gregario, parte de un grupo y pasar desapercibido.
Si hacen críticas a una persona de mi entorno y se ríen de ella me
sumo, no la defiendo, no me pongo a su lado para protegerla.
Me sumo a la condena porque defender al atacado es más complicado,
exige más fuerza por mi parte y que sea capaz de saltar una barrera complicada.
Si lo hacen con él también lo acabarán haciendo conmigo. Si todos
piensan de una determinada manera sobre un tema no seré yo quien salte con
discrepancias.
¿Quién soy en realidad?
Si todos van en una dirección no querré yo cambiar el rumbo.
Aunque parezca que se adentran en las aguas veloces de un río. Aunque corra
peligro su vida.
Me defiendo, me escondo, prefiero pasar desapercibido. Decía
Marcos Abollado Rego:
«¿Quiénes somos? Tenemos distintas
caretas. Cuando no las tengo soy borde. Nos hace ser distintos y esconder lo
que somos».
No quiero ser diferente a la masa. No quiero llamar la atención.
¿Quién soy yo en realidad? Me gustaría ser capaz de ser yo mismo sin
pretender gustar a todos.
No quiero parecerme a los demás, todos ocultos bajo una misma
apariencia. Quiero ser original y no tener miedo de manifestar mis creencias,
mis puntos de vista, mis experiencias que me han hecho de una determinada
manera.
Actuar me enferma
Soy libre para darme desde mi originalidad. ¿Sé quién soy,
me conozco? ¿O
me he ido conformando con la masa y soy una pieza más de
un gran organismo?
Me gustaría ser más auténtico, más verdadero. Me da miedo
que los demás no me acepten, no me quieran.
Lo increíble es que puede pasarme incluso con la persona a la que
más amo. No lo digo lo que pienso sino lo que ella quiere oír.
No me comporto de forma natural sino que actúo para ser
aceptado, para que me mire bien, para que me quiera más.
Eso acaba enfermándome porque renuncio
a mi identidad. Oculto lo que
de verdad pienso.
«Todos lo hacen»
O pienso lo que otros piensan
renunciando a lo que hay en mí que es irrenunciable. Dejo a un lado mi
capacidad de decidir y actuar.
Me dejo llevar, y como esas ovejas pongo la responsabilidad en el
que va delante de mí, en el que se lanza al agua antes que yo.
No me cuestiono su comportamiento. No decido qué quiero hacer yo
con mi vida. Hago
lo que otros hacen.
Si otros mienten, yo miento. Si otros engañan, yo también engaño.
Si otros tratan mal a los débiles, yo también me ensaño con ellos. Si otros son
groseros y crueles, yo adopto ese mismo comportamiento.
El miedo a desentonar, a salir de la masa…
¿Cómo conservar la autenticidad?
Algo fundamental en este mundo en el que vivo es ser capaz de
formar una personalidad fuerte, capaz de tomar
decisiones con libertad, capaz de ser uno mismo
en cualquier circunstancia.
No voy a adaptarme a los ambientes para pasar desapercibido.
Prefiero ser yo mismo, ser auténtico, ser capaz de vivir con la cabeza alta. No
porque otros lo hagan o lo piensen yo voy a ir detrás.
Para eso necesito hacer introspección, buscar en mi
mundo interior y decidirme a ser yo mismo en cualquier circunstancia.
No me voy a dejar llevar por la corriente, lo tengo claro. Mis raíces tienen
que ser profundas para que las aguas no me lleven.
El ambiente en el que vivo influye, las personas que me aman
influyen en mí, el amor asemeja.
Ser más libre
El problema real es cuando no sé
realmente quién soy, cuáles son mis valores, mis fuerzas, mis puntos de vista.
El problema es cuando no tengo opinión propia sobre nada y voy
cambiando de opinión dependiendo de con quién me encuentre.
Por eso a veces busco a la masa para protegerme, para que me
protejan y defiendan otros, para que no me sienta expuesto a las críticas y
juicios de los demás.
Creo que necesito pensar más, leer más, formarme
más, saber más. Necesito ser más libre y no buscar la
aprobación en todo lo que hago.
Saber que las críticas no me hacen
peor de lo que son. Y los halagos tampoco me mejoran.
La opinión más importante es la que
Dios tiene sobre mí. Y esa opinión no cambia, es inmutable
haga lo que haga.
Aunque sea el peor de los pecadores, Dios no va a dejar
nunca de amarme. Eso me salva y me calma porque sé que la
opinión de los hombres es muy volátil. No me da paz. Me quita la seguridad.
Carlos Padilla Esteban
Fuente: Aleteia






