NUESTROS MOVIMIENTOS EN COPEI JORNADA FESTIVA 1 DE JUNIOJORNADAS DE FORMACIÓN DE LAICOSNOTICIAS POR CATEGORIASDICASTERIO PARA LOS LAICOSCOMISIÓN EPISCOPAL DE AP. SEGLARMOVIMIENTOS Y ASOCIACIONES
/div>
10.5.22
MOHAMED, DE SER ACOGIDO A ACOGER EN LA PARROQUIA DE SANTA ANA EN BARCELONA: "AYUDAR ME APORTA LA FELICIDAD"
El joven
marroquí llegó a la Ciudad Condal escondido en un camión y la parroquia le
ayudó a salir adelante y ahora es uno de sus 295 voluntarios
Ecclesia
Mohamed Ikissane tiene 25 años
y estudia integración social. Llegó a Barcelona escondido en un camión y ahora vive en un piso
compartido con otros jóvenes. Los fines de semana
trabaja y es
uno de los casi 300 voluntarios que acogen en la parroquia de Santa Ana, una iglesia abierta en el
centro de la Ciudad Condal a migrantes, personas sin hogar, o con necesidades
ocasionales. Mohamed viene del sureste de Marruecos y llegó a España en 2018.
Una trabajadora social le llevó
hasta Santa Ana y allí encontró dónde comer, dónde dormir, dónde estudiar castellano
y, también catalán. En esta parroquia además ha encontrado su
vocación, ser
integrador social “para apoyar a otros migrantes o persona que necesitan ayuda
en general”. Y eso, confiesa, “me aporta felicidad”.
Cerca de 143.000 personas al año encuentran acogida,
acompañamiento, formación y apoyo social en uno de los casi 140 centros que la Iglesia en España
dedica a la atención a los migrantes.
Un bereber que llega en abril de 2018 a
Barcelona ¿Qué te mueve a esconderte en los bajos de un camión para salir de
Marruecos? ¿Qué te encuentras al llegar?
Quería cumplir unos objetivos. Trabajar,
seguir estudiando, ayudar a mi familia, mejorar a nivel personal. Pero
a mi llegada me encuentro con una realidad muy dura. Porque entrar de forma
irregular, sin papeles no ayuda. Recuerdo que la primera pregunta que te haces
que es dónde ¿Dónde
puedo ir a comer? ¿Dónde voy a dormir? ¿Dónde estudiar castellano para seguir
adelante?
Y entonces conoces la parroquia de Santa Ana, en el centro
de Barcelona ¿Cómo llegas hasta allí?
Mi primer contacto fue a través
de una trabajadora social que me habló de Santa Ana y de lo que me podía
ofrecer. Mi
situación era difícil, en ese momento tenía necesidad de esos servicios para
desayunar, come, para dormir.
Además, comencé a participar en
actividades deportivas, a aprender castellano, aprender catalán también. Me
ayudó a integrarme en la sociedad y saber su realidad. Estoy
muy agradecido porque en aquellos momentos difíciles me dio la posibilidad de
mejorar y salir adelante.
En
estos cuatro años ¿Cómo ha cambiado tu situación?
Tengo 25 años y estoy viviendo
en un piso de Santa Ana con otros compañeros de la parroquia. Les
llaman lugares de oportunidad, porque te dan esa oportunidad de seguir
adelante, de ser más autónomo, de tener una vida más digna, de
poder conseguir los objetivos con los que cada uno llegó aquí.
Después de la experiencia que
he vivido he querido estudiar integración social y voy a clases por las tardes. Los
fines de semana trabajo. Y ahora soy yo el que acoge, como voluntario, en la
parroquia.
En Santa Ana, en el año 2020, el 48,2% de las personas
atendidas tenían menos de 35 años. Un año antes, en 2019, se registró una
elevada presencia de jóvenes que procedían del Norte de África,
mayoritariamente de Marruecos ¿Cómo les puedes ayudar?
Como hablo árabe, ayudo a
comunicarse a los jóvenes que llegan con los profesionales de la parroquia para
saber qué necesitan y qué les podemos ofrecer para seguir adelante. Les
doy charlas, trabajo con paciencia con ellos.
Además,
controlo en la puerta a las personas que llegan para algunos de nuestros
servicios, sirvo desayunos…
Y
si miras al futuro ¿Cómo te ves?
Me veo acabando de sacar el
título de Integración Social, teniendo una carrera. Y
ayudando, apoyando a otros migrantes o persona que necesitan ayuda en general.
¿Y eso que te aporta?
(Sonríe). Me
aporta la felicidad. Si la felicidad.