“Enamorarse de Dios es el más grande de los romances, encontrarlo, la mayor de las realizaciones”, San Agustín
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Entraste a este artículo para
leer sobre formas de rezar. Pero antes, quisiera hacerte una pregunta. ¿Cuántas
novelas de amor crees que existen en el mundo? Yo no me animaría a decir un
número, me quedaría corta. Pero sí me atrevo a afirmar que existen más –
¡muchísimo más! – historias de amor.
Algunas increíbles, otras que
aparentemente no tienen un brillo especial (excepto para sus protagonistas).
Están las que se convierten en anécdotas para pasar de generación en
generación; están aquellas que logran sacar una sonrisa sin importar el paso
del tiempo.
Cuando te
dibujas mentalmente esta imagen… ¿qué ves? Tal vez visitas inesperadas, cartas
llenas de vulnerabilidad, palabras cariñosas, gestos que solo los aludidos
entienden.
Ahora, déjame decirte algo. Existen
tantas historias divinas como maneras humanas de enamorarse. Porque las
historias divinas son maneras muy humanas de enamorarse.
Como lo diría San Agustín:
“Enamorarse de Dios es el más grande de los romances, encontrarlo, la mayor de
las realizaciones”.
Si más arriba nos imaginábamos
algunos detalles que dan un gusto especial a los romances, ¿cuáles detalles
ponemos en nuestro romance con el más Romántico?
Un corazón que arde, un diálogo
encendido
Siempre escuchamos que es
importante rezar. Claro, es fundamental si queremos ser santos (y lo queremos).
Pues, ¿cómo vamos a llegar al Cielo siendo desconocidos del dueño de la casa?
¿Cómo vamos a parecernos a Cristo, sin conocerle? ¿Santificarnos sin tratar al
Espíritu Santo?
Todo esto es cierto. Pero
escúchame bien: no hacemos media hora de oración para puntuar un check
list de cosas que tenemos que incorporar si queremos ser buenos.
O sea, ¡hazla! ¡Hazla cada día!
Pero no pierdas de vista esto: estamos llamados a enamorarnos de un Dios
Personal. Si hablamos con Él, si le tratamos, si queremos conocerle cada vez
mejor, es porque queremos – y nos conviene – tener una relación con Él.
Pon tu corazón frente al Suyo.
Háblale. Escúchale. Porque: «El corazón es la esfera más tierna, más interior,
más secreta de la persona, y es precisamente en el corazón de Jesús donde
habita la plenitud de la divinidad» (D. Von Hildebrand).
Formas de rezar, formas de querer
Existen formas de rezar de las
que tal vez ya hayas escuchado: la lectio divina, la oración mental, la
contemplación…
Cada uno
encuentra una manera que mejor le ayude durante un tiempo determinado.
Hay veces en las que nos servirá meditar con una lectura espiritual, otras
sentarnos en silencio y mirar al Santísimo que nos devuelve la mirada.
Pero, ya que te he hablado de
detalles de amor e historias inesperadas, quisiera hablarte de formas de rezar
inesperadas. Esas que pueden sazonar tu día a día para que el amor esté siempre
a punto. Para ser creativos en el romance divino.
Son formas de rezar que te darán
presencia de Dios, mientras trabajas o cumples tus responsabilidades. Te
ayudarán a llegar «empapado» de esa presencia cuando llegue la hora de rezar.
Con seguridad, entonces podrás rezar mejor.
Otras son formas de rezar que
pueden ayudarte en el tiempo en que te sientas y buscas un tema para tratar con
Él. O reavivar el alma cuando está entumecida por el cansancio y necesita un
empujoncito.
1. «Señor, esta te la dedico a
Ti»
Volviendo a citar al Padre de la
Iglesia, San Agustín decía que «el que canta reza dos veces». Tal vez ya lo sabías.
Esto es muy útil para expresarnos ante Dios, especialmente para ayudarnos de la
letra cuando no sabemos bien qué decir en la oración.
Pero te diré algo más: ¿sabías
que puedes cantar una canción de Imagine Dragons, Mumford & Sons, Ed
Sheeran o The Killers y agradar a Dios?
Cuando hay canciones que hablan
de un amor humano limpio, puro, noble… ¿por qué no podrías dedicárselas a Dios?
San Josemaría Escrivá decía que a él le encantaba cantar canciones «de amor
humano, a lo divino».
¿Estás pensando en algunas en
especial? Adelante, que también son formas de rezar.
2. Rezar con la mirada
Contemplar un cuadro, se puede
convertir en oración. Los temas espirituales o bíblicos pueden ayudar aun más.
Esto también podemos conocer como «Visio
Divina».
Meditar ante el Hijo Pródigo de
Rembrandt, contemplar la Anunciación desde la mirada de Fra Angelico o
sobrecogernos ante La Piedad de Miguel Ángel… son formas de rezar.
Mediante lo visible, aprendemos a
contemplar lo invisible. Mediante los sentidos, capaces de captar pequeños
destellos de belleza, entablamos conversación con la Belleza.
3. La oración de los sentidos
Tal vez ya sabes lo importante
que es realizar pequeñas mortificaciones. No solo durante cuaresma, sino en
cualquier tiempo litúrgico. Este «negarse» algo nos ayuda a forjarnos, con
espíritu deportivo, para adelantar en el combate espiritual. Para ayudar a
cargar una partecita de la Cruz.
Pero, ¿sabías que también es una
oración? Es la oración de los sentidos. Cuando dejas de darte un gusto, porque
ese gusto ofreces a Dios… se transforma en oración.
Una oración discreta, pequeña,
que puede salpicar tu día entero.
4. Otras formas de rezar: el
trabajo y el descanso
Al despertarnos y hacer un
breve ofrecimiento de obras, le entregamos a Dios el día entero. Luego,
podemos repetir y renovar este ofrecimiento a la hora de empezar a
trabajar.
Porque tal vez no podamos estar
«charlando» con Dios mientras nos ocupamos de temas delicados que exigen toda
nuestra atención. Pero, como antes de comenzar le hemos ofrecido ese tiempo y
esfuerzo, todo lo que quepa en ese tiempo y todo lo que emprendamos con amor,
serán formas de rezar.
¡Y el descanso también! Cuando
cambias de actividad por alguna más placentera, ¿piensas que no vale? Puedes
ofrecerle una partida de ajedrez, la lectura de un libro, una caminata con tu
perro… e invítame a Él a que descanse contigo.
5. Besos y miradas… también son
formas de rezar
Como dije, quizás mientras
trabajas no puedes rezar una estampa o siquiera decir una jaculatoria. Pero
puedes, de vez en cuando, dirigir una mirada al crucifijo – que te invito a
tener en tu mesa de trabajo – o incluso besarlo.
O una mirada a la Virgen, y dejar
que ella entienda lo que le dices sin palabras: «ayúdame con esto, que está
difícil», «ayúdale a tal compañero», «dame paciencia».
6. Mensajitos breves, todo el día
Suena el celular. Es una
notificación de WhatsApp. Es la persona que quieres, que te envía un breve
mensaje con cariño. Sabes que no pueden hablar más en ese momento, pero te
alegra saber del otro. Recibes con gratitud ese pequeño gesto de amor.
Eso son las jaculatorias. Un
pequeño mensajito que envías a Dios, entre una actividad u otra. Mientras
subes una escalera. Cuando esperas el ascensor. Al reiniciar la
computadora.
El tiempo no da para charlar,
pero necesitas decirle al menos unas palabras que se transforman en formas de
rezar.
Están algunas conocidas: «Señor
mío y Dios mío», «Tú sabes que te amo», «ayúdame más», «haz mi corazón
semejante al Tuyo», «en Ti confío», y un infinito etcétera.
Puedes buscar en la Biblia y encontrarás entre salmos y otras lecturas algunas frases que puedes repetir durante el día. Pero también puedes inventar las tuyas… tú sabes lo que te gustaría decirle a la persona que más quieres en el mundo.
Un último recordatorio…
Como dije, es necesario tener el
diálogo con Dios. No descuidar el espacio para hablar de «tú a tú» con Él. Es
importante procurarnos un tiempo que podamos reservar de manera exclusiva para
charlar con el Señor.
Por eso – quiero insistir una
última vez – aunque convirtamos nuestras actividades en oración o recemos
algunas jaculatorias para permanecer en presencia de Dios, no elimines los
espacios más extensos y exclusivos para la oración mental.
Volviendo a las historias de
amor: piensa en una relación de pareja. Enviar flores a una novia, ¡es
buenísimo! Ella lo agradecerá. Agradecerá el detalle, y el mismo puede avivar
el amor.
Pero si cada vez que quiere
hablar contigo no atiendes el celular, no te tomas el tiempo para visitarla, no
quieres devolverle las llamadas… ¿Es, verdaderamente, una historia de amor?
¿Cuánto durará?
Lo mismo con Dios. Podemos
ofrecer una pequeña mortificación o rezar una jaculatoria, para ponernos en
presencia de Él. Y aunque son lindas formas de rezar para tenerlo
presente, el amor es expansivo. Quiere dar más y necesita cada vez dar
más. Hasta querer darse.
Llega un punto en que un
pensamiento de pocos segundos necesita pasar a pocos minutos. Luego, unos
minutos más. Quizás, varios más.
No solo por lo que tú puedas
decirle a Él, sino porque ansías escucharle. Necesitas abrir el espacio para
que Él alumbre, Él responda, Él inspire.
María Belén Andrada
Fuente: Catholic Link






