La Oficina de Prensa informa que la decisión está vinculada a la salud del Papa y a las necesidades litúrgicas específicas de la ceremonia
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| 6 de junio 2021: Santa Misa en la Solemnidad del Corpus Domini (Vatican Media) |
El dolor de rodilla que lleva
días condicionando la agenda del Papa, el más reciente el aplazamiento de su
viaje apostólico a África previsto para la primera semana de julio, vuelve a
cambiar la agenda de las celebraciones papales. No se celebrará la solemnidad
del Corpus Christi, con la procesión con la Hostia consagrada, una de las
fiestas más sentidas y entre los momentos de oración más intensos que tiene su
origen en el siglo XIII. De hecho, esta mañana la Oficina de Prensa Vaticana,
en una comunicación a los periodistas, ha hecho saber que "debido a las
limitaciones impuestas al Papa por la gonalgia" y "por las
necesidades litúrgicas específicas de la celebración, no se celebrarán la Santa
Misa y Procesión con la Bendición Eucarística con ocasión de la fiesta del
Corpus Christi".
Por lo tanto,
no sólo la intención de proteger los resultados que está dando el tratamiento
médico, sino también una celebración muy exigente, intervienen en la jornada
del jueves 16 de junio. Ya en los dos últimos años, debido a la amenaza de la
pandemia del Covid 19, la Misa de la Solemnidad que recuerda la presencia real
de Jesús en la Eucaristía se había celebrado con un número contingente de
fieles en el Altar de la Cátedra de San Pedro y no en el escenario tradicional
del atrio de San Juan de Letrán, con la procesión a Santa María la Mayor, o
incluso en localidades suburbanas como ocurrió en 2018, con la celebración en
Ostia, y en 2019, en el barrio romano de Casal Bertone.
El Magisterio de Francisco
A lo largo de los años, el Papa
Francisco ha subrayado varios aspectos de esta solemnidad. En primer lugar, la
fuerza de entregarse a los demás que proviene precisamente de la Eucaristía:
“Cuántas madres, cuántos papás,
junto con el pan de cada día, cortado en la mesa de casa, se parten el pecho
para criar a sus hijos, y criarlos bien. Cuántos cristianos, en cuanto
ciudadanos responsables, se han desvivido para defender la dignidad de todos,
especialmente de los más pobres, marginados y discriminados”. (Homilía Corpus
Christi 26 mayo 2016).
El año anterior, había destacado
que lo que nos permite no desfallecer es precisamente la Eucaristía:
“El Cristo presente en medio de
nosotros, en el signo del pan y del vino, exige que la fuerza del amor supere
toda laceración, y al mismo tiempo se convierta en comunión también con el más
pobre, apoyo para el débil, atención fraterna hacia quienes luchan por sostener
el peso de la vida diaria, y están en peligro de perder la fe". (Homilía
del Corpus Christi del 4 de junio de 2015).
La Eucaristía no es un memorial
abstracto, sino un memorial vivo del amor de Dios, un sacramento inscrito en el
ADN espiritual, recordó en 2017:
"La Eucaristía es el sacramento
de la unidad. Quien la recibe se convierte necesariamente en artífice de
unidad, porque nace en él, en su «ADN espiritual», la construcción de la
unidad. Que este Pan de unidad nos sane de la ambición de estar por
encima de los demás, de la voracidad de acaparar para sí mismo, de fomentar
discordias y diseminar críticas; que suscite la alegría de amarnos sin
rivalidad, envidias y chismorreos calumniadores”. (Homilía del Corpus Christi
18 de junio de 2017).
Y también en 2013 el aspecto de
la comunión había sido central, mientras que en 2014 el Papa había advertido
sobre los diversos tipos de alimentos que se ofrecen:
“Pero el alimento que nos nutre
verdaderamente y que nos sacia es sólo el que nos da el Señor. El alimento que
nos ofrece el Señor es distinto de los demás, y tal vez no nos parece tan
gustoso como ciertas comidas que nos ofrece el mundo. Entonces soñamos con
otras comidas, como los judíos en el desierto, que añoraban la carne y las
cebollas que comían en Egipto, pero olvidaban que esos alimentos los comían en
la mesa de la esclavitud”. (Homilía del Corpus Christi 19 de junio de 2014).
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