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4.6.22
EL PAPA: LA CRUZ DE CRISTO SEA LA BRÚJULA QUE NOS GUÍE HACIA LA PLENA UNIDAD
Don,
armonía, camino y misión son los cuatro puntos cardinales señalados por
Francisco en el camino hacia la unidad de los cristianos al recibir, esta
mañana, a sacerdotes y monjes de las Iglesias Ortodoxas Orientales
El Papa afrima que cuatro puntos cardinales para la unidad de los cristianos son: Don, armonía, camino y misión
El Papa
Francisco colocó “idealmente en los brazos de la cruz, altar de la unidad”, lo
que él mismo calificó como los “cuatro puntos cardinales de la plena comunión”
de los cristianos: don, armonía, camino, misión. Y lo hizo al recibir,
esta mañana, a una delegación de sacerdotes y monjes de las Iglesias ortodoxas
orientales a quienes saludó con las palabras de San Pablo: "La gracia del
Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén con
vosotros”. Un punto de partida para abrir un discurso centrado en la esperada
plena unidad.
“Queridos hermanos y
hermanas, que la cruz de Cristo sea la brújula que nos guíe en nuestro camino
hacia la plena unidad. Porque en ese madero es donde Cristo, nuestra paz, nos
ha reconciliado, reuniéndonos a todos en un solo pueblo”, dijo el Pontífice,
tras haber manifestado su deseo de poder celebrar la eucaristía “juntos el día
que el Señor quiera”.
La unidad es una gracia, un regalo.
En víspera de la
Solemnidad de Pentecostés, el Papa toma como hilo conductor la acción del
Espíritu Santo sobre la anhelada unidad de los cristianos. “La unidad es
un don, un fuego que viene de lo alto”, asegura el Santo Padre y, por ello, no
hay que cansarse de rezar, trabajar, dialogar para recibir esa gracia:
“La
consecución de la unidad no es principalmente un fruto de la tierra, sino del
Cielo; no es principalmente el resultado de nuestro compromiso, de nuestros esfuerzos
y de nuestros acuerdos, sino de la acción del Espíritu Santo, al que debemos
abrir nuestro corazón con confianza para que nos conduzca por los caminos de la
plena comunión.La
unidad es una gracia, un regalo”.
La
unidad es armonía
Volviendo a la
celebración del Pentecostés, Francisco habló de la armonía poniendo en
evidencia que la misma delegación formada por diferentes Iglesias Ortodoxas Orientales,
a pesar de responder a tradiciones diferentes, se mantienen en comunión de fe y
sacramentos.:
“La unidad no es la
uniformidad, ni el fruto de un compromiso o de frágiles equilibrios
diplomáticos. La unidad es la armonía en la diversidad de carismas
suscitados por el Espíritu. Porque al Espíritu Santo le gusta suscitar tanto la
multiplicidad como la unidad, como en Pentecostés, donde las diferentes lenguas
no se redujeron a una, sino que se asimilaron en su pluralidad”.
La unidad es un viaje
El tercer punto
cardinal para la unidad a decir del Papa tiene que ver con “un viaje”, pues no
se trata de un plan estudiado, escrito, sin movimiento, sino un nuevo dinamismo
como el que el Espíritu Santo desde Pentecostés, imparte a los discípulos”, es
decir, ir paso a paso dispuestos a “acoger las alegrías y las dificultades del
viaje”. Y nuevamente, el Santo Padre recuerda las palabras de San Pablo, esta
vez a los Gálatas: “Estamos obligados a caminar según el Espíritu”.
También las palabras
de San Ireneo, recientemente proclamado por Francisco “Doctor de la Unidad”,
son ejemplo de camino y viaje pues describe la plena comunión como “una
caravana de hermanos”: “Aquí, en esta caravana, crece y madura la unidad, que
-al estilo de Dios- no llega como un milagro repentino y llamativo, sino en el
compartir paciente y perseverante de un viaje hecho juntos”.
La unidad es para la misión
El Santo Padre
enfatiza que la unidad no es un fin en sí misma, sino que está vinculada al
anuncio del Evangelio y esa es su misión, el mandato de Jesús: "Que todos
sean uno... para que el mundo crea". Y añadió:
“Hoy el mundo sigue
esperando, incluso sin saberlo, conocer el Evangelio de la caridad, de la
libertad y de la paz que estamos llamados a testimoniar unos junto a otros, no
unos contra otros o alejados unos de otros”.
En este contexto, el
Pontífice agradece el testimonio de las Iglesias orientales y, especialmente,
de quienes “han sellado con sangre su fe en Cristo”. “Y son muchos”, comenta el
Papa:
“Gracias por todas
las semillas de amor y de esperanza esparcidas, en nombre del Crucificado
resucitado, en diversas regiones todavía marcadas, por desgracia, por la
violencia y los conflictos demasiado a menudo olvidados”, concluye Francisco,
agradeciendo la visita y encomendando a todos a Dios y a la Virgen. Y al
final sugirió:
“Si les parece bien,
cada uno en su idioma, podemos rezar juntos el Padre Nuestro”.