20 – Junio. Lunes de la XII semana del Tiempo Ordinario
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Evangelio según san Mateo 7, 1-5
No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?
¿Cómo
puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo
una viga en el tuyo? Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces
verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano.
Comentario
El ojo ajeno
La última parte del sermón de la
montaña contiene varias exhortaciones a los discípulos que indican aspectos
importantes de su conducta.
San Mateo reúne en estos
capítulos palabras de Jesús pronunciadas, probablemente, en diferentes
situaciones y lugares. Es una catequesis sobre la vida cristiana, presenta de
una manera concreta, breve y directa la vida nueva que trae Jesús y emplea un
lenguaje desacostumbrado para los oídos de los judíos.
Un discípulo no juzga a nadie.
Juzgar corresponde únicamente a Dios. Además, ignora la intención y sin este
conocimiento no se puede ejercer un juicio recto. Aún más, usarán con nosotros
la misma medida que usemos con los demás.
Jesús nos señala la deformación
de conciencia, a la que llegaremos si llevamos sistemáticamente sobre personas,
acontecimientos y cosas una manera de ver dura y condenatoria; perderemos la
lucidez sobre nosotros mismos hasta el punto de advertir la mota en el ojo
ajeno, sin percibir la viga en el propio.
La inmensa mayoría de la Sociedad
en que vivimos se considera juez, ¡qué poco cuesta juzgar, condenar y emitir
una sentencia a cualquier hijo de vecino!, cuando en realidad tendríamos que
juzgarnos primero a nosotros mismos.
Seremos juzgados por Dios con la
misma medida que hayamos aplicado al prójimo. Él es el único que puede dictar
sentencia.
¿Con qué facilidad ves la viga de
tu ojo?
¿Quizás ves más la mota del ojo
ajeno?
Fuente: Dominicos






