Léelos tranquila y devotamente y las nubes se disiparán, dice el padre Broom
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| ¿Qué palabras pueden consolarnos más que las que Dios mismo nos ofrece? Foto: Alessandro Vicentin / Cathopic.com |
"Nuestro estado interior puede compararse al tiempo atmosférico:
un cambio constante", dice el padre Ed Broom,
de los Oblatos de la Virgen María, a quien en su parroquia californiana de San
Pedro Chanel, en Hawaiian Gardens, conocen cariñosamente como el Padre Escobita. Tras estudiar
siete años en Roma, fue ordenado sacerdote por Juan Pablo II en 1986 y es un experto, teórico y
práctico, en espiritualidad ignaciana. En alguna ocasión hemos recogido en ReL sus consejos, por
ejemplo sobre la pureza,
sobre cómo "controlar la
lengua" o sobre diversas formas de
consagrarse a la Virgen
María.
Esos cambios temperamentales que nos hacen ver hoy la vida color
de rosa y mañana solamente en tonos grises, cuando no negros, son abordados por
los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. En el
párrafo 317 (regla cuarta de discernimiento) define esos momentos de
"desolación espiritual" como "oscuridad del ánima, turbación en
ella, moción a las cosas bajas y terrenas, inquietud de varias agitaciones y
tentaciones, moviendo a infidencia, sin esperanza, sin amor, hallándose toda
perezosa, tibia, triste y como separada de su Criador y Señor".
"Nunca lo olvides", dice: "Con la ayuda de Dios podemos salir y escapar de las situaciones
más desoladoras, tristes y desesperantes. Que la Palabra de Dios sea tu
luz, tu apoyo, tu fortaleza y tu fundamento".
1. El Salmo 23
-"El
Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me
conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el
sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas
oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me
sosiegan. Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la
cabeza con perfume, y mi copa rebosa. Tu bondad y tu misericordia me
acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años
sin término" (Salmo 23).
"Reza despacio devotamente el más célebre salmo de la Biblia:
una vez, dos veces, tantas veces como quieras, comenzando por las palabras: 'El Señor es mi pastor, nada me
falta'. ¡El Señor hará que brille la luz en tu oscuridad!"
2. La promesa que cierra
Mateo
-"Sabed
que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos"
(Mt 28, 20).
"Son las últimas palabras del Señor Jesús en la tierra antes
de ascender a los Cielos para sentarse a la derecha de Dios Padre. Cuando
estamos desolados, sentimos que estamos solos; que nadie está ahí para mí; que
nadie se preocupa por mí. ¡No es así! El Señor prometió estar con nosotros siempre, incluso hasta
el fin del mundo".
3. Una de las frase favoritas
de Juan Pablo II
-"No
tengáis miedo" (Mt 14, 27), "No temáis" (Mt 28, 10).
"Una y otra vez, Jesús le recuerda a los Apóstoles y a
nosotros que no tengamos miedo, sino que confiemos, que pongamos toda nuestra
confianza en Él. Además de estas consoladoras palabras de Jesús, están las
palabras que Jesús le dijo a Santa
Faustina que pintase en la imagen de la Divina Misericordia: 'Jesús, en Ti confío'. Que el
Señor haga desaparecer tus miedos si confías completamente en su Amor, su
Presencia y su Amistad".
4. Descansa en Él tu carga
-"Venid a
mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo
sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y
encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi
carga ligera" (Mt 11, 28-30).
"Repite devotamente estas palabras y el peso de tus penas, la
carga de tu cruz y la oscuridad de tu pesadumbre y tu desolación se disiparán como se
esfuma una nube ante la luz del sol".
5. La pregunta clave
-"Si Dios
está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?" (Rom 8, 31)
"Estas breves palabras tienen el poder de aliviar las cruces
más pesadas, por la sencilla razón de que sabemos que el Señor es quien manda y
Él puede hacer lo que quiera. Cualquier
cosa que el Señor haga siempre es para nuestro bien, para nuestro progreso
espiritual y para la salvación de nuestra alma inmortal".
6. Él sí puede
-"Para
Dios nada hay imposible" (Lc 1, 37).
"Estas breves palabras fueron dirigidas a la Santísima Virgen María por
el Arcángel San Gabriel,
referidas a la concepción virginal de Jesús en el vientre de María. Hundidos en
la nube densa de la desolación, creemos que estamos perdidos y que nada puede
librarnos de ese horrible estado interior. ¡Es justo al revés! La Palabra de
Dios nos recuerda que absolutamente nada es imposible para Dios. Él puede mover las montañas más
altas de nuestro desánimo y nuestra desolación es una décima de segundo si
confiamos en Él".
7. Consejo de San Pedro
-"Descargad
en él todo vuestro agobio, porque él cuida de vosotros" (I Ped 5, 7).
"Una vez más, solo unas pocas palabras nos ofrecen una consolación
y una fuerza infinitas. El Señor nos manda que descarguemos, que nos despojemos
de lastre, que nos liberemos del peso del desánimo que nos aplasta. Dáselo todo al Señor Jesús y
Él resolverá los escenarios más difíciles y complicados".
8. Tu Libertador
-"El
Señor me ha enviado para proclamar la amnistía a los cautivos" (Is 61, 1),
"[Jesús lee a Isaías en la sinagoga:] El Espíritu del Señor me ha enviado
a proclamar a los cautivos la libertad" (Lc 4, 18).
"Jesús citó este pasaje del Shakespeare de la Biblia (el profeta Isaías) en los inicios de Su
predicación. Cuando estamos en desolación o desánimo, podemos sentirnos como
atados, como encadenados, como con grilletes, como si fuéramos esclavos reales de nuestro estado
interior de oscuridad. Jesús el Salvador, el Redentor, el Liberador, puede
aplastar y destruir nuestro estado de esclavitud interior, en el que con
frecuencia consiste nuestro desánimo. Siempre podemos rezar: ¡'Líbrame, Señor;
Señor, libérame; rompe, Señor, las cadenas que me esclavizan!'".
9. Cada día tiene su afán
-"No andéis
agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a
vestir. Los
paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis
necesidad de todo eso. Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se
os dará por añadidura" (Mt 6, 31-33).
"Buena parte de nuestra desolación y desánimo proviene de una falta de confianza en Dios y
de una inquietud inútil e innecesaria. Estas palabras de Jesús, confortadoras,
consoladoras y estimulantes, pueden devolverte al camino recto de confiar en Su
amor y en el plan de la Divina Providencia para tu vida".
10. Ella nunca falla
-"Alégrate
[María], llena de gracia, el Señor está contigo" (Lc 1, 28).
"Estas palabras del Ave María que vienen del Arcángel Gabriel
pueden ser poderosísimas en medio de las noches oscuras, de los túneles negros,
de las tempestades interiores que todos experimentamos. Reza pausadamente y con
confianza y esperanza el Ave María, y María, que es verdaderamente 'vida, dulzura y esperanza
nuestra' (Salve), acudirá presta a rescatarnos y llevarnos al Sagrado
Corazón de Jesús, nuestro verdadero refugio en nuestras tribulaciones,
aflicciones y desolaciones más profundas".
* * *
"¡Pido a Dios, y es mi más firme esperanza", concluye el
padre Broom, "que cuando estés atravesando ese tiempo doloroso y difícil
de la desolación y el desánimo, la lectura silenciosa, tranquila, confiada y devota de estos
pasajes bíblicos disipará de tu corazón esas nubes densas, y
experimentarás y sentirás la luz y el calor del amor infinito de Dios y el
abrazo tierno de María!"
Publicado en
ReL el 15 de diciembre de 2019 y actualizado.
C.L.
Fuente: ReL






