«Me atrevo a decir que me siento parte de vuestra familia y me siento honrado», ha dicho a los indígenas en el último día de su viaje a Canadá
![]() |
| Encuentro con indigenas en Quebec. Foto: CNS/Paul Haring |
Tras celebrar la Eucaristía en
privado y mantener un encuentro con miembros de la Compañía de Jesús en Canadá,
el Papa ha comenzado la agenda pública de su último día en Canadá con un
encuentro con una delegación de indígenas de Quebec. «Me atrevo a decir que me
siento parte de vuestra familia y me siento honrado», ha dicho antes de partir
en avión a Iqaluit, última etapa del viaje.
Durante su discurso, el Papa ha
hecho balance de la visita: «He venido a Canadá para encontrarme con ustedes
[…], a descubrir en primera persona los frutos, buenos y malos, producidos por
los miembros de la familia católica. He venido con espíritu penitencial para
expresarles el dolor que llevo en el corazón por el mal que no pocos católicos
les causaron apoyando políticas opresivas e injustas. He venido para que se
prosiga en la búsqueda de la verdad, para que se progrese en la promoción de
caminos de sanación y reconciliación, para que se siga sembrando la esperanza».
Así, el
Pontífice ha reconocido que vuelve a casa «enriquecido» y que se lleva en el
corazón «el tesoro de personas y pueblos que me han marcado, de historias y
lugares que no podré olvidar». «El recuerdo de la fiesta de santa Ana, vivida junto a varias generaciones y a tantas
familias indígenas, permanecerá indeleble en mi corazón. En un mundo que lamentablemente es
tan a menudo individualista, ¡qué valioso es ese sentido de familiaridad y de comunidad que es
tan genuino entre ustedes!», ha expresado.
Con el ejemplo presente de la
Virgen María, de santa Ana y de santa Catalina Tekakwitha, Francisco ha
invitado a «tejer una reconciliación que garantice los derechos de los más
vulnerables y sepa mirar la historia sin rencores ni olvidos».
«Santa Catalina y la Virgen María
recibieron de Dios un proyecto de vida y, sin preguntar a ningún hombre, dieron
su sí con valentía. Estas mujeres podrían haber respondido mal a todos los que
se oponían o permanecer sujetas a las normas patriarcales de su tiempo y
resignarse, sin luchar por los sueños que Dios había impreso en sus almas. Pero
abrieron camino y cumplieron aquello a lo que habían sido llamadas», ha
concluido.
Fran Otero
Fuente: Alfa y Omega






