12 – Julio. Martes de la XV semana del Tiempo Ordinario
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Evangelio
según san Mateo 11, 20-24
Entonces se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho la mayor parte de sus milagros, porque no se habían convertido: «¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Pues os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.
Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo.
Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado
hasta hoy. Pues os digo que el día del juicio le será más llevadero a
Sodoma que a ti».
Comentario
Pocas veces
las palabras de Jesús se encienden tanto como en este pasaje del evangelio. El
Maestro reprocha a los habitantes de los lugares donde más tiempo había pasado.
Betsaida era la patria de Felipe, Andrés y Pedro. En ella muchos milagros se
habían cumplido y muchas palabras de vida eterna se habían escuchado.
Pero las
palabras más duras del Señor están reservadas a Cafarnaún, la ciudad que fue su
casa durante buena parte de su vida pública. Estas ciudades, amadas por Jesús y
que tuvieron la gracia de presenciar a la misión del Redentor, no acababan de
creer del todo, no se habían convertido completamente.
Jesús anuncia
que si no se convierten tendrán un destino peor que las ciudades paganas de
Tiro, Sidón y Sodoma, de las cuales en el Antiguo Testamento se profetizan
castigos terribles.
Betsaida y
Cafarnaún son imagen de nuestra existencia: pequeñas ciudades que Dios viene a
visitar, haciendo de ellas su casa. Pero para recibir a Jesús no basta con ser
visitados, tenemos que acoger y dejarnos cambiar por su presencia. En aquella
época, como hoy, no basta contemplar las maravillas cumplidas por Dios en el
mundo y en nuestra vida, es necesario ponerse en camino para vivir la nueva
vida que ofrece Jesús, hacer del evangelio nuestra vida.
San Josemaría
recordaba que si eso parece difícil, “la bondad de Dios nos quiere hacer fácil
el camino. No rechacemos la invitación de Jesús, no le digamos que no, no nos
hagamos sordos a su llamada: porque no existen excusas, no tenemos motivo para
continuar pensando que no podemos” (Es Cristo que pasa n. 15).
Cuando llegue
el juicio, aquí anunciado explícitamente por Jesús, queremos que el Señor nos
diga: “Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te
confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor” (Mt 25,21).
Giovanni Vassallo
Fuente: Opus
Dei






