Un consejo indispensable para debatir sobre temas polémicos en persona y en Internet
![]() |
| AFP Photo |
¿No
te parece que a veces hablamos sin escucharnos? Incluso en conversaciones
amistosas, a veces noto que simplemente estoy esperando una pausa para poder
interponer un nuevo tema de conversación con el que poder ser el nuevo centro
de atención.
En otras palabras, no me muestro tan dispuesto a prestar
atención a lo que los demás dicen como a lo que yo quiero decirles.
La cosa empeora cuando hablamos con desconocidos o cuando
debatimos sobre un tema polémico.
Hablamos los
unos a los otros, no los unos con los otros, y nos distraemos con nuestras
propias ideas preconcebidas.
¿Cómo podemos distraernos menos y estar más atentos, interesarnos
más y ser más abiertos a las opiniones y preocupaciones de los demás?
La bien pensada respuesta de san
Benito
San Benito se
planteó la misma pregunta. Después de todo, estaba tratando de crear un entorno
centrado, pacífico y familiar para un grupo de monjes revoltosos que, aunque
habían entrado en un monasterio, seguían teniendo sus dificultades con la vida
comunitaria.
De hecho, en su “regla de vida” para sus hombres
empieza abordando este mismo tema.
Esta es la primera palabra de toda la
Regla benedictina: Escucha.
Benito escribe:
“Escucha, hijo, los preceptos
del Maestro, e inclina el oído de tu corazón”.
Al comienzo de toda conversación o
empresa, antes de actuar o hablar, el mejor inicio es guardar silencio por un
momento y escuchar.
Podemos escuchar a otras personas,
pedir consejo o escuchar palabras duras que, aunque no nos gusten, son
importantes.
O podemos escuchar a Dios, disipar las
distracciones, asegurar que hemos considerado todas las opciones o consultar
con la almohada una gran decisión».
Básicamente, escuchar supone dedicar tiempo a oír de cierta
manera, con una actitud de recepción y un compromiso a
atender con todo tu ser al proceso, según escribe Benito, “inclinando el
oído del corazón”.
Cuántas distracciones…
Es un gran consejo, porque los obstáculos nos rodean por todas
partes, así que tenemos que poner intención si queremos superarlos.
De hecho, mientras escribo estas palabras estoy escuchando música
en mi ordenador, comprobando mensajes aleatorios en mi móvil y pasando de una
pestaña a otra para echar un ojo a mi correo electrónico (vale, ¡ya lo he
cerrado todo!).
Incluso cuando hablo con un amigo, la tentación de echar mano
lentamente al bolsillo, coger el teléfono y echar un rápido vistazo para ver si
ha llegado algún mensaje es casi irresistible.
La distracción nos acompaña 24 horas al día
e, incluso cuando conseguimos centrarnos, quizás no nos guste lo que
escuchamos, como cuando estamos ante perspectivas conflictivas o cuando tenemos
el corazón encogido porque hay que hacer lo correcto aunque no nos resulte beneficioso.
Dejar al margen el ego
Por eso Benito habla de escuchar con “obediencia” y,
en el contexto de los monjes en el monasterio, señala la importancia que tiene
escuchar al “Padre”. En otras palabras, un primer paso importante es dejar al
margen el ego.
Poner nuestro ego a un lado y atender a una persona con todo
nuestro corazón implica la voluntad de centrarnos no solo en
aquellos que ya se han ganado nuestro respeto, sino también de mantener una
actitud general de apertura.
Por esta razón, siempre que hay que decidir algo de importancia,
Benito instruye a sus monjes:
“El abad convocará toda la
comunidad (…). Y hemos dicho intencionadamente que sean todos convocados a
consejo, porque muchas veces el Señor revela al más joven lo que es mejor”.
No juzgues la fuente
Benito llega incluso a recomendar
escuchar a desconocidos cuando dice que si un visitante “hace alguna crítica
o indicación razonable con una humilde caridad, medite
el abad prudentemente si el Señor no le habrá enviado precisamente para eso”.
Todo esto es un consejo fantástico para un tipo como yo, que
definitivamente necesito practicar eso de escuchar con más atención y atajar las distracciones de
mi vida para usar mejor todo mi corazón en el discernimiento del
próximo paso hacia adelante.
También es un consejo fantástico para nuestra sociedad en general,
ya que cada vez participamos más en el debate público sobre cuestiones polémicas.
¿No sería estupendo si todos dejáramos
de hablar encima de los demás y nos detuviéramos de verdad a escuchar?
Quién sabe qué mentes cambiarían o qué
consensos se alcanzarían, pero incluso si no hay resultados
prácticos inmediatos, siempre estará el conocimiento de habernos escuchado
mutuamente de verdad, quizás por primera vez.
Michael Rennier
Fuente: Aleteia






