Obviamente, del latín, pero ¿qué significan?
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| Dominio público |
Los restos del apóstol habrían sido
transportados por sus seguidores, desde Jerusalén, de vuelta a España, donde la
devoción por “Sanctus
Iacobus” se extendería rápidamente. Tanto, que “Sanctus Iacobus”
–es decir, “San Jacobo”- pasó a ser, en la lengua cotidiana, “Sanct Iaco”. Esto
es, simplemente, Santiago.
Un ermitaño,
de nombre Pelayo, dijo haber visto una lluvia de estrellas (o unos resplandores
en el cielo, o a ras de tierra, según otras versiones) sobre el bosque de
Libredón, dando a Compostela su nombre: “campus
stellae”, “el campo de las
estrellas”. Algunas otras tradiciones, un tanto más
escépticas, señalan que el nombre de Compostela procede más bien del latín “compositum”, cementerio, debido a que el lugar era ya un antiguo cementerio romano.
En este bosque, continúa la leyenda,
se hallaron tres sepulcros de piedra, correspondientes a los de Santiago (que
contenía un cadáver con la cabeza bajo el brazo, en consonancia con lo narrado
en el libro de los Hechos) y a sus dos discípulos más cercanos.
Hecho milagroso
Tras reconocer el hecho como milagroso, el obispo Teodomiro envió
una comunicación al rey Alfonso II de Asturias y Galicia, quien mandó edificar
una capilla en el lugar que inmediatamente se convertiría en un importante
centro de peregrinaje.
Durante el reinado de Alfonso III, en 899, esta capilla fue
convertida en un templo románico. Sin embargo no sería sino hasta 1075, durante
el reinado de Alfonso VI, cuando la catedral de Santiago de
Compostela que conocemos hoy comenzaría definitivamente a
edificarse.
Pero si Santiago murió decapitado en Jerusalén ¿cómo llegó su
cadáver de vuelta a Galicia? La leyenda señala que sus discípulos le llevaron
de vuelta cruzando el Mediterráneo y bordeando el Atlántico en una barca de
piedra.
Daniel Esparza
Fuente: Aleteia






