18 – Julio. Martes de la XV semana del Tiempo Ordinario
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Evangelio
según san Mateo 11, 20-24
Entonces se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho la mayor parte de sus milagros, porque no se habían convertido:
«¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Pues os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.
Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo?
Bajarás al abismo. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en
ti, habría durado hasta hoy. Pues os digo que el día del juicio le será
más llevadero a Sodoma que a ti».
Comentario
Pocas
veces las palabras de Jesús se encienden tanto como en este pasaje del
evangelio. El Maestro reprocha a los habitantes de los lugares donde más tiempo
había pasado. Betsaida era la patria de Felipe, Andrés y Pedro. En ella muchos
milagros se habían cumplido y muchas palabras de vida eterna se habían
escuchado.
Pero
las palabras más duras del Señor están reservadas a Cafarnaún, la ciudad que
fue su casa durante buena parte de su vida pública. Estas ciudades, amadas por
Jesús y que tuvieron la gracia de presenciar a la misión del Redentor, no
acababan de creer del todo, no se habían convertido completamente.
Jesús
anuncia que si no se convierten tendrán un destino peor que las ciudades
paganas de Tiro, Sidón y Sodoma, de las cuales en el Antiguo Testamento se
profetizan castigos terribles.
Betsaida
y Cafarnaún son imagen de nuestra existencia: pequeñas ciudades que Dios viene
a visitar, haciendo de ellas su casa. Pero para recibir a Jesús no basta con
ser visitados, tenemos que acoger y dejarnos cambiar por su presencia. En
aquella época, como hoy, no basta contemplar las maravillas cumplidas por Dios
en el mundo y en nuestra vida, es necesario ponerse en camino para vivir la
nueva vida que ofrece Jesús, hacer del evangelio nuestra vida.
San
Josemaría recordaba que si eso parece difícil, “la bondad de Dios nos quiere
hacer fácil el camino. No rechacemos la invitación de Jesús, no le digamos que
no, no nos hagamos sordos a su llamada: porque no existen excusas, no tenemos
motivo para continuar pensando que no podemos” (Es Cristo que pasa n. 15).
Cuando
llegue el juicio, aquí anunciado explícitamente por Jesús, queremos que el
Señor nos diga: “Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco,
yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor” (Mt 25,21).
Giovanni
Vassallo
Fuente:
Opus Dei






