La historia de la
cristiandad ha conocido muchas derivas, aquí hay algunas de ellas escogidas de
entre las más originales
San
Vicente Ferrer, fraile dominico nacido en el siglo XIV, fue un viajero
inagotable que recorrió toda Europa, desde Italia hasta Escocia, desde España
hasta Suiza, sin olvidar la Bretaña francesa, donde todavía es objeto de una
gran devoción. Al igual que santo Domingo, fundador de la Orden de
Predicadores, no cesó de propagar la fe católica y de combatir las incesantes
herejías. Y aunque los descarríos de su tiempo fueran un quebradero de cabeza
para san Vicente Ferrer, sin duda evitó las herejías más barrocas que pudieran
encontrar sus lejanos predecesores. De ellas elaboró el abad Pluquet una
exhaustiva recensión en 1762 con la que compuso su célebre Diccionario de
las herejías, errores y cismas.
A
continuación se recogen algunos ejemplos verídicos de herejías insólitas y
ciertamente extrañas.
1) Los sabatarios,
una secta del siglo IV creada por Sabbathius, se negaban a utilizar la mano
derecha, por mero capricho o auténtica elección religiosa, nadie lo sabe. Una
cosa es segura, ya fuera para vestirse, cocinar o montar a caballo, pudieron
medir diariamente la amplitud de su sacrificio.
2) Los runcarios habían
encontrado la más hábil de las excusas para dar rienda suelta a todas sus
pulsiones: habían decretado que no se cometía pecado mortal con la parte
inferior del cuerpo. El tiempo de los runcarios ya pasó a mejor vida, y menos
mal, porque en la mayor parte de los deportes de combate actual –entre ellos el
boxeo inglés– un golpe “por debajo de la cintura” en competición supone la
descalificación.
3) Los sacóforos apostaron por un estilo de vestimenta
bastante particular para difundir la buena palabra. Deambulaban con orgullo
vestidos con sacos para dar testimonio de su renuncia a los bienes materiales
del mundo. Pero, como bien dice el adagio, “el hábito no hace al monje”, y
resultó que la tela de yute disimulaba un rigor moral más bien escaso y una
conducta bastante desordenada.
4) Los antiasistas consideraban que el trabajo era un crimen
digno de castigo. Así pues, para escapar a toda condena, se obligaban a dormir
continuamente, sin tregua.
5) Los “tembladores” formaron en torno a 1750 una secta de
cuáqueros en Estados Unidos. Muy carismáticos, habían elaborado un baile
original para conseguir estar “llenos del Espíritu Santo”. Esta danza parecía
en sus inicios del todo banal. Sin embargo, “el Espíritu Santo” y el fervor
piadoso de estos herejes resultaba en que los bailarines, invadidos por un
frenesí cada vez más vigoroso, ya no lanzaban sus piernas de un lado para otro,
sino más bien eran sus vestidos, camisas y pantalones los que empezaban a volar
por doquier. “No hay necesidad de especificar las consecuencias”, escribe
pudorosamente el abad Pluquet.
6) Los rupitanos (del latín rupes que significa
pedrusco) eran conocidos por cruzar riscos para extender su doctrina.
7) Los semidulitas concedían al sacrificio una importancia
fuera de lo común. Estos herejes surgidos en el siglo VI, fortalecidos por una
fe desbordante, tomaban con la yema de los dedos la flor de la harina y se la
llevaban a la boca a modo de mortificación. Y así repetidamente. Curioso
testimonio de abandono y de entrega total a Dios.
8) Los mingrelianos eran conocidos por
su ignorancia. Muchos de sus “obispos” no sabían leer y preferían aprenderse la
misa de memoria. Aunque los más arribistas salieron ganando con ellos, la historia
cuenta que no consiguieron muchas conversiones, puesto que sus modales eran
hoscos, su ignorancia era patente y sus vicios vergonzosos.
9) Los onfalofísicos fueron un grupo de
monjes convencidos de que veían la luz del Tabor filtrarse por su ombligo. El
Tabor es un monte de Israel donde tuvo lugar la Transfiguración del Señor,
según narran las Santas Escrituras.
10) Los llamados “pasteleros”, unos luteranos descarriados del siglo
XVI, encontraron una imagen “campestre” para mofarse de la presencia real de Jesucristo
en la Eucaristía, del que dijeron que estaba en la hostia “como una liebre en
una empanada”. Les faltaba algo de refinamiento, pero no imaginación.
11) Los tascadrugistas se aprovechaban de
ese órgano extraordinario de múltiples articulaciones que es el dedo. Lo ponían
sobre la nariz mientras oraban para significar una gran tristeza; o en la boca
para recomendar silencio.
12) Por último, los descalzos pretendían que
para obtener la salvación era necesario ir con los pies desnudos.
Bienaventurados los descalzos.
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FABIOLA DE LA
VILLEGEORGES
Fuente:
Aleteia






