La Iglesia Ortodoxa
búlgara es autocéfala
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| El Papa Francisco y el Patriarca Neófito, Jefe de la Iglesia Ortodoxa Búlgara © Vatican Media |
Uno
de los encuentros más importantes de este breve viaje del Papa Francisco a la
República de Bulgaria es el encuentro con el Santo Sínodo y el Patriarca
Neófito, quien guía la Iglesia Ortodoxa búlgara desde el año 2013, sucediendo a
Su Santidad Maxim.
En
un contexto delicado, esta reunión supone un paso más para la promoción del
diálogo interreligioso entre la Iglesia de Roma y la Ortodoxa autocéfala de
Bulgaria, teniendo en cuenta que esta Iglesia es la única que no mantiene
encuentros regulares con Roma y que ni siquiera participó en el Gran
Concilio Panortodoxo de la isla de Creta en 2016.
Así,
este primer día en Bulgaria, el Papa Francisco ha llegado al Palacio del Sínodo
a las 12 (hora de Roma), para visitar a Su Santidad Neofit, Metropolitana de
Sofía y Patriarca de toda Bulgaria, y al Santo Sínodo.
A
su llegada, el Pontífice fue recibido en la entrada principal por el
Metropolitano de Europa Occidental y Central Antonij (Mihalev), quienes lo
acompañaron a la Sala del Primer Piso, donde lo esperaba el Patriarca Neofit.
Solo los miembros del Santo Sínodo, Simeón II, el ex rey de Bulgaria y los
miembros eclesiásticos de la comitiva papal estuvieron presentes en la reunión.
Tras
el saludo del patriarca, el Santo Padre saludó. Luego, después del intercambio
de regalos, la presentación de las Delegaciones y la foto de grupo, el Papa
Francisco se despidió del Patriarca Neofit y se fue a pie, junto con el
Metropolitano Antonio, a la Catedral Patriarcal de San Alexander Nevsky.
Santos Cirilio y Metodio
El
Santo Padre les dirigió unas palabras de saludo, y citó los grandes sacrificios
por la fe hecha por los cristianos en Bulgaria.
Así,
el Sucesor de Pedro se ha referido a los santos Cirilo y Metodio como modelo
para la comunión: “También en nuestras relaciones, los santos Cirilo y Metodio
nos recuerdan que ‘no se opone a la unidad de la Iglesia una cierta variedad de
ritos y costumbres’ y que entre Oriente y Occidente ‘las diversas fórmulas teológicas,
más bien que oponerse entre sí, se completan y perfeccionan unas a otras’.
Religiones en Bulgaria
La
religión predominante en Bulgaria es el cristianismo ortodoxo, desde que se
estableció como religión oficial del país en el siglo IX. Actualmente, de los
7.3 millones de habitantes del país, alrededor del 85 % se declaran ortodoxos.
El resto son musulmanes (12%), católicos (1%), de otras iglesias ortodoxas o no
profesan ninguna religión. La Constitución búlgara, como la de todos los países
de la UE, defiende la libertad de culto.
La
Iglesia Ortodoxa no considera al Papa como representante de Dios en la Tierra y
tampoco reconoce su infalibilidad como los católicos (la Iglesia católica
declara que el Papa no se puede equivocar cuando habla Ex Cathedra, como
Papa, sobre temas de la Iglesia). Los ortodoxos consideran al Papa el Patriarca
de Occidente, y en cambio, la máxima autoridad de la Iglesia Ortodoxa
Búlgara es el Patriarca de Sofía, actualmente Neófito.
Siguiendo
los pasos de San Juan Pablo II, durante su visita en 2002, Francisco ha ido a
la Catedral Patriarcal de San Alejandro Nevsky, para una oración privada ante
el trono de los Santos Cirilo y Metodio. Antes del traslado a la Nunciatura
Apostólica, ha recitado la oración del Regina Coeli en la Plaza de San
Alejandro Nevsky.
A
continuación, reproducimos el saludo del Papa Francisco al Patriarca Neófito y
a los Metropolitas y Obispos del Santo Sínodo
***
Saludo del Santo Padre
Santidad,
venerados Metropolitas y Obispos, queridos hermanos,
Christos
vozkrese!
En
la alegría del Señor resucitado os dirijo el saludo pascual en este domingo,
que el Oriente cristiano llama “domingo de santo Tomás”. Contemplamos al
Apóstol que mete la mano en el costado del Señor y que, tocando sus heridas,
confiesa: «¡Señor mío y Dios mío!» (Jn 20,28). Las heridas que a lo largo
de la historia se han abierto entre nosotros, los cristianos, son desgarros
dolorosos causados al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Todavía hoy palpamos
las consecuencias. Pero, si ponemos juntos las manos sobre esas heridas y
confesamos que Jesús ha resucitado, y lo proclamamos como nuestro Señor y
nuestro Dios, si al reconocer nuestras faltas nos sumergimos en sus heridas de
amor, tal vez podamos volver a encontrar la alegría del perdón y pregustar el
día en que, con la ayuda de Dios, podremos celebrar el misterio pascual en el
mismo altar.
En
este camino estamos sostenidos por tantos hermanos y hermanas, a quienes
quisiera ante todo rendir homenaje: son los testigos de la Pascua. Cuántos
cristianos en este país sufrieron por el nombre de Jesús, en particular durante
la persecución del siglo pasado. El ecumenismo de la sangre. Ellos
esparcieron un suave perfume en la “Tierra de las rosas”. Pasaron a través de
las espinas de la prueba para que se extienda la fragancia del Evangelio.
Florecieron en un terreno fértil y bien labrado, en un pueblo rico de fe y
humanidad genuina, que les dio raíces robustas y profundas. Pienso en la vida
monástica que, de modo especial, alimentó la fe de la gente de generación en
generación. Creo que estos testigos de la Pascua, hermanos y hermanas de
distintas confesiones unidos en el cielo por la caridad divina, ahora nos miran
como si fuéramos semillas plantadas en la tierra para dar fruto. Y mientras
muchos otros hermanos y hermanas en el mundo siguen sufriendo a causa de la fe,
nos piden que no nos quedemos encerrados, sino que nos abramos, porque solo así
las semillas dan fruto.
Santidad,
este encuentro, que tanto he deseado, está en continuación al de san Juan Pablo
II con el Patriarca Maxim, durante la primera visita de un Obispo de Roma en
Bulgaria, y sigue las huellas de san Juan XXIII, que se encariñó en los años
que aquí pasó con este pueblo «sencillo y bueno» (Diario del alma, Bologna
1987, 325), apreciando su honestidad, su laboriosidad y su dignidad en las
pruebas. También yo me encuentro aquí como un huésped acogido con afecto, y
siento en el corazón la nostalgia del hermano, esa saludable nostalgia por
la unidad entre los hijos del mismo Padre, que el papa Juan pudo ciertamente
madurar en esta ciudad.
Por
eso, durante el Concilio Vaticano II, que él convocó, la Iglesia ortodoxa
búlgara envió a sus observadores. Desde entonces, los contactos se
multiplicaron. Me refiero a las visitas de delegaciones búlgaras que desde hace
cincuenta años acuden al Vaticano y que cada año tengo la alegría de recibir;
así como la presencia en Roma de una comunidad ortodoxa búlgara, que reza en
una iglesia de mi diócesis. Me alegra la acogida exquisita que aquí dispensan a
mis enviados, cuya presencia se ha intensificado en los últimos años, y la
colaboración con la comunidad católica local, sobre todo en el ámbito cultural.
Confío en que, con la ayuda de Dios y en los tiempos que la Providencia
disponga, esos contactos incidan positivamente en tantos otros aspectos de
nuestro diálogo. Mientras tanto, estamos llamados a caminar y a
actuar juntos para dar testimonio del Señor, sirviendo especialmente a los
hermanos más pobres y olvidados, en los que Él está presente. El
ecumenismo del pobre.
Nos
guían en el camino sobre todo los santos Cirilo y Metodio, que nos han unido
desde el primer milenio y cuya memoria viva perdura en nuestras Iglesias como
fuente de inspiración, porque, a pesar de las adversidades, ellos pusieron en
primer lugar el anuncio del Señor, la llamada a la misión. Como dijo san
Cirilo: «A pesar de estar cansado y físicamente débil, iré con alegría a aquel
país. Yo marcho con alegría por la fe cristiana» (Vida de Constantino VI,7;
XIV,9). Y mientras los signos premonitorios presagiaban las dolorosas
divisiones que sucederían en los siglos posteriores, eligieron la perspectiva
de la comunión. Misión y comunión: dos palabras que se entrelazan siempre en la
vida de los dos santos y que pueden iluminarnos el camino para crecer en fraternidad. El
ecumenismo de la misión.
Cirilo
y Metodio, bizantinos de cultura, tuvieron la audacia de traducir la Biblia en
una lengua accesible a los pueblos eslavos, para que la Palabra divina
precediese a las palabras humanas. Su valiente apostolado permanece como un
modelo de evangelización para todos. Un ámbito del anuncio que nos interpela es
el de las jóvenes generaciones. Es importante que, respetando las respectivas
tradiciones y peculiaridades, nos ayudemos y encontremos modos para transmitir la
fe con el lenguaje y las formas que permitan a los jóvenes experimentar la
alegría de un Dios que los ama y los llama. De lo contrario se sentirán
tentados a confiar en tantas sirenas engañosas de la sociedad de consumo.
Comunión
y misión, cercanía y anuncio, los santos Cirilo y Metodio tienen mucho que
decirnos también en lo que se refiere al futuro de la sociedad europea. En
efecto, «fueron en cierto modo promotores de una Europa unificada y de una paz
profunda entre todos los habitantes del continente, mostrando los fundamentos
de un nuevo arte de vivir juntos, en el respeto de las diferencias, que no
constituyen un obstáculo para la unidad» (S. JUAN PABLO II, Saludo a la
Delegación oficial de Bulgaria, 24 mayo 1999: Insegnamenti XXII,1
[1999], 1080). También nosotros, herederos de la fe de los santos, estamos
llamados a ser artífices de comunión, instrumentos de paz en el nombre de
Jesús. En Bulgaria, «encrucijada espiritual, tierra de encuentro y de
comprensión recíproca» (ID., Discurso durante la Ceremonia de
bienvenida, Sofía, 23 mayo 2002: Insegnamenti XXV,1 [2002],
864), han encontrado acogida varias confesiones, desde la armena a la
evangélica, y diversas expresiones religiosas, desde la judía a la musulmana.
La
Iglesia católica encuentra acogida y respeto, tanto en la tradición latina como
bizantina-eslava. Agradezco a Su Santidad y al Santo Sínodo su benevolencia.
También en nuestras relaciones, los santos Cirilo y Metodio nos recuerdan que
«no se opone a la unidad de la Iglesia una cierta variedad de ritos y
costumbres» y que entre Oriente y Occidente «las diversas fórmulas teológicas,
más bien que oponerse entre sí, se completan y perfeccionan unas a otras»
(CONC. ECUM. VAT. II, Decr. Unitatis redintegratio, 16-17). «¡Cuántas
cosas podemos aprender unos de otros!» (Exhort. apost. Evangelii gaudium,
246).
Santidad,
dentro de poco tendré la posibilidad de entrar en la Catedral Patriarcal de San
Alejandro Nevski para detenerme a rezar recordando a los santos Cirilo y
Metodio. San Alejandro Nevski, de la tradición rusa, y los santos hermanos,
provenientes de la tradición griega y apóstoles de los pueblos eslavos, nos
revelan que Bulgaria es un país puente. Santidad, queridos hermanos, los
aseguro mi oración por vosotros, por los fieles de este amado pueblo, por la
alta vocación de este país, por nuestro caminar en un ecumenismo de la sangre,
del pobre y de la misión. A su vez, los pido un lugar en vuestras oraciones,
con la certeza de que la oración es la puerta que hace posible todo camino de
bien. Deseo renovar mi agradecimiento por la acogida recibida y aseguraros que
guardaré en el corazón el recuerdo de este encuentro fraterno.
Christos
vozkrese!
Rosa Die Alcolea
©
Librería Editorial Vaticano
Fuente:
Zenit






