245 niños reciben la
Primera Comunión
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| Misa en Rakovsky, Bulgaria © Vatican Media |
Hoy,
6 de mayo de 2019, el Papa Francisco ha celebrado la Santa Misa con comuniones
en la iglesia del Sagrado Corazón de Rakovsky.
Esta
mañana, después de una visita privada al campamento de refugiados Vrazhdebna, el
Santo Padre ha tomado un avión para trasladarse a la ciudad de Rakovsky, en el
sur de Bulgaria, donde tiene previstas varias actividades hoy.
Durante
esta celebración eucarística, 245 niños y niñas búlgaros han recibido la
Primera Comunión.
Cristo ha resucitado
Durante
la homilía, Francisco se ha dirigido a los niños y niñas que han tomado hoy su
primera Comunión, así como a sus padres, familiares y amigos y les ha dedicado
el saludo pascual que es costumbre en este país: “Cristo ha resucitado”.
Jesús
en la Eucaristía
El
Pontífice ha hablado directamente a los niños y niñas que han recibido la
comunión y ha querido responder a la pregunta que estos le harían:“¿cómo
podemos encontrar a Jesús, que vivió hace tantos años y después murió y fue
sepultado?”. El Santo Padre les ha indicado que, después de su muerte y resurrección,
“ahora Jesús está vivo y está aquí con nosotros, por eso hoy lo podemos
encontrar en la Eucaristía. No lo vemos con estos ojos, pero lo vemos con los
ojos de la fe”.
Una fiesta
Después,
el Obispo de Roma ha hecho referencia a las túnicas blancas que visten los
catecúmenos y a lo que representan: “estáis vestidos de fiesta. La Primera
Comunión es ante todo una fiesta en la que celebramos que Jesús quiso quedarse
siempre a nuestro lado y que nunca se separará de nosotros”. Y esta fiesta se
ha mantenido gracias a que las comunidades que nos han precedido nos han
ayudado a crecer en la fe.
Milagro de la Eucaristía
El
Obispo de Roma ha señalado también que los niños y niñas de Primera Comunión,
como en el Evangelio lo hizo el niño que llevaba cinco panes y dos peces (Jn 6,9),
hoy colaboran a que se haga el milagro “de hacernos recordar a todos los
mayores aquí presentes el primer encuentro que tuvimos con Jesús en la
Eucaristía y poder dar gracias por ese día. Hoy nos permitís estar nuevamente
de fiesta y celebrar que Jesús está presente en el Pan de Vida. Porque hay
milagros que sólo pueden ocurrir si tenemos un corazón como el vuestro, capaz
de compartir, soñar, agradecer, confiar y honrar a los demás”.
Igualmente,
les ha comunicado que el Señor les necesita “para poder realizar el milagro de
que su alegría llegue a muchos de vuestros familiares y amigos”.
La primera de muchas
comuniones
El
Papa Francisco ha manifestado su alegría por compartir con ellos esta
celebración y ayudarlos a encontrar a Jesús. “Verdaderamente, estáis viviendo
un día en espíritu de amistad, alegría, fraternidad y comunión entre vosotros y
con toda la Iglesia que, especialmente en la Eucaristía, expresa la comunión
fraterna entre todos sus miembros. Nuestro documento de identidad es
este: Dios es nuestro Padre, Jesús es nuestro Hermano, la Iglesia es
nuestra familia, nosotros somos hermanos, nuestra ley es el amor”, ha
señalado el Pontífice.
Por
último, el Papa les ha animado a rezar “con el entusiasmo y la alegría que
tenéis hoy”. Les ha insistido en que este es el sacramento “de la Primera
Comunión y no de la última, acordaos que Jesús os espera siempre. Por eso, os deseo
que hoy sea el inicio de muchas comuniones, para que vuestro corazón esté
siempre como hoy, en clima de fiesta, lleno de alegría y, sobre todo, de
gratitud”.
A
continuación se expone el texto completo de la homilía del Santo Padre.
***
Homilía del Papa Francisco
Queridos
hermanos y hermanas: Estoy feliz de saludar a los niños y niñas que han
recibido la Primera Comunión, como también a sus padres, familiares y amigos.
Os dirijo a todos vosotros el hermoso saludo que también se acostumbra decir en
vuestro país durante el tiempo pascual: «Cristo ha resucitado». Este saludo es
expresión de nuestra alegría como cristianos, discípulos de Jesús, porque Él,
que ha entregado la vida por amor en la cruz para destruir el pecado, ha
resucitado y nos ha hecho hijos adoptivos de Dios Padre. Estamos contentos
porque Él está vivo y presente entre nosotros, hoy y siempre.
Vosotros,
queridos niños y niñas, habéis venido aquí de todas partes de esta “Tierra de
las rosas” para participar en una fiesta maravillosa, que estoy seguro no olvidaréis
nunca: vuestro primer encuentro con Jesús en el sacramento de la Eucaristía.
Alguno de vosotros podría preguntarme: Pero, ¿cómo podemos encontrar a Jesús,
que vivió hace tantos años y después murió y fue sepultado? Es verdad: Jesús ha
hecho un gesto de amor inmenso para salvar a la humanidad de todos los tiempos.
Estuvo en la tumba tres días, pero nosotros sabemos —nos lo aseguran los
apóstoles y otros muchos testigos que lo han visto vivo— que Dios, su Padre y
nuestro Padre, lo resucitó. Y ahora Jesús está vivo y está aquí con nosotros,
por eso hoy lo podemos encontrar en la Eucaristía. No lo vemos con estos ojos,
pero lo vemos con los ojos de la fe.
Os
veo aquí vestidos con las túnicas blancas: es un signo importante y hermoso.
Porque estáis vestidos de fiesta. La Primera Comunión es ante todo una fiesta
en la que celebramos que Jesús quiso quedarse siempre a nuestro lado y que
nunca se separará de nosotros. Una fiesta que ha sido posible gracias a
nuestros padres, nuestros abuelos, nuestras familias y a las comunidades que
nos han ayudado a crecer en la fe.
Para
venir aquí, a esta ciudad de Rakovski, habéis hecho un largo camino. Y vuestros
sacerdotes y catequistas, que han seguido vuestro itinerario de catequesis, os
han acompañado también en el camino que os lleva hoy a encontrar a Jesús y a
recibirlo en vuestro corazón. Él, como hemos escuchado en el Evangelio de hoy
(cf. Jn 6,1-15), un día multiplicó milagrosamente cinco panes y dos
peces, saciando el hambre de la muchedumbre que lo había seguido y escuchado.
¿Os habéis dado cuenta de cómo empezó el milagro? De la mano de un niño que
llevó lo que tenía: cinco panes y dos peces (Jn6,9).
Al
igual que vosotros, que hoy ayudáis a que se produzca el milagro de hacernos
recordar a todos los mayores aquí presentes el primer encuentro que tuvimos con
Jesús en la Eucaristía y poder dar gracias por ese día. Hoy nos permitís estar
nuevamente de fiesta y celebrar que Jesús está presente en el Pan de Vida.
Porque hay milagros que sólo pueden ocurrir si tenemos un corazón como el
vuestro, capaz de compartir, soñar, agradecer, confiar y honrar a los demás. Hacer
la Primera Comunión significa querer estar cada día más unidos a Jesús, crecer
en amistad con Él y que otros también puedan disfrutar de la alegría que nos
quiere regalar. El Señor os necesita para poder realizar el milagro de que su
alegría llegue a muchos de vuestros familiares y amigos.
Queridos
niños, queridas niñas: Estoy contento de compartir con vosotros este gran
momento y de ayudaros a encontrar a Jesús. Verdaderamente, estáis viviendo un
día en espíritu de amistad, alegría, fraternidad y comunión entre vosotros y
con toda la Iglesia que, especialmente en la Eucaristía, expresa la comunión
fraterna entre todos sus miembros. Nuestro documento de identidad es
este: Dios es nuestro Padre, Jesús es nuestro Hermano, la Iglesia es
nuestra familia, nosotros somos hermanos, nuestra ley es el amor.
Deseo
animaros a rezar siempre con el entusiasmo y la alegría que tenéis hoy.
Recordad que este es el sacramento de la Primera Comunión y no de la última,
acordaos que Jesús os espera siempre. Por eso, os deseo que hoy sea el inicio
de muchas comuniones, para que vuestro corazón esté siempre como hoy, en clima
de fiesta, lleno de alegría y, sobre todo, de gratitud.
Larissa I. López
©
Librería Editorial Vaticana
Fuente:
Zenit






