El
Pontífice se reunió con la pequeña comunidad católica de Bulgaria
“Quien ama no pierde el tiempo en lamentarse, sino que siempre ve
lo que puede hacer en concreto”, dijo el papa Francisco, este lunes 6 de mayo de
2019, en
su reunión con los fieles de la comunidad católica de Bulgaria en la Iglesia de
San Miguel Arcángel de Rakovsky.
Francisco
pidió a la minoría católica ser optimistas “para crear esperanza” y
a amar “para abrir caminos de Resurrección para todos” y
aplaudió el trabajo humanitario realizado por los voluntarios de Cáritas y de
la Iglesia en generala.
Una Iglesia
que ha aprendido a ver los “problemas, a reconocerlos, a mirarlos de
frente, os dejáis interpelar y buscáis discernir con los ojos del Señor”.
El Pontífice
dijo que el pesimista es aquel que pone vinagre en una torta: arruina todo y
citó el papa Juan XXIII: “No he conocido
nunca a un pesimista que haya terminado algo bueno”.
“El Señor es
el primero en no ser pesimista y continuamente está buscando abrir caminos de
Resurrección para todos nosotros. Qué lindas son nuestras comunidades cuando se
convierten en talleres de esperanza”.
Entretanto,
el Pontífice rememoró su visita al Campo de Refugiados de
Vrazhedebna que realizó esta mañana. “Allí tuve la alegría de reunirme con refugiados y personas acogidas de varios
países del mundo que buscan un contexto de vida mejor que el que dejaron, y
también con voluntarios de Cáritas”.
Para
amar a alguien no se le pide el curriculum vitae
“Allí
me dijeron que el corazón del Centro nace de la conciencia de que toda persona
es hija de Dios, independientemente de su etnia o confesión religiosa. Para amar a alguien no hay necesidad de exigir o
pedirle un curriculum vitae; el amor “primerea”, se adelanta”.
Francisco
invitó a los fieles a “tener la mirada de Dios”, pues, sostuvo, “necesitamos de
los demás, necesitamos que nos enseñen a mirar y a sentir cómo mira y siente
Jesús; que nuestro corazón pueda palpitar con sus mismos sentimientos”.
El Papa condenó el
cotilleo que etiqueta las personas
“Ver con
los ojos de la fe es la invitación a no ir por la vida poniendo etiquetas,
clasificando qué persona es digna o no de amor, sino tratar de crear las
condiciones para que toda persona pueda sentirse amada, especialmente
aquellas que se sienten olvidadas de Dios porque son olvidadas de sus
hermanos”, afirmó.
Nadie puede vivir para sí,
vivimos para los demás
El Papa aseguró que las personas egoístas
no son felices. “Nadie puede vivir para sí,
vivimos para los demás”. “Así aprendemos a ser una Iglesia-hogar-comunidad
que acoge, escucha, acompaña, se preocupa de los demás revelando su verdadero
rostro, que es rostro de madre”.
“Un hogar
entre los hogares, abierto –como nos decía la hermana– para testimoniar al
mundo actual la fe, la esperanza y el amor al Señor y a aquellos que Él ama con
predilección. Una casa de puertas
abiertas”.
La Iglesia es madre y “no
una madrastra”
El Papa contó la anécdota de un sacerdote,
Amelio Luis Calori, argentino, poeta y “pecador”, pero que amaba tanto a la
Virgen María y le lloraba de arrepentimiento. Le decía a la Virgen que jamás,
jamás se alejaría de la Iglesia: “Esta tarde,
Señora, la promesa es sincera. Por las dudas, no olvide dejar la llave afuera”.
Por tanto,
Francisco aseguró que la Iglesia debido a su mensaje de “reconciliación”
siempre deja la puerta abierta para que todo el que quiera pueda entrar, a pesar
de sus culpas y pecados. “María y la Iglesia jamás cierran la puerta desde el
interno, pero sí cierran la puerta, siempre la llave está puesta afuera”.
En esta línea, invitó a ayudar a los
jóvenes y los ancianos los más vulnerables en tiempos de la globalización de la
indiferencia.
Juan XXIII, el Papa bueno,
pionero del diálogo
Tras la saludar a los fieles, el Papa
impartió su discurso en el que agradeció a quienes dieron su testimonio porque
lo ayudaron “a ver mejor y a comprender un poco más por qué esta tierra fue tan
querida y significativa para Juan XXIII, donde el Señor iba preparando lo que
sería un paso importante en nuestro caminar eclesial”.
“Entre
ustedes surgió una fuerte amistad con
los hermanos ortodoxos que lo impulsó por un camino capaz de generar
la tan ansiada y frágil fraternidad entre las personas y las comunidades”,
explicó el Pontífice.
En esta
línea, destacó que el ‘Papa bueno’ supo “sintonizar su corazón con el del Señor
de tal manera que decía que no estaba de acuerdo con aquellos que solo veían el
mal a su alrededor y los llamó profetas de calamidades”.
“Para él,
había que confiar en la Providencia, que
nos acompaña continuamente y, en medio de las adversidades, es capaz
de darle cumplimiento a planes superiores e inesperados”, recordó Francisco
citando el discurso de apertura del Concilio Vaticano II de San Juan XXIII.
Posteriormente,
el viajó en avión hacia Sofía en donde asistirá a un encuentro de la paz junto
a los representantes de varias de las confesiones religiosas presentes en
Bulgaria.
Ary Waldir Ramos Díaz
Fuente:
Aleteia






